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Foto del día: "Uno ha nacido para la mar oceana y no para barcos solos, secos, y quietos"

Y es que parece que hemos confundido la vocación del mar con quedarnos en la misma posición, a bordo de un barco encallado en el desierto

Tiempo de lectura: 2Actualizado19:16

La foto que me ha llamado la atención la publica el diario El País. Es una foto pequeña y está tomada desde el aire, por eso los protagonistas no se ven con mucho detalle. La imagen muestra un estepa seca, suelo árido, salteado de algunos matojos muy esforzados. Y sobre este paisaje desértico, los protagonistas: dos barcos herrumbrosos, perdidos muy lejos del mar. Dos barcos grandes con sus panzas al viento, con sus bordas olvidadas ya de las olas, de la caricia de la espuma, de ocasos acuáticos. Un grupo de turistas se arremolinan en torno a las naves, trepan por una de ellas, se hacen fotos. Casi se puede oler el viejo hierro, ese olor de metal añejo, castigado por la interperie, olor como de sangre que se descompone, Barcos sin mar, testigos de una ausencia. Que no hay nada más dramático que un pájaro sin cielo, un niño sin juego, una casa vacía y cerrada, una mesa con una sola silla. Son los barcos del mar de Aral, un mar interior que se secó hace años.

Y es fácil imaginarse que nosotros llevamos a bordo desde que el mar era todavía mar. Es fácil imaginar que nosotros seguimos allí porque nos prometimos que nos quedaríamos hasta el final, que nunca abandonaríamos el barco. Y allí seguimos entre el óxido y el desierto, empeñados en mantener una posición, seguramente porque no sabemos hacer otra cosa, o quizás porque tenemos miedo de abandonar la costumbre, o porque experimentamos cierto placer en concebirnos como los últimos marineros de un mar sin agua. Por pereza, por miedo, porque hemos confundido la vocación del mar con quedarnos en la misma posición, a bordo de un barco encallado en el desierto. Pero, a pesar de todo, se sube uno al puente, y oye, lejanas las gaviotas, los cormoranes, los frailecillos, y sabe uno que ha nacido para el azul, para un azul grande que esté en movimiento. Que ha nacido uno para la mar oceana y no para barcos solos, secos, y quietos. 

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