Carta del obispo de Tarrasa: «Domingo de la Palabra»

En opinión del obispo de Tarrasa, «quizás tendríamos que preguntarnos en primer lugar si somos de verdad conscientes de qué significa la expresión Palabra de Dios».

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Vivimos en un mundo de ruidos, de palabras vacías. Son tantas las palabras que cuando vamos a Misa y oímos que después de una lectura alguien dice «Palabra de Dios!» seguida de la aclamación de los fieles “Te alabamos Señor!”, casi no le damos importancia, nos hemos acostumbrado y no siempre somos conscientes de lo que esto significa.

Hoy la Iglesia celebra el domingo dedicado a la Palabra, pero no a cualquier palabra, sino a la Palabra de Dios. Fue una iniciativa del Papa Francisco dedicar un día al año a resaltar su importancia en la vida de la Iglesia y, por tanto, de cada uno de nosotros.

Por eso, quizás tendríamos que preguntarnos en primer lugar si somos de verdad conscientes de qué significa la expresión “Palabra de Dios”. Porque lo que significa es que Dios, que nos ha creado en un proyecto de amor infinito, se ha comunicado desde el principio a los hombres, hombre y mujer, criaturas suyas. Es Él quien ha querido crearnos y ha querido hablarnos porque quiere que le conozcamos, quiere que nos comuniquemos con Él, porque, aunque no siempre lo entendamos, quiere nuestra amistad.

Y la culminación de su comunicación a los hombres ha sido darnos a su Hijo: “En muchas ocasiones y de muchas formas, Dios antiguamente había hablado a nuestros padres por boca de los profetas; pero ahora, en estos días, que son los definitivos, nos ha hablado a nosotros en la persona del Hijo, por medio del cual ya había creado el mundo y a quien ha constituido heredero de todo” (He 1,1-3).

Sí, por eso decimos “Palabra de Dios!”, porque es el Hijo de Dios, el que es la Palabra que se ha hecho hombre, quien nos habla en las Sagradas Escrituras. Al principio de su evangelio san Juan nos dice: “Al principio existía el que es la Palabra. La Palabra estaba con Dios y la Palabra era Dios. Él estaba con Dios al principio”, y añade ”El que es la Palabra se ha hecho hombre y ha habitado entre nosotros” (Jn 1, 1-2.14).

¡Por eso decimos “Palabra de Dios”! Porque desde siempre ha hablado a los hombres y su Hijo es la última y definitiva Palabra que el Padre nos ha comunicado. Y nos sigue hablando en este Hijo suyo cada día, a cada momento de nuestra vida. Por eso los cristianos deberíamos proponernos leer cada día las Sagradas Escrituras, a través de las cuales Dios nos habla ahora.

Propongámonos pues leer y meditar cada día un fragmento de la Sagrada Escritura, especialmente del Evangelio del día. Y preguntémonos qué nos está diciendo en ese fragmento de la Palabra de Dios. Es lo que muchos cristianos hacen: primero leer y meditar un texto, después dejar que impregne nuestra mente, nuestra imaginación, nuestros sentimientos, y seguidamente proponernos actuar según lo que hemos meditado, hemos «visto y hemos oído», según nos ha hablado en el fondo de nuestro corazón. ¿Porqué no lo probamos?


+ Salvador Cristau Coll

Obispo de Tarrasa

Religión