"Dios me ayudó a no ocultar el suicidio de mi madre"

Javier Díaz Vega decidió contar en Twitter cómo afrontó el suicidio de su madre hace 10 años

«Dios me ayudó a no ocultar el suicidio de mi madre»

 

Alfa y Omega

Semanario católico

José Calderero de Aldecoa

Tiempo de lectura: 3'Actualizado 15:29

Son muchos temas que por redes sociales se tratan, pero abrir el corazón y contar desde primera persona una situación dolorosa no ha de ser nada fácil. Pero Javier Díaz Vega, nacido en Getafe y siendo un veinteañero, decidió contar en Twitter cómo afrontó el suicidio de su madre hace 10 años. No para recibir like, sino más bién para fulminar el tabú asociado al suicidio –también en la Iglesia– y convertir ese palo en un bastón en el que se puedan apoyar otros que estén pasando por lo mismo.

¿Cómo era tu madre?

A pesar de que vivió con una depresión terrible, yo la recuerdo alegre. El hecho de mantener la alegría y, sobre todo, ser consciente de la bondad y la belleza de las cosas pequeñas es algo que ha sido muy iluminador para mi propia vida. Con mi hermano y con mi padre siempre recordamos una frase suya: «Qué bien se está aquí». Nunca la dijo en un paraíso vacacional, porque nuestras vacaciones siempre fueron muy humildes, sino cuando encontraba un sitio en el que nos sentíamos acogidos. Eso es algo que yo espero para mi hogar.

También fue una luchadora. Siempre intentó mantener la compostura y sacarnos adelante.

Que se fuera tuvo que ser un palo muy grande…

Sí, fue muy duro. Me pilló en mitad de la carrera, con 22 años y, de repente, de la noche a la mañana –además de forma literal porque ocurrió de noche–, te cambia la vida. Y aunque es cierto que el suicidio siempre fue una posibilidad, nunca terminas de creerte del todo que pueda llegar a suceder.

¿Por qué decidiste contarlo en las redes sociales?

Recuerdo la misma mañana en la que sucedió, la psicóloga en el forense ya me habló del tabú social y del habitual sentimiento de culpabilidad cuando se produce un suicidio en la familia. Poco después me sentí arropado por muchísima gente, pero percibí esa sombra de tabú que amenazaba con acompañarme de por vida.

Lo que vino después siento que no es tanto obra mía. El Señor me ayudó de alguna manera a no callarme, a poder manifestar, con verdad, el dolor y la realidad de lo que había ocurrido. Porque es una realidad de la que no podemos huir y, si no la abrazamos, no podemos sanarla.

Al reiniciar mi vida, me descubrí a mí mismo contándolo todo, a pesar de los prejuicios, incluso en los ambientes eclesiales, que la gente tiene sobre este tema.

¿Consideras que también es un tema tabú en la Iglesia?

Sí, este tema lo tenemos algo pendiente. Deberíamos reflexionar más sobre ello e incorporarlo a nuestro acervo cultural.

¿Hay algún otro motivo por el que decidieras hablar del suicidio de tu madre en Twitter?

Sí, para iluminar a quien pueda estar pasando por lo mismo. Aunque, con matices: yo no soy el Teléfono de la Esperanza y Dios me libre de pretender serlo. Hay gente especializada en este tipo de ayuda y que se dedica profesionalmente a ello.

También es una forma de concienciar para que todos podamos estar más atentos a las circunstancias en las que vive la gente. Cuando ocurre un suicidio, pocas veces es una decisión inmediata que ha sido fruto de la impulsividad. Hay que estar alerta ante las señales

¿La decisión de contarlo ha influido en la percepción que tenías sobre tu madre?

En cierta manera, sí. Cuando se produce un suicidio de un familiar puede haber un sentimiento de culpa propio, pero también hay muchas veces un resentimiento hacia la persona que se ha suicidado. No se trata de justificar lo que pasó, pero sí de perdonar, sin culpabilizar, y de comprender las causas. Es algo que se hace con el tiempo.

¿Cómo definirías tu presencia en las redes?

Como muy normal. Hablo poco de política, me encanta la creatividad de la gente, retuiteo muchos chistes y le hablo al mundo de las cervezas que me tomo, principalmente con mi mujer.

Naturalidad absoluta, también a la hora de hablar de Dios. En este caso, sobre todo respondo a la gente que pide oraciones y, por otro lado, me ofrezco a rezar. Tengo un turno de adoración con mi mujer el domingo de madrugada y siempre ofrecemos peticiones de oración de los tuiteros. Es increíble, la respuesta es abrumadora. Y no solo de cuentas de un claro perfil católico. Muchas veces nos escribe gente que, a priori, en su cuenta no deja entrever una profunda vida de oración.

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