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Sin Micrófonos: La Policía busca un cambio de rumbo conmocionada tras la detención de otro comisario

“Llueve sobre mojado pero esta gota no es una más”. La detención del comisario Enrique García Castaño dentro de la operación Tándem, que llevó a prisión hace ocho meses al presunto cabecilla de una red corrupta, el también comisario José Manuel Villarejo, marca una cota máxima en la estupefacción y el hastío de la corporación armada.

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Grande-Marlaska preside el acto de presentación del nuevo director general de la Policía Nacional, Francisco Pardo. | FERNANDO VILLAR | EFE

El arresto de quien fue durante décadas pieza clave en la lucha contra el terrorismo se produce después de un rosario de revelaciones, la última protagonizada supuestamente por la princesa Corina zu Sayn-Wittgenstein, en la que la grabación de una conversación indiscreta sirve de base para la denuncia del penúltimo escándalo a través de una filtración periodística. García Castaño se reconocía amigo de Villarejo en un pasado no remoto. Alguna de esas conversaciones grabadas y difundidas, como la que se realizó al ex presidente de la comunidad de Madrid, Ignacio González, sobre un ático en Marbella, se produjo en su presencia, y acompañado por Villarejo. En otras se investiga su posible intervención. Enrique el Gordo fue durante años jefe de la UCAO (Unidad Central de Apoyo Operativo), los especialistas en seguimientos y grabaciones de la Comisaría General de Información. “El jefe de las grabadoras”, en expresión coloquial.

Su detención se produce justo cuando uno de aquellos jueces con los que trabajó en la Audiencia Nacional, el magistrado Grande-Marlasca, encaja estos días las piezas del puzle para poner al frente de la Policía una nueva cúpula operativa que impulse el trabajo del Cuerpo y le aleje de escándalos como los que investigan con este arresto la Fiscalía anticorrupción y el juez Diego de Egea.

Cambio de rumbo en la Policía y enfrentamiento entre cuerpos

“Se impone un cambio de rumbo sin demora”, nos dice un veterano comisario destinado en una jefatura superior. Un deseo que coincide con la necesidad del momento: este viernes no, pero la próxima semana podría ir a Consejo de Ministros el decreto que regula la nueva estructura en las cúpulas de Guardia Civil y Policía tras la toma de posesión de los directores generales de ambos cuerpos. En cuestión de días conoceremos a los nuevos máximos responsables operativos. En el Cuerpo Nacional de Policía se mezcla en estas horas la desazón por una nueva detención de relevancia entre sus filas con la inquietud por conocer quién resultará elegido para ser el primer uniformado de la Institución.

El ministerio de Marlaska ha escuchado a los sindicatos. Les ha pedido sus candidatos para esa máxima responsabilidad. Nombres como los de Eugenio Pereiro (comisario general de Extranjería y Fronteras), Pedro Mélida (Jefe Superior de la Rioja) o Pilar Allué (comisaria general de Policía Científica) están entre los propuestos. Otros nombres de comisarios y comisarias principales, como María Marcos (responsable de la Unidad de Delincuencia Especial y Violenta) o Concepción Vega Camaño (jefa provincial de Castellón) también están sobre la mesa del ministro del Interior. Además, en esta ocasión, cuentan con un asesor muy especial: el nuevo director del Gabinete de Estudios y Coordinación de la Secretaría de Estado de Seguridad, el comisario José Antonio Rodríguez, un hombre ligado desde siempre al Sindicato Unificado de Policía (SUP). La sensación que se transmite por los pasillos de Interior, a decir de una fuente policial, es que “la voz de Rodríguez se escucha y mucho”.

La elección de este comisario para ese cargo ha generado una enorme indignación entre destacados mandos de la Guardia Civil, cuerpo que ocupaba ese despacho desde su creación hace unos 30 años. La asociación Aprogc, de la benemérita, critica con dureza el nombramiento mientras que desde la Policía se han unido los cuatro grandes sindicatos del Cuerpo para defenderlo y rechazar la postura de sus colegas del uniforme verde. Lo que ha sentado especialmente mal en el Instituto armado, según nos aclara un oficial en la Dirección General, es que se haya apartado de esa responsabilidad, casi recién aterrizado, a un coronel como Juan Hernández Mosquera, para a continuación ofrecerle a modo de salida de urgencia la dirección del Centro de Inteligencia contra Terrorismo y el Crimen Organizado (CITCO). “Queda claro que lo que querían era hacer el hueco para colocar como mano derecha de la secretaria de Estado a un hombre de la confianza política de Ana Botella”, dice este oficial.

Sindicatos policiales y mandos rechazan las críticas y el estilo de quienes las hacen y defienden las condiciones profesionales del elegido. Hernández Mosquera ha declinado finalmente ponerse al frente del CITCO “por dignidad”, según alguien que le conoce bien. A todo esto, el movimiento ha retirado de la dirección de ese organismo al comisario catalán José Luís Oliveras, antiguo jefe también de la UDEF, y hombre que ha contado siempre con la máxima confianza tanto de gobiernos del PP como del PSOE.

El equipo de Marlaska asegura que quiere revalorizar el papel del CITCO como órgano de coordinación entre las distintas policías del Estado en la lucha contra el terrorismo y el crimen organizado. Sin embargo, los responsables policiales siguen situando el centro de esa coordinación en la Secretaría de Estado. De ahí la importancia que conceden al puesto que ahora asume el comisario José Antonio Rodríguez. Uno de sus antecesores, el coronel de la Guardia Civil Diego Pérez de los Cobos fue, en esa condición de coordinador, quien se encargo de gestionar policialmente el referendum ilegal del 1 de octubre de 2017 en Cataluña.

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