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    La Tarde

    Pilar Cisneros y Fernando de Haro

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Foto del día: "La foto tiene la luz de septiembre"

Una luz de mebrillo, de verano que se despide, una luz que llena los ojos de nostalgia y el corazón de un contento muy conformado

Tiempo de lectura: 2Actualizado19:26

La foto que me ha llamado la atención la publica hoy el diario El País. Es la imagen de las manos de un agricultor. Manos curtidas cavando, vareando, escardando, regando. Los dedos son gordos, trabajados, que usa uno la azada y las manos se hacen suelo y árbol. La piel seca, cuarteada. Tiene el hombre de campo los brazos desnudos, cubiertos con unos pelos arubiados. Arubiada es también la luz de la escena, es la luz de septiembre, una luz de menbrillo, de verano que se despide, una luz que llena los ojos de nostalgia y el corazón de un contento muy conformado. La foto tiene la luz de septiembre y las manos del agricultor están llenas de unas almendras gordas y también rubias. Juegan los frutos duros con las sombras de la luz de septiembre y con los dedos del hombre de campo. A manos llenas, a manos desbordadas que la cosecha ha sido buena. Las almendras son un extraño milagro. El almendro es un árbol discreto durante todo el año, pero tiene eun momento de gloria que ya quisieran para sí las más altas torres, los más costeados palacios. El almendro tiene las hojas pequeñas, de un verde modesto, el tronco oscuro, el porte a veces enclenque. Pero cuando los días empiezan a alargar un poco, solo un poco, porque la primera está lejos, el verano es un sueño, un recuerdo, cuando todavía caen las heladas negras, cuando todo el campo duerme con frío y con miedo, el almendro se convierte en el precursor. El almendro osado, decidido, estalla con sus flores blancas, esperanza de un futuro mejor, todavía lejano. El almendro sabe hacer una fiesta donde solo hay madriguera y encogimiento. Y de aquella luces blancas regaladas, cuando todavía las vueltas del aire no traen más que un viento de penitencia, los almendrucos y, después, este tesoro. Parecen piedras, pequeños sepulcros, esperando que alguien levante la lapida, para sacar fuera la vida a manos llenas, vida blanca, que fue esperanza en febrero y que ahora es sustento, triunfo que se toca, que llena las manos. Siempre es así, de la belleza precursora, el alimento. 

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