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Cristina L. Schlichting nos cuenta la influencia de unos ojos de cristal en la creación de su familia

En estas historias de sofá con Cristina López Schlichting, la directora de ‘Fin de Semana’ nos cuenta el papel que jugaron unos ojos de cristal en su familia

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Cristina López Schlichting
@crisschlichting

'Fin de Semana' COPE

Madrid

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 23:41

En estas historias de sofá con Cristina López Schlichting, la directora de ‘Fin de Semana’ nos cuenta la influencia de unos ojos de cristal en la creación de su familia.

Voy a hablaros de los ojos de cristal de mi abuelo Klaus porque esas interesantes prótesis que encontramos mi hermana Patricia y yo en un cajón de la cómoda de Hamburgo y que nos miraban como dos otras azules desde el fondo del cajón, eran los repuestos que utilizaba para uno de los ojos que le faltaba desde niño. Se lo habían saltado jugando a batallas de piedra.

Estas prótesis, estos ojos de cristal serían definitivos en la historia de mi familia. Y diréis, ¿por qué? Nos vamos a ir primero a comienzos del XX cuando dos jovencitas recibieron dos notificaciones de esa Primera Guerra Mundial. Una de ellas estaba casada con un soldado, y la otra tenía al novio en esas condiciones. Los dos murieron en el frente.

Lo cierto es que esas jovencitas, mi abuela y mi tía abuela quedaron sin pareja y a las dos les costaría muchísimo rehacer su vida. Después de la Primera Guerra Mundial, en Alemania no quedaban hombres.

Pasó el tiempo y en la Segunda Guerra Mundial se repitió la historia. Llegó otra carta del frente, esta vez con respecto a la vida de un muchacho de 21 años Hans Schlichting contando que había muerto. Iba con unos compañeros en una tanqueta, pasó un avión bombardeando el norte de Francia, él saltó de la tanqueta a un arbusto con tan mala suerte que la bomba del avión le cayó encima. Está enterrado en uno de esos enormes cementerios del norte de Francia que merece la pena visitar. La visión es espantosa y te hace reflexionar sobre el ser humano.

Lo cierto, y aquí entran los ojos, es que de no haber sido mi abuelo servidor en la retaguardia porque le faltaba un ojo… mi abuela que había perdido a su primer novio en la Primera Guerra Mundial no habría conocido otro hombre con el que casarse y no habría sido madre de Hans Schlichting.

“Fijaos en qué medida esa circunstancia de la mutilación permitió el nacimiento de otra generación y la historia de una familia”, concluye la comunicadora.

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