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Imparables

Imparables

José Melero y Fran Simón

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    El grito de un hijo atrincherado con su madre, amenazada de muerte por su pareja: “¡Mamá no abras, no abras!”

    Carmen sufrió golpes y patadas horas antes de ser amenazada por dos armas blancas 

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    Imparables

    Tiempo de lectura: 3'Actualizado 01:30

    Era domingo, sobre las seis de la tarde. Todo parecía tranquilo en el barrio toledano de Santa Bárbara, hasta que la paz se vio alterada por la llegada de un amplio dispositivo policial en una de sus plazas. Los agentes, pertenecientes tanto a la Policía Nacional como Local, se introdujeron en el interior de uno de los portales: “suele ser un bloque conflictivo”, murmuraban algunos vecinos que presenciaban la escena. Todo apuntaba a que el motivo de la intervención de las fuerzas del orden estaría vinculada al mundo del trapicheo.

    Minutos más tarde, los agentes abandonaban el portal con un varón esposado. Un hombre de mediana edad y con camiseta de tirantes. Horas más tarde, conocimos la realidad: el detenido había amenazado con un arma blanca a su pareja y al hijo de ésta, de diez años. Aquello pudo acabar en tragedia, en un nuevo crimen por violencia machista. En 'Imparables', hemos tenido oportunidad de hablar con la agredida, Carmen. Tiene 50 años. Desde hace unos cinco años convive en el inmueble con su hijo, que nació fruto de un primer matrimonio, y con el agresor, con quien se casó en segundas nupcias, y que anteriormente había cumplido una condena de 22 años de prisión por el asesinato de un guardia de seguridad tras el atraco que perpetró en una joyería.

    Carmen ha explicado que, desde hace tres días, su marido se dedicó casi de manera exclusiva a insultarla gravemente: “Me dijo de todo, lo que no te puedes imaginar.” La situación se hizo insostenible el domingo, cuando Carmen estuvo a punto de perder la vida: “A las diez de la mañana me levanté con mi hijo. Cuando mi marido se despertó, cogió el pan que iba a utilizar para hacer un bocadillo a mi hijo. Cuando se lo impedí, se puso agresivo, me tiró al suelo y empezó a agredirme con patadas y golpes. Luego siguió insultándome durante horas, diciendo que le daba asco mi hijo. Me retaba incluso a que llamara a la policía. Una agresividad enorme.”

    Carmen calló, hasta que su marido se hizo con dos cuchillos. Con uno de ellos golpeó el pie de su pareja, aunque por la parte no punzante. El segundo cuchillo se lo colocó en el cuello. Carmen entró en pánico: “Me asusté y escapé a la calle. Él bajó detrás de mí. Cuando volví a subir a casa, cerré la puerta con llave para evitar que entrara. No paraba de amenazarme de muerte.”

    Por suerte, el marido de Carmen no logró acceder a la vivienda. Aquello permitió a la agredida pedir socorro a la policía: “No tenía otra salida. Mi vida estaba en peligro. Se volvió loco.” El marido permanece detenido. Se ha pedido orden de alejamiento. Es la tercera vez que Carmen es víctima de sus agresiones en el último año: “No se por qué se puso así. Supongo que ha influido las drogas. Desde los once años es drogadicto. Ahora tiene 50.”

    En este punto, Carmen ha reconocido que nunca se atrevió a dar el paso de denunciar a su pareja por malos tratos: “No lo hice por pena. Está muy enfermo. Yo soy una persona muy comprensiva, le he ayudado en todo lo que he podido y así me lo ha pagado.” Se da también la circunstancia de que Carmen, desde hace unos años, está en tratamiento por un cáncer de mama. Por este motivo, hace dos años decidió casarse con él, para poder dejar algo de dinero a su hijo de diez años en caso de que el desenlace de su enfermedad fuera malo.

    Pero el casamiento no ha compensado los episodios traumáticos que ha tenido que vivir el hijo de Carmen: “Ha visto de todo. Pero nunca le ha llegado a pegar porque le mato. A mi hijo no le toca nadie, le he parido yo. Pero ha sufrido mucho.” El episodio ocurrido este domingo ha marcado a su hijo: “Lo vivió con mucho miedo. Cuando empezaba mi marido a dar patadas en la puerta para entrar, mi hijo me decía... ¡mamá no abras, mama no abras!.”

    Al día siguiente, relata su madre, se negó a ir al colegio, pero Carmen le obligó: “Ya está más tranquilo. Cuando ha venido del colegio estaba mejor, pero le da miedo estar en casa. Quiere mimos, cariños y a su madre. No quiere a nadie más. A mi marido siempre le llamó papá, porque le conoce desde que tenía cinco años. Pero ya no.”

    Carmen asegura que su marido siempre fue un delincuente: “Lo que pasa es que el amor es ciego. No se lo que vi en él. Buenas palabras, una persona que cuando hablábamos me daba felicidad, pero no es la persona que yo conocí. Es un maltratador y un asesino. Han sido cinco años de miedo junto a mi hijo. Me ha afectado mucho. Tenemos depresión.”

    La familia apenas tiene ingresos. Tan solo perciben una pequeña pensión. Por ello, Carmen pide desesperadamente un trabajo: “Me dedico a lo que sea. A limpiar, camarera, frutera, pescadera, reponedora... he hecho de todo. Necesito trabajo. Ya no es por mí, sino por mi hijo. Apenas me quedan recursos ni para comer. Estamos muy mal.”

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