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Albert Rivera o Mariano Rajoy: ¿Quién es el 'aprovechategui'?

Ciudadanos ha pedido a Mariano Rajoy que mantenga el artículo 155, pero la futura aprobación de los PGE condiciona la postura del Partido Popular

Rajoy Rivera Congreso
 Mariano Rajoy y Albert Rivera en una reunión en el Congreso el 9 de mayo. EFE
  • JUAN PEREZ RUESCAS

La larga odisea del artículo 155 ha hecho mella en el Partido Popular y en Ciudadanos. Mucho ha llovido desde que en noviembre del año pasado viéramos la agradable estampa de sus líderes, Mariano Rajoy y Albert Rivera, anunciando con orgullo el pacto de Estado para intervenir la autonomía catalana.

Hoy, casí siete meses después, los dos escenifican su desencuentro en una reunión presencial en Moncloa. Rivera le pide a Mariano que mantenga el 155 y lo extienda a los organismos públicos de radiodifusión. Mariano le responde que el Senado no se lo permite y que solo puede asistir con parsimonia a la disolución del artículo.

La realidad es que el 23 de mayo se votarán los Presupuestos Generales del Estado, y el PNV ha condicionado su apoyo a que la intervención estatal en la Generalitat finalice de una vez. Esto es vital para un Partido Popular que aspira a renovar sus presupuestos un año más, y parece poco creíble que vayan a hacer algún movimiento para satisfacer las aspiraciones de Ciudadanos.

En este contexto de frialdad y desencuentro se mueven las relaciones entre los líderes. Mariano Rajoy llamaba a Rivera 'aprovechategui' en el Congreso por “fingir” su malestar con el gobierno por no vetar los votos a distancia de Comín y Puigdemont. “Creo que esta estrategia no le da ni un voto”, decía confiado; “más le valdría comportarse como el PSOE en lo que a Cataluña se refiere”.

Como consecuencia, Rivera decidía retirar el apoyo de su partido al artículo 155. “Si este Gobierno está más cómodo con los nacionalistas o con lo que marque el PNV o ERC, que se lo explique a los españoles, pero no va a contar con nosotros", llegaba a afirmar el presidente de Ciudadanos, con un enfado monumental.

La estrategia del catalán está clara. Las encuestas de voto le dan la victoria en las elecciones generales, y parece que ha llegado el momento oportuno para declararle la guerra a su principal contendiente, el Partido Popular. Lo dejará caer lentamente para que la corrupción y la inacción terminen por desprestigiar al partido de Mariano Rajoy ante sus propios votantes.

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Los movimientos que ha llevado a cabo en las Comunidades Autónomas donde apoya al PP así lo demuestran. No solo permitieron que otro dirigente conservador gobernara en Murcia tras la imputación de Pedro Antonio Sánchez, sino que han facilitado la investidura de Ángel Garrido en Madrid tras el escándalo de Cristina Cifuentes.

Lo que buscaba Rivera era, obviamente, desgastar el poder que desde hace años ha ido acumulando el partido de centro derecha en sus grandes feudos. Las elecciones municipales de 2019 se celebrarán dentro de un año, y Ciudadanos aspira a tomar el relevo en aquellas ciudades que ya se han cansado de las imputaciones de sus gobernantes.

Por otra parte, Mariano Rajoy no logra parar la sangría de votos que se “fugan” hacia otros partidos. “Los desgastes se remontan”, afirma. Y es que su idea es la de presentar a Podemos como principal rival, sosteniéndose en pactos puntuales con Ciudadanos y PSOE para terminar la legislatura con la cabeza alta. A partir de entonces, ya se verá.

Las encuestas llaman a un relevo generacional dentro del Partido Popular, empezando por el propio Mariano, pero el Presidente del Gobierno ya ha advertido de que mantendrá a sus ministros de cara al año que viene. La intención es continuar como hasta ahora, dándole el menor protagonismo posible a los sondeos y encauzando temas clave como la situación catalana o la actualidad europea.

En cualquier caso, las elecciones del año que viene serán una prueba de fuego no solo para el PP y para Ciudadanos, sino también para un PSOE desaparecido del ojo público, que comparte con Podemos el espacio de la marginalidad mediática.

El resurgimiento de la izquierda es una posibilidad que sigue viva. Sin embargo, la posición del PSOE, que se mantiene al lado del PP en la aplicación del 155, y las luchas internas de Podemos provocan que, a día de hoy, sea complicado dilucidar el futuro de un gobierno de izquierdas en los municipios españoles.

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