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¿Cómo se prepara un paso de Semana Santa?

El paso de Nuestra Señora de las Lágrimas en Sevilla
Raúl Caro
  • Cope - autores

Finalizada la Navidad, las cofradías ponen el ojo en la Semana Santa. Meses antes del Domingo de Ramos empiezan a preparar los pasos –las plataformas que sostienen las imágenes que salen de procesión y que representan desde la entrada de Jesús en Jerusalén hasta la resurrección-.

El trabajo apremia, pues lo que ven los devotos en las calles es el resultado de horas de trabajo y esfuerzo. Toda Semana Santa requiere de una infatigable preparación material, pero también espiritual, pues los encargados de portar las imágenes son durante esos días los pies del Señor y de la Virgen.

Agua e hijo, tijeras y máquinas de coser con las que las costureras hacen los faldones de los pasos y el vestido de las tallas; tela y sacos de café para portar las imágenes bajo el cuello; cera fundida y flores para decorar las mesas. Preparativos que llevan muchos días, y que se intensifican durante las noches a medida que se acerca la Pasión.

Todo empieza con el montaje del paso, que  es un conjunto formado por una plataforma -conocida como mesa- sobre la que se colocan las imágenes. La plataforma forma parte de la estructura del paso -la parihuela-, y es llevada por varias personas, que se colocan en las vigas de madera –trabajaderas-, y que puede sostenerse en el suelo sobre unos maderos –zancos-.

En el caso de los tronos y andas la estructura está formada por unas vigas colocadas externamente en sentido longitudinal, quedando a la vista los portadores que cargan el peso sobre uno de sus hombros. El apoyo al suelo puede realizarse sobre patas o zancos, o bien mediante horquillas que se colocan en cada parada.

Los pasos se clasifican en tres grupos: el paso de Cristo, donde se ve al crucificado; el paso de palio, que lleva una figura de la Virgen María; y el paso de misterio, que representa una escena de la Pasión de Cristo y que incorpora varias imágenes, por lo que es de los más pesados.

Embelleciendo los laterales de la parihuela se colocan los respiraderos, que sirven para que entre y salga el aire y los costaleros puedan respirar. De los respiraderos cuelgan los faldones que revisten el paso por los lados.

Desde los tiempos de San Pio X la Iglesia ha determinado cuáles son los usos litúrgicos de los colores, que se aplicarán a los faldones. Un reglamento que llega hasta hoy actualizado por San Juan XIII en su breviario.

Así, por ejemplo, el morado se utiliza para representar la pasión y muerte de Cristo, mientras que el blanco se emplea en la institución de la resurrección.

En cuanto a los palios, hasta el siglo XX eran negros, aunque hoy pueden combinar el azul -color de la Virgen- con el morado o el rojo, que evocan la pasión de su hijo o el carácter sacramental.

Para terminar de adornar el paso se coloca la candelería, esto es, los candelabros donde se asientan las velas de manera escalonada. También las jarras en las que se insertan las flores.

Suelen emplearse claveles rojos y lirios morados si se trata de un paso de Cristo, mientras que en los pasos de las vírgenes se utilizan colores claros que representan la pureza, generalmente rosas, claveles o lirium.

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