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¿Por qué viajó hace seis años el Papa Francisco a Lampedusa?

El lunes 8 de julio se celebra el VI aniversario del primer viaje del Papa Francisco, que fue a la isla de Lampedusa

El Papa Francisco durante su visita a Lampedusa el 8 de julio 2013

El Papa Francisco durante su visita a Lampedusa el 8 de julio 2013  

@evaenlaradio

Corresponsal de COPE en El Vaticano

Tiempo de lectura: 3'Actualizado 09:15

Coincidiendo con este aniversario de su primer viaje como Papa a la isla italiana de Lampedusa, Francisco dedicará una misa a los inmigrantes y a las personas e instituciones que los ayudan para que no mueran en medio de sus travesías. Una celebración en la basílica de San Pedro en la que estarán presentes sólo las personas invitadas por la Sección Migrantes y Refugiados del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, y será en recuerdo de todos los que han perdido la vida escapando de la guerra y la miseria y para alentar a aquellos que, cada día, se esfuerzan en sostener, acompañar y acoger a migrantes y refugiados.

¿Por qué viajó hace seis años el Papa Francisco a Lampedusa?

A los pocos meses de ser elegido Papa, Francisco recibió una carta del párroco de la isla de Lampedusa en la que le relataba el sufrimiento de todos los que habían llegado a la isla en los últimos años: estaban hacinados en recintos de emergencia junto a las playas, no tenían nada que hacer durante el día y ni las autoridades ni los voluntarios daban abasto para atenderlos. En el verano de 2013 Lampedusa se había convertido en un inmenso campo de refugiados.

El Papa acababa de ver en la prensa italiana las imágenes de un naufragio en aguas de Lampedusa. Se quedó impactado al enterarse de que, en medio de la indiferencia general, una decena de inmigrantes murieron ahogados tras intentar salvarse agarrándose a una red de pescaPor esto decidió que su primer viaje como papa sería precisamente a Lampedusa.

Fue en aquel viaje cuando el papa denunció por primera vez la “globalización de la indiferencia”: ¿Quién de nosotros ha llorado por la muerte de estos hermanos y hermanas, de todos aquellos que viajaban sobre las barcas, por las jóvenes madres que llevaban a sus hijos, por estos hombres que buscaban cualquier cosa para mantener a sus familias? Somos una sociedad que ha olvidado la experiencia del llanto... Poner la meta en lo provisional nos conduce a la indiferencia hacia los otros, nos lleva a la globalización de la indiferencia.

El Papa Francisco lanzó una corona de flores al mar en 2013 como homneaje a los inmigrantes fallecidos

El Papa Francisco lanzó una corona de flores al mar en 2013 como homneaje a los inmigrantes fallecidos 

Meses después de este viaje, una barcaza con unos 500 inmigrantes a bordo -entre ellos muchos niños y mujeres embarazadas- empezó a hundirse a media milla de Lampedusa. Al estar tan cerca de la costa, decidieron encender fuego para atraer la atención de otras naves. No se dieron cuenta de que el fondo de la barca estaba lleno de gasolina y en pocos segundos quedó envuelto en llamas. Muchos se lanzaron al agua gritando mientras el barco volcaba. Tan sólo 150 consiguieron salvarse y se recuperaron 200 cadáveres y lo peor es que algunos supervivientes contaron después que al menos tres barcos de pesca pasaron cerca, sin detenerse a ofrecerles auxilio. Ante esa tragedia, Francisco no pudo más y el mundo entero le escuchó pronunciar la palabra “vergüenza” con una fuerza y dolor que aún hoy -cuando se escucha-, no deja a nadie indiferente: "Sólo me viene a la cabeza la palabra vergüenza, es una vergüenza".

Por segunda vez el Papa celebra una Misa en recuerdo de los inmigrantes y refugiados muertos en el Mediterráneo y por quienes les ayudan.

El año pasado, coincidiendo con el quinto aniversario de su vistita a Lampedusa, Francisco quiso tener un detalle de agradecimiento especial con quienes se dedicaban a salvar seres humanos en el Mediterráneo.

Al concluir la homilía en italiano, Francisco se dirigió expresamente a los socorristas españoles: “Gracias por encarnar la parábola del Buen Samaritano. Él se detuvo a salvar la vida del pobre hombre golpeado por los bandidos sin preguntarle cuál era su procedencia, sus razones de viaje o si tenía sus documentos en regla. Simplemente decidió hacerse cargo y salvar su vida.

El Papa fue mirando uno a uno a los supervivientes que se encontraban presentes en la basíica de San Pedro, entre ellos un grupo de unos 40 refugiados marfileños, nigerianos, iraquíes, somalís, y nigerianos. Al mirarlos, Francisco hacía suyo su sufrimiento tras haber huido de la guerra y de las persecuciones y haber tenido que afrontar un largo viaje a través del desierto y del mar en manos de los traficantes de seres humanos: “Les envío mi solidaridad y aliento y les pido que sigan siendo testigos de la esperanza en un mundo cada día más preocupado de su presente, con muy poca visión de futuro y reacio a compartir. Y que, con su respeto por la cultura y las leyes del país que los acoge, elaboren conjuntamente el camino de la integración”.

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