Las terribles secuelas que ha dejado en Esther el intento de violación en las fiestas de su pueblo

Esther no lo ha superado todavía, y cada vez que sale a la calle tiene que ser acompañada. Está recibiendo tratamiento psicológico.

Audio

 

ImparablesImparables

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 21 sep 2019

Esta edición de 'Imparables' la cerramos contando la realidad de Esther. Tiene 27 años. Desde hace un tiempo, rehúsa a salir sola a la calle. El motivo tiene una fecha: el 15 de agosto de 2017, cuando Esther vivió una experiencia muy desagradable. Fue mientras disfrutaba de las fiestas de su pueblo. Mientras se divertía con sus amigos, un chico se le acercó. Nunca le había visto antes por el pueblo. El joven la invitó a una copa, con una clara intención de ligar. Pero Esther no quiso seguirle el juego, por lo que volvió con sus amigos en la plaza de su pueblo. Cuando Esther se sentía cansada, decidió marcharse a casa sola. Una chica del grupo le preguntó si quería que la acompañase, a lo que Esther se negó, dada la cercanía entre la fiesta y su casa.

La chica emprendió el camino hacia su casa, pero con la extraña sensación de que alguien la perseguía. Miró hacia atrás varias veces. No vio nada. Pero en casa paso que daba, seguía notando una presencia. Aceleró el paso, y con ellos también escuchaba pasos más rápidos detrás de ella. Esther no quiso mirar. La calle estaba vacía, pero tampoco quería pedir auxilio, porque no estaba segura de que alguien la siguiera.

Al doblar la esquina de una calle, Esther se escondió en un portal para confirmar sus sospechas. Llamó a sus amigos para que la acompañaran a casa, pero ninguno le cogió el móvil, posiblemente por el ruido ensordecedor que había en la verbena.

Pasado unos minutos, no vio a nadie, por lo que decidió salir del portal, convencida de que eran imaginaciones suyas. Esther emprendió de nuevo la marcha hacia su casa pero, a pocos metros, había un hombre que la sorprendió. Era el chico de la plaza. El muchacho cogió a Esther por los hombros, de tal manera que la chica quedó inmóvil. Ella no sabía cómo reaccionar.

El chico la empujó a la pared, desgarró su camiseta e hizo el ademán de introducir la mano por dentro. Esther, indefensa y aterrorizada, sacó fuerzas de flaqueza y le empujó para apartarle y propinándole un codazo en el esternón. Esther salió corriendo en busca de ayuda. El muchacho paralizado por dolor, intentó ir detrás de ella para pararla y seguir forzándola.

Mientras Esther corría, una vecina se dio cuenta de lo sucedido, y llamó la atención de la joven para que se refugiara en su casa. Esther contó a la señora el trance. Fue su “ángel de la guarda”. Luego, Esther llamó a sus padres para que fueran a recogerla al domicilio.

En el trayecto, Esther estuvo pensando si denunciar los hechos o no. Finalmente optó por hacerlo. Sus padres la apoyaron en su decisión. En la comisaría la chica, aún con el susto en el cuerpo, contó la versión de los hechos. Describió a quien pretendía forzarla. Era un chico, alto, de pelo moreno, treinta y tantos años. Los agentes enseñaron un retrato del muchacho, a lo que Esther afirmó con la cabeza que era él.

El hombre no era la primera vez trataba de forzar a una chica, ya que tiene varias denuncias por intento de abuso, además de por otros tipos de delito, como robo por violencia. Para Esther, más de dos años después de lo ocurrido, le sigue siendo muy complicado narrar lo acontecido aquella fatídica noche de verano. No lo ha superado, y cada vez que sale a la calle tiene que ser acompañada. Continúa recibiendo además tratamiento psicológico.

Lo más