Vicente recuerda su etapa como escolta en los años de ETA: "Muchos compañeros murieron. Algunos se suicidaron"

Las anécdotas y vivencias que Vicente podría contar de sus años como escolta se cuentan por cientos

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Tiempo de lectura: 3'Actualizado 14:36

Vicente fue durante años escolta de altos cargos políticos amenazados por el terrorismo de ETA. A día de hoy, gestiona una empresa de seguridad, una de las más potentes que existe en nuestro territorio. Fue en 2010 cuando decidió abandonar la actividad de la protección. Un período que coincidió el final de ETA con la crisis económica, lo que dañó al colectivo: “Se perdieron entre 4.000 y 5.000 puestos de trabajo, porque muchos de los políticos o empresarios amenazados dejaron de necesitar escolta con el final del terrorismo... ¡aunque bendito final!”, reflexiona Vicente.

Durante décadas, hizo frente a los peligros que entrañaba su profesión: “Te tienes que levantar cada día mentalizado de los riesgos a los que te enfrentas y tener una metodología de trabajo rigurosa, basada en la prevención y preparar bien el itinerario, lugares que visitarás, la agenda o conocer los sitios donde irás con avanzadillas para que cuando llegue la persona escoltada la zona sea segura. Es un trabajo que requiere más preparación que reacción. Es más importante prevenir que saber disparar”.

El día a día de un político, empresario o juez de envergadura es muy cambiante. La agenda puede verse alterada en cualquier momento, lo que obliga a los escoltas a estar en alerta constante: “Pese a que nos gusta disponer de la agenda cuanto antes, a veces es imposible porque surgen reuniones o participaciones en eventos no previstas que requiere de agilidad por parte del equipo de protección para preparar el evento con garantías”.

Cambiar el itinerario y de rutina son algunas de las estrategias para propiciar la integridad del protegido, aunque no es la única, tal y como manifiesta Vicente: “Hay muchas más, pero no podemos darlas a luz porque los terroristas aprenden de lo que oyen y ven. El terrorista necesita un lugar y una hora para atentar, y tenemos que intentar que no tenga ese lugar y esa hora. Los protegidos a veces no son discretos con sus agendas. En la política es imposible, por lo que tenemos que preparar dispositivos muy potentes para evitar riesgos”.

Las anécdotas y vivencias que Vicente podría contar de sus años como escolta se cuentan por cientos: “Lo peor han sido los golpes, empujones y escupitajos que hemos recibido en ocasiones. Son situaciones límite. Pero al final nos gusta más hablar de vivencias simpáticas de la actividad diaria”.

Vicente no ha querido especificarnos si tiene pareja o hijos por seguridad. La profesión va por dentro: “En el País Vasco el hecho de tener familia o que se supiera a lo que te dedicas, podía ser algo muy negativo. A veces es inevitable, porque siempre te observan detrás del alcalde de turno, pero lo mejor es tener a la familia alejada de tu trabajo. No es mi caso, pero sí he tenido compañeros que tenían a sus hijos y de repente nadie les hablaba ni querían jugar con ellos”.

No solo en España, Vicente ha sido destinado a otros países en conflicto, donde las mafias y los asesinos no se andan con medias tintas: “Son países donde pueden ir a por tu familia para forzarte a hacer algo que no debes. Es, por ello, importante guardar la confidencialidad sobre la familia, tu residencia, tus costumbres...”

En cualquier caso, sí que confiesa que su entorno ha llevado mal su profesión, no solo por el alto riesgo, sino por la esclavitud de los horarios: “No existen fines de semana, ni vacaciones. Recuerdo un año de estar de vacaciones en la playa y tener que salir corriendo para coger un avión porque uno de los protegidos había aparecido en unos papeles en Francia y tuve que ir para reforzar la seguridad  donde él se encontraba de vacaciones”.

Por suerte y gracias al trabajo de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y de los agentes privados, ETA ha sido derrotada: “Dejó de matar porque no les quedó más remedio, ya que aún siguen creyendo en la violencia”.

No obstante, el escolta profesional lamenta el trato que ha recibido su gremio por parte de las administraciones: “No se nos dio el trato que merecíamos. No nos facilitaron una reinserción laboral, algo que a los etarras si le concedieron. Muchos de nosotros nos quedamos en la calle para buscarnos la vida”.

Y es que como recuerda Vicente, atrás han quedado años de sufrimiento para los escoltas y agentes de seguridad, aunque sus consecuencias, en algunos casos, permanecen en el presente: “Hemos tenido compañeros que cayeron en servicio, otros quedaron destrozados física y psicológicamente, incluso con suicidios. Se ha sufrido y el reconocimiento ha sido de palabra, pero no con hechos”.