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Foto del día: "En una habitación de un hospital todo es de otro color"

A veces se hacen amigos en las habitaciones de hospital. Y es curioso porque pasan en pocas horas de ser perfectos desconocidos a gente muy familiar

Tiempo de lectura: 2Actualizado19:12

La foto que me ha llamado la atención la pública el diario El País. Es una imagen tomada en la habitación de un hospital. La habitación está llena de luz, una luz que destella bajo la cama de la persona enferma, una luz que llega a través de una ventana abierta a una calle llena de verde. El verde de la calle no tiene flor. Dos mujeres están de pie junto a la cama del hospital, están de pie y en silencio. Se amontona ropa en la silla del acompañante. La silla del acompañante, silla donde se come, donde se duerme, donde se lucha contra el cansancio y la desesperanza es tan importante como la cama donde yace el paciente. A la silla del acompañante es a la que se aferra quien intenta descifrar las palabras del médico. La silla del acompañante es una silla de combate. Fuera de la habitación del hospital, decía, está el verde de la calle. La habitación también está pintada de verde. Pero es otro verde, porque en una habitación de un hospital todo es de otro color. El tiempo aquí es también diferente, el tiempo es lento, no hay frenesí. A veces llega una visita, pero la gente de fuera está en otro mundo, la mayoría de la gente que viene de visita al hospital está distraída, tiene prisa por marchar, no se deja invadir por el tiempo de la habitación, la gente que viene de visita es ajena a la batalla silenciosa, la batalla de la esperanza que se libra en una habitación de hospital. Las visitas, salvo honrosas excepciones, dicen unas palabras de consuelo poco convencidas y se les nota las ganas de marcharse, las ganas de no estar delante del silencio y de la verdad que flota en el aire de una habitación de hospital. A veces se hacen amigos en las habitaciones de hospital. Y es curioso porque esos compañeros de hospital pasan en pocas horas de ser perfectos desconocidos a gente muy familiar, gente que no tiene ganas de palabras tontas, gente que libra también la batalla de la esperanza. Las habitaciones de hospital son lugares en los que se sufre sí, lugares en los que se lucha sí, pero también lugares en los que se ven cosas de dentro de uno y de fuera de uno de las que habitualmente se huye. Hay habitaciones de hospital en las que incluso durante las despedidas más duras suceden caricias que se habían olvidado, sucede la luz, hay habitaciones de hospital en las que sucede la flor.