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Cuando el río suena, nitrato lleva: el veneno que beben los españoles

España es el país europeo que más plaguicidas utiliza según Ecologistas en Acción

Cuando el río suena, nitrato lleva: el veneno que beben...
 
  • Aitor Ballesteros, Carolina Cerrejón, Joan Llop y Judith A. Pérez

‘La moza que beba de todos los caños de la Fuente de los Doce Caños encontrará novio’, dice la tradición del pueblo de Brihuega, situado a media hora de la ciudad de Guadalajara. La localidad es conocida por sus innumerables fuentes, pero su agua ya no tiene esos superpoderes sino veneno.

“El río Tajuña que serpentea por las laderas de la región está contaminado”, según dice Miguel Ángel Letón, coordinador del grupo de AEGITHALOS, que vigila la avifauna en Guadalajara. “Desde hace más de 30 años se está abusando indiscriminadamente de la cantidad de fertilizantes que se echan al campo”, denuncia. “Los agricultores prefieren salvaguardar su producto a mejorar el ecosistema”, añade.

Los niveles de nitrato en este tramo del río superan el máximo permitido por la Unión Europea de 50 miligramos por litro. El agua no es apta para consumo humano ni para cocinar, según informa el Ayuntamiento de Brihuega. “Este agua afecta sobre todo a niños y personas mayores. Si su consumo es prolongado puede causar cáncer o distintos tipos de tumores”, agrega Letón.

Debido a esta situación, el Ayuntamiento emite periódicamente un comunicado de la calidad del agua de la zona. “En alguna ocasión, los niveles de nitrato son bajos y otras veces son altos como para no consumirla”, según Letón. Y añade: ““Esto es imposible, no se puede pasar en 15 días de 65 miligramos por litro a niveles permitidos”.

Brihuega está en una de las zonas consideradas como vulnerable de contaminación por nitratos según la Directiva europea de 1991. Pero no es la única. Estos lugares se consideran así porque sus aguas, tanto subterráneas como superficiales, presentan una concentración superior a 50 miligramos por litro de nitratos (NO3). Además, estas zonas incluyen el resto de territorios cuyas aguas drenan hacia zonas contaminadas.

La ribera del Guadalquivir, la huerta de Murcia y de Valencia, el interior de Cataluña y zonas de Castilla La-Mancha están contaminadas por fertilizantes nitrogenados, muy utilizados para la agricultura. Sus aguas, tanto subterráneas como superficiales, presentan una concentración superior a 50 miligramos por litro de nitratos (NO3).

Estos fertilizantes aportan nitratos a los cultivos, necesarios para su desarrollo, pero cuando se utilizan en exceso pueden generar problemas ambientales. “Lo que no puede ser asimilado por las plantas llega a los ríos y de ahí al mar”, explica la bióloga Itziar Burgués. “El equilibrio en estos ecosistemas es muy delicado, si llega demasiado alimento algunos organismos crecen más limitando los recursos de otros”.

Cuando el río suena, nitrato lleva: el veneno que beben...

Las aguas con altas concentraciones de nitratos pueden ocasionar riesgos para la salud no sólo a la fauna de la zona, sino también a los humanos. “Desde hace 40 años todo se arregla echando nitrato al campo. ¿Viene un año seco? Échale nitrato y tendrás mejor producción”, denuncia Letón.

OTROS CONTAMINANTES DE LOS RÍOS ESPAÑOLES 

“Los ríos siempre están contaminados por el agua de las ciudades, el riego de los campos, los vertidos de las industrias o las actividades agrarias y ganaderas”, continúa Burgués.

Dentro de los compuestos inorgánicos hay productos químicos fabricados por el hombre que son muy difíciles de degradar: los plaguicidas entran dentro de esta categoría. Ecologistas en Acción calcula que en 2014 se consumieron en España aproximadamente 78.818 toneladas de plaguicidas lo que lo convierte en uno de los países europeos que más lo usa.

Los plaguicidas viajan a través del agua y la atmósfera y contaminan tanto las aguas superficiales como las subterráneas. Ecologistas en Acción calcula que en 2014 se consumieron en España aproximadamente 78.818 toneladas de plaguicidas lo que lo convierte en uno de los países europeos con mayor consumo de este producto.

No sólo ponen en riesgo la calidad de las aguas sino que también, en grandes cantidades, pueden provocar problemas para la salud humana: pueden afectar a la reproducción, causar tumores, enfermedades, metabólicas, enfermedades inmunológicas, según la Organización Mundial de la Salud.

En 2016 se llevó a cabo un análisis de las aguas de las principales cuencas hidrográficas en España en el que se estudió la presencia de 104 plaguicidas. Tan solo se pudo demostrar la presencia de 47, un plaguicida más que en el último análisis en 2014. La cuenca hidrográfica del Júcar es la más contaminada. De los 57 que se analizaron en este territorio se ha comprobado la presencia de, por lo menos, 34 doce más de los que se encontraron en 2014. En el lado contrario de la lista se encuentran Galicia y Cantabria. Tan sólo se ha confirmado la presencia de 3 y 2 plaguicidas, respectivamente.

PLAGUICIDAS ILEGALES

Los plaguicidas contienen moléculas dañinas para los organismos para los que están diseñados. También existen, por ejemplo, plaguicidas de amplio espectro que atacan a todos los invertebrados, aunque éstos no sean plagas potencialmente. Muchos plaguicidas han sido prohibidos por causar cáncer, provocar malformaciones o por afectar a la reproducción de animales silvestres y seres humanos.

En 2016 el 70% de los plaguicidas encontrados en los ríos españoles estaban prohibidos debido a su elevada toxicidad, según el informe de Ecologistas en Acción. Para la organización que se detecten estas sustancias demuestra que todavía persisten en el medio ambiente o que deben haberse usado ilegalmente.

La ONG considera alarmante que el 54% de las sustancias detectadas son o se sospecha que son contaminantes hormonales. Éstos “alteran el equilibrio hormonal que cada cuerpo mantiene para su buen funcionamiento” según Burgués.

¿Hay soluciones? Burgués recuerda que existen plantas y bacterias que recogen el nitrógeno atmosférico y otras que evitan plagas. Son las alternativas que propone la agroagricultura. “El inconveniente es que su uso supone reducir la producción y la hace menos rentable. De manera que es difícilmente aplicable a grandes cultivos”.

Burgués sugiere además emplear sólo los plaguicidas que sean más específicos para cada tipo de plaga para que no tengan efectos sobre otras especies y fertilizar la tierra de manera natural. Pero, sobre todo: “La clave está en los controles. Si la UE aprueba leyes que no se cumplen o no hay plazos ni multas, cada país velará sólo por sus intereses”, lamenta Burgués. “El medio ambiente sigue siendo secundario”.

Ecologistas en Acción propone que España reduzca la utilización de plaguicidas, al menos, un 50% en diez años. Es el plan marcado por Francia para 2025. Dinamarca ha conseguido reducir su uso en un 40% entre 2011 y 2015. Además, Suecia, Holanda y Alemania, han implementado medidas para proteger las aguas superficiales y potables.

Si España se pone a la altura de sus socios europeos, no solo limpiará los ríos de veneno, sino que contribuirá a mejorar la salud humana y animal.

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