Imparables

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José Melero y Fran Simón

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El testimonio de las víctimas del bullying y el aventurero Pablo Fernández, en “Imparables”

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Imparables

Tiempo de lectura: 3' Actualizado 00:20

En “Imparables” hemos conocido el testimonio de personas que han sido víctimas del bullying, bien de manera directa o a través de sus hijos. Es el caso de Adrián, que nos ha confesado que hasta los quince años no tuvo su primer amigo. Antes, su vida era un infierno, marcada por el acoso por parte de sus compañeros. Como tantos otros casos, Adrián optó por el silencio durante una década, tiempo en el que se recluía en su casa, con los videojuegos: “Tenía miedo de ir al instituto, porque sabía que me iban a pegar. Cuando salía de casa disimulaba ante mis padres para no preocuparles, con una sonrisa de oreja a oreja.”

Nuria es madre de Marc, un chico de 17 años que estudia Segundo de Bachillerato en un centro de Barcelona. Marc sufrió bullying desde los cinco y hasta los once años. Nadie lo sabía. Marc lo estuvo ocultando durante un lustro, hasta llegar a Quinto de Primaria. Nuria nunca ha llegado a perdonarse a sí misma no haberse dado cuenta antes. Lo descubrió una mañana poniendo una colada: "Lo descubrí porque me encontré una nota en su pantalón cuando ponía la lavadora. Vi una carta de un compañero de clase al que no conocía con un mensaje amenazante: "ten cuidado con lo que haces." Cuando Marc regresó a casa, le pregunté, me senté con él y fue cuando rompió a llorar. Contó que estaba amenazado. Tres días antes su acosador dibujó una tumba en el que le advertía que le iba a matar. Para la familia fue un mazazo muy grande no haberlo conocido antes. El estrés del día a día hace que no te des cuenta de muchas cosas.”

Isabel ha pasado varios años muy pendiente de su hijo. A los doce años, comenzó un calvario para él: el acoso por parte de sus compañeros de clase. Cinco años después, el hijo de Isabel ha logrado solo en parte pasar página. A diferencia de otros casos, siempre contó a su familia lo que estaba ocurriendo: “Los primeros síntomas en un primer momento no lo tuvimos en cuenta, porque a estas edades es muy frecuente los encontronazos entre compañeros. Pero conforme pasaba el tiempo, veía como se lo llevaba todo al terreno de lo personal. Empezó a perder mucho peso, hasta el punto de llegar a la obsesión. Ahí comencé a alarmarme. Temía que mi hijo cayera en la bulimia o en la anorexia.”

La coach experta en inteligencia emocional, María del Mar Bermejo, afirma que la mayor parte de los casos de bullying se dan en chicos durante su etapa adolescente: “Es un periodo en el que cambia su perspectiva, empiezan a cambiar su manera de comunicar con las familias, piensan que son lo suficientemente independientes como para enfrentarse a los retos que les presenta la vida. Eso hace que se encierren más, de manera que cuando los padres pretenden intervenir, es más difícil.”

El aventurero Pablo Fernández

Podría pasar por el yerno perfecto o el hombre que cualquier partido querría tener como candidato. Un hombre al que le va la marcha. Es emprendedor, tiene buena planta, es solidario y deportista.

En “Imparables” presentamos a Pablo Fernández, que el pasado 25 de enero alcanzó su tercer récord mundial, al ser la primera persona en nadar los 25 kilómetros que separan Nicaragua de El Salvador. Lo hizo en un periodo de seis horas y veinte minutos. Una proeza y un desafío a la naturaleza, ya que es una ruta marcada por sus aguas peligrosas, con fuertes corrientes entre el Golfo de Fonseca y el Océano Pacífico. Por si fuera poco, es un hervidero de tiburones. Eso sí, nos ha confesado que teme más a los tiburones empresariales.

Gracias a este reto el emprendedor realizó una donación de 10.000 euros a varias escuelas de educación primaria en Nicaragua, Honduras y El Salvador. A día de hoy, sigue buscando retos para apoyar causas solidarias. De hecho, ya lo tiene pensado: unir a nado Filipinas y Malasia o cruzar el Río Congo. Estas son sus metas, pero loconseguido hasta ahora no se queda atrás, al ser el primer ser humano en nadar desde las Islas Vírgenes hasta Puerto Rico y unir a nado Senegal y Gambia. Allí no había tiburones, “solo” cocodrilos en la orilla.

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