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El joven luterano que se convirtió al catolicismo y ahora es abad

Erik Varden se encontró con Cristo a través de una sinfonía de música clásica que habla de la Resurrección

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José Luis Restán
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Director Editorial COPE

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 13:25

Hoy contamos en "El Espejo" la historia de un joven nacido en una familia noruega de origen luterano, que hoy es abad de un monasterio cisterciense en el centro de Inglaterra.

Erik Varden nació en 1974 y fue bautizado en la Iglesia Luterana. Su abuelo era pastor pero sus padres se habían alejado completamente de la práctica religiosa hasta llegar al agnosticismo. La religiosidad de la familia se había reducido a su aspecto meramente formal. En una entrevista-testimonio publicada en la revista Familia Cristiana, explica que buscaba con urgencia un significado para su vida, mientras estaba inmerso en un ateísmo agresivo típico de la adolescencia.

Fue en la literatura donde Erik encontró por primera vez un cristianismo alegre. Pero el gran encuentro con Dios que cambiaría su vida tuvo lugar a través de la música cuando tenía 15 años, concretamente al escuchar la Segunda Sinfonía de Gustav Mahler que trata sobre la Resurrección. Cuenta que en ese momento fue como si su corazón de repente se abriera a una certeza casi instintiva de que Dios realmente existe. De ahí surgió un camino para verificar la verdad de la fe.

Su familia le envió a estudiar a Gales, donde empezó a asistir a una iglesia anglicana cada domingo y a la vez descubrió que los monasterios cristianos de los que había leído en las novelas que tanto le gustaban todavía existían y tenían vida. Decidió hacer un retiro de una semana en el monasterio cisterciense de la Isla de Caldey,donde encontró un tipo de vida que correspondía a su vocación y decidió convertirse en católico.

La abadía de Mount Saint Bernard  no estaba lejos de la universidad en la que Erik empezó a trabajar, y en ella empezó a discernir sobre su vocación. En 2002 ingresó en el noviciado dejando su prometedora carrera universitaria. Él mismo resume este camino diciendo que “a través de la música de Mahler, Dios me ha tocado y me ha inspirado con un gran deseo de conocerlo, y mi vida se ha convertido en un intento de responder a esta gracia”. Tras ordenarse sacerdote se trasladó a Roma donde estudió en el Pontificio Instituto Oriental y en la Universidad San Anselmo, por fin pudo volver a Inglaterra y con tan sólo 41 años fue elegido abad del histórico monasterio cisterciense de Mount Saint Bernard.

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