• DIRECTO

    La Tarde

    Pilar Cisneros y Fernando de Haro

Boletín

Audio

De Haro: “Es el retrato de unas manos que posan con sosiego”

La foto del día la pública el diario 'EL PAÍS'. 

Tiempo de lectura: 2Actualizado19:20

La foto que me ha llamado la atención la publica el diario El País en su sección de Madrid. Es el retrato de unas manos. Las manos y los pies, especialmente las manos, son a menudo tan espejo del alma como la cara. Estas son las manos de una persona mayor, de un viejo. Su rostro aparece en segundo plano, sin foco. Viste el viejo una chaqueta de entretiempo, una camisa a cuadros y en su muñeca luce un reloj con una correa metálica, grande, de esos que se gastaban mucho hace años. Tiene el viejo las manos apoyadas en una cachava fina, que casi no reposa en ella el peso porque parece que tiene miedo a romperla. Están las manos del viejo la una sobre la otra, manos pulcras, , manos que se posan con sosiego.

Están las manos del viejo iluminadas por un sol suave que se cuela por algún un toldo, sería bonito que se colara por las hojas de una parra. Las manos del viejo quizás amasaran pan, quizás cavaran la tierra de la huerta, quizás golpearan las teclas negras de una maquina de escribir en una oficina en la que había muchos archivadores de metal, las manos del viejo de seguro que han acariciado con pasión y con ternura y han hablado mucho, porque las manos son muy locuaces. Las manos del viejo han cerrado algunos ojos, han sacudido el polvo, las manos del viejo sin han crispado bajo la humillación y la rabia. Las manos del viejo han apretado con fuerza la pala para remar en esa mar de la vida que siempre requiere esfuerzo. Y ahora las manos del viejo, posadas la una sobre la otra, parecen preguntarse donde quedó tanto esfuerzo, dónde quedó tanto manear, que parece que quedó en nada, y a las manos del viejo les asaltan remordimientos, angustias, dudas, preguntas de si no hubiera sido mejor hacerlo así o asao o no hacer nada y el sol de septiembre que se cuela por la parra acaricia las manos del viejo y les responde con ternura. El sol de septiembre recoge las manos del viejo con su luz de almíbar como queriendo decir que nada se ha perdido, que todo está en su sitio, que lo que parece nada es todo.