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‘El Bueno, el Feo y el Malo’ de Jorge Bustos

Parece que por fin vamos a tener un poco de acción después del entrañable armisticio epistolar que han estado firmando a pachas don Mariano y don Carles, el presidente democrático y el cabecilla de una sedición -iba a decir- de medio pelo, pero en el caso de Puigdemont diría de pelo entero, tan pilosa como aquel Wilfredo junto al cual espera pasar a la historia. Lo normal, sin embargo, es que un Estado democrático castigue a sus agresores, de modo que es más probable que Puigdemont acabe pasando a la historia al lado del Vaquilla, cuya tumba por cierto visité una vez en Gerona. Pero no adelantemos acontecimientos, que mañana se reúne el consejo de ministros, y luego el Senado, y los trámites del 155 aún se alargarán lo suficiente como para que el presidente de la Generalitat, si no es tonto del todo, convoque elecciones después de salir al balcón a proclamar su independencia comprada en los chinos.

Tiempo de lectura: 2Actualizado03 oct 2018

El Bueno

Tiene que ver más con la raíz del problema que con sus efectos. Porque la raíz del supremacismo separatista está en la educación, y quien con mayor coraje ha defendido esta semana en el Congreso la necesidad de luchar contra el adoctrinamiento antiespañol en las aulas catalanas ha sido el diputado de Ciudadanos Toni Cantó. Oyendo su relación de abusos, deformaciones e injerencias, sus señorías de Esquerra y del PdeCat echaban espumarajos por la boca, como al vampiro que le levantan de golpe la persiana a mediodía. Pero no solo vociferaron ellos, sino también los pagafantas del Procés que militan en Podemos o en sus pantanosas confluencias. Ahora, el que más se cabreó ante el espejo de sus miserias fue Aitor Esteban, orador habitualmente ponderado y cabal, que perdió los papeles y acusó a Cantó de racista. Lo decía uno del partido que fundó Sabino Arana, el xenófobo más grosero y oligofrénico que ha dado España. Mientras el PNV no abjure de su sucio fundador, en lugar de ponerle estatuas en los parques, ningún diputado del PNV tendrá crédito para repartir carnés de tolerancia. Y menos a Cantó, cuyo partido se fundó precisamente para acabar con el supremacismo en la Península Ibérica.

El Feo

No es otro que José Luis Ábalos. Pues por esa comparecencia monjil en la que vistió con muchas capas de vergüenza al artículo 155, asegurando que se aplicaría de un modo muy, muy limitado y por poco tiempo, no vaya a ser que a los socialistas nos llamen fachas por defender la unidad de España de la mano del PP. Cabe felicitar a Rajoy de que haya sabido sumar a este PSOE tornadizo y desnortado a la defensa del Estado democrático frente a la agresión separatista, pero una vez dado el paso, está feo que el PSOE parezca avergonzarse de ese respaldo. Ábalos habla del 155 como cogiéndolo con pinzas, como si se tratase de un pañal lleno de caca. Y quizá eso sea también la Constitución española: un enorme pañal que nos impermeabiliza de las cagadas propias y ajenas, y en especial de la mierda del independentismo.

El Malo

Pues esta vez no he elegido una persona, sino un lugar: Soto del Real. El lugar donde cumplen pena los malos de España, incluyendo catalanes tan ilustres como Prenafeta y Alavedra, Jordi Pujol Ferrusola o Sandro Rosell. Ahora han entrado a hacerles compañía los Jordis, y uno de ellos ha pedido un cambio de módulo porque otro recluso le gritó “¡Viva España!”. Basta ya de torturas, Juan Pablo. Basta de crueldad estatal. La calidad de una democracia se mide por el confort de sus talegos, y si no detenemos esto a tiempo cualquier día le ponen a los Jordis la de Manolo Escobar a todo trapo y tenemos el primer muerto del Procés. Ojo con esto. Serían capaces de enterrarle en la Sagrada Familia bajo esta inscripción: El mártir del porrompompero.