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    La Tarde

    Pilar Cisneros y Fernando de Haro

Saltan las lágrimas al verlo: la emocionante escalada de un niño con discapacidad muscular

Bajo el lema 'Todo es posible', Pelayo sigue cumpliendo sueños  

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Tiempo de lectura: 3'Actualizado 02:27

Era sábado, sobre las diez de la mañana. El sol comenzaba a calentar en Toledo, pero las previsiones no eran el de una jornada excesivamente calurosa. El equipo de 'Imparables' se disponía a escalar el punto más alto del Mirador del Valle, conocida como la piedra del Rey Moro, desde el cual se vislumbra todo el Casco Histórico de la ciudad. No se equivocan aquellos que afirman que se trata de una de las panorámicas más bellas con las que te puedes encontrar.

Tras varios minutos sorteando piedras, ramas secas y alguna que otra culebra, llegamos a nuestro destino. Allí estábamos para ser testigos de la ilusión de Pelayo: escalar hasta la piedra del Rey Moro, su lugar favorito, donde halla la paz y el descanso. Pelayo es uno de los personajes más queridos del programa. Tiene diez años. Sufre una enfermedad degenerativa, una distrofia muscular llamada Duchenne, que le obliga a ver la vida desde una silla de ruedas, aunque cada día realiza verdaderos esfuerzos por caminar, con el fin de ralentizar los efectos. Una lucha de titanes.

Junto a Pelayo, asistieron sus padres, Valle y David, y sus dos hermanos, Rodrigo y Yago. Tampoco quisieron perdérselo Alberto, un amigo de la familia con experiencia en el campo del alpinismo y Maribel, la fisioterapeuta del Hospital Nacional de Parapléjicos que cada semana se alía con Pelayo para vencer a Duchenne.

Una vez que todos los asistentes nos reunimos a los pies de la piedra del Rey Moro, era necesario preparar toda la parafernalia para lograr que Pelayo escalara hasta lo más alto. En dicha tarea, Alberto jugaba un papel esencial, ya que puso al servicio de la causa su sabiduría y los instrumentos necesarios. Tras varios minutos de arduo trabajo, todo estaba preparado. Pelayo y su padre, David, se colocaron el casco y el arnés. Acto seguido, Pelayo se subió a la espalda de su padre. Había llegado el momento de emprender la escalada de unos cuatro metros, pero que para nuestro protagonista es un Everest (y para la espalda de David). Una proeza que vuelve a poner de manifiesto que para Pelayo todo es posible, tal y como refleja su camiseta.

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Tras alcanzar la cima, Pelayo estaba exhausto tras el esfuerzo. Valle y Maribel le levantaron del suelo para trasladarle hasta el extremo de la piedra. Ahora sí que sí, Pelayo tenía de nuevo Toledo a sus pies. En ese momento era el chico más feliz del mundo. Por cuarta vez en su vida, había logrado acceder hasta la piedra. Su madre reconoce que cada vez será más difícil repetir la hazaña, pero en el futuro, tratándose de Pelayo, todo es posible: “Subimos con él una vez al año. Este lo veíamos difícil, porque cada vez pesa más. Pero con la ayuda de todos, lo hemos conseguido.”

Desde 'Imparables', hemos sido testigo de cómo Pelayo caminaba, jugaba al pádel, ahora escalaba... Su madre asegura que no existen límites para él: “La primera vez que subimos a la piedra recuerdo que fue algo impactante. Esto generalmente se llena de turistas, y cuando pudo contemplar todo Toledo, que estaba a sus pies, le encantó.”

Pero esto no quedará aquí. La familia se sigue marcando nuevos retos: “La tirolina de Toledo es una posibilidad, pero preferimos que las cosas surjan solas.” El objetivo de todo esto es, además de cumplir los sueños de Pelayo, que la enfermedad no sea invisible a los ojos de la sociedad. “Si no le ponemos cara a Duchenne. no vamos a conseguir nada. Hay que seguir estando presentes.”

Maribel es la fisioterapeuta de Pelayo. Cada semana convive dos horas con él en el Hospital Nacional de Parapléjicos. Codo con codo contra la enfermedad: “Trabajo con él desde que tenía dos añitos. Era muy pequeño. Desde entonces le inculco la necesidad de hacer los ejercicios. Tratamos sobre todo que la enfermedad avance lo más lento posible, poniéndole en pie todos los días. La clave es dar pasitos diarios, para fortalecer la musculatura y estirándolos lo máximo posible.”

Maribel reconoce que Pelayo es un chico capaz de tocar su vena sensible: “Hemos vivido muchas etapas juntos. Si todos los niños se quedan en tu corazón, este es especial, es muy importante para mí, y él lo sabe. Hemos tenido momentos de discusión, de disgustos, pero también de risas.”

La fisioterapia es dura. Generalmente, los chicos llegan por las tardes al hospital cansados, tras horas en el colegio: “Pero tenemos que exigirles que anden aunque no les apetezca. Hay días en el que todo lo vemos negro, nos planteamos dejarlo y no hacerlo, pero de pronto, no sabemos cómo lo hace, pero se echa adelante y nos quedamos más tranquilos. Yo espero que quede Pelayo para mucho tiempo, y que juntos sigamos recorriendo el camino.”

Cada día, Pelayo también se lleva a casa los 'deberes físicos' del día: “Son los padres los primeros que lo demandan. Es trabajoso, porque tienen que colocarle la electroestimulación, le tienen que poner en pie... pero todo con el objetivo de que sea lo más independiente posible. Francamente, los padres de estos chicos nos dan lecciones todos los días. Los profesionales somos los que aprendemos tanto de los niños como de la familia.”

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