La imagen más dura: niños jugando entre basura y escombros en este barrio abandonado por las administraciones

El trapicheo es el negocio más rentable para salir adelante en la zona

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Tiempo de lectura: 2'Actualizado 14:27

"Una niña de nueve años resultó herida de bala en un tiroteo registrado al filo de las tres de la tarde en el barrio de El Puche. Poco después, un periodista fue apedreado por un grupo de vecinos cuando llegaba al lugar de los hechos.” No es una noticia actual, pero sí que ocurrió hace un tiempo en la barriada El Puche, en Almería. Un poblado de unos 9.000 habitantes distribuidos en 1.500 viviendas. La basura y la droga es el paisaje que predomina en sus entrañas.

Y en este ambiente inmundo, la gente sobrevive como buenamente puede. Como sucede en estos casos, el trapicheo es el negocio más rentable para salir adelante. José lo sabe bien: “Es un barrio con muchas dificultades. Desde sus orígenes es una zona muy humilde, que alberga a familias sin recursos de toda la provincia, muchos de ellos inmigrantes.”

El cultivo de marihuana es una alternativa a la precariedad económica. Y ya se sabe que donde prolifera la droga, acuden las peleas y los tiroteos como las moscas a la basura: “Dentro de lo que cabe hay paz social. Es un barrio que apenas cuenta con iluminación pública en muchas de sus calles y la basura se acumula. De hecho, tenemos un mercadillo ilegal de segunda mano todos los domingos. El alcalde lo sabe de sobra, pero no hace nada por trasladarlo de lugar, porque está ubicado en un emplazamiento sucio y sin seguridad de evacuación.”

Por ello, las asociaciones vecinales reclaman a las administraciones un plan integral para El Puche, en el que se refuerce tanto la seguridad como los servicios: “Depende de los políticos. No puede ser que la gente viva enganchada a la electricidad con lo peligroso que es.”

Algunos vecinos optaron por marcharse con sus familias y vivir en mejores condiciones, lo que ha dejado vía libre a los narcotraficantes para ocupar las viviendas: “No es el mejor sitio para vivir. No hay parques ni jardines. Yo tengo un amigo con una hija que en el colegio saca matrícula de honor en todas las asignaturas, y no tiene más remedio que estudiar fuera del barrio para obtener una mejor formación.”

Los hijos de José ya superan la veintena, pero confiesa que no le hacía gracia que convivieran en el barrio: “Llevamos muchos años así. Se denuncia pero no se actúa. Lo que más duele es ver a niños jugar entre escombros y basura. Al menos ya no se ven jeringuillas.”

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