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'Con basket sí hay paraíso'

El desafío de Ricky

Nuestro aspecto a veces dice poco y a veces dice mucho de nosotros. Ricky Rubio, como si de un indígena Ute se tratara, se ha dejado el cabello más largo que se recoge en un moño y  presenta una barba más poblada que nunca.

Ricky Rubio
Ricky Rubio logró un doble-doble en la victoria de Utah ante Phoenix. | Reuters
  • Jordi Jiménez

Como si hubiera necesitado fortalecerse a través de su aspecto. El joven imberbe que llegó a Minnesota hecho un niño prodigio ha dado paso a este indio ute que marca su propio ritmo, que juega rápido cuando es preciso pero que ralentiza la cadencia para elegir mejor las diferentes opciones en un equipo con talento y solidario.

Ricky vive un momento de madurez en su baloncesto como jugador de la NBA. En su séptima temporada en esta liga,  madura en el estado mormón de Utah al abrigo de un equipo con pocas expectativas, poca presión, y cultura de equipo. Alejado de los principales focos de la liga, la salida de Minnesota hacia los Jazz de Utah tenía difícil pronóstico y no parecía lo más ilusionante del mundo.  El destino no tenía el peso de Cleveland como candidato para pelear por el anillo, ni tenía el glamour de Nueva York , otro destino que sonó, para ir a los Knicks, aunque del glamour no se vive en baloncesto es indudable que hay ciudades más apetecibles para vivir y con mercado y repercusión mayores.

Pero si de lo que se trata es de jugar a baloncesto y disfrutar en el empeño de hacer una buena temporada, Utah está resultando un éxito para Ricky, quien aparentemente no encajó con decepción su nuevo destino no elegido (como todos en la NBA salvo que seas agente libre). Ricky adquiere algo de paz tras unos tiempos convulsos en los que las pérdidas personales cicatrizan pero no desaparecen, viéndole parece como si Rubio hubiera encontrado a la vez ardor guerrero y paz de espíritu.  

Es más, en los últimos días casi se convierte en novedad ver a Ricky jugar un partido sin que sufra un mal empujón de un rival. El de El Masnou se ha visto envuelto en varias trifulcas en las que siempre ha sido sorprendente objetivo de sus rivales, ocurrió ante su ex equipo Minnesota con un feísimo empujón de su sustituto Jeff Teague que le mandó a las vallas, y ha vuelto a ocurrir ante los Suns con un empujón alevoso y absurdo de Dudley rematado por otro de Marquese Chriss llegando por detrás a traición. 

En fin, que si Ricky acaba estos días un partido sin recibir un faltón podemos congratularnos. Ricky no da tregua, su capacidad defensiva y sus brazos largos para robar balones son incansables, pero jamás ha sido un jugador antideportivo o sucio. De ahí que sorprenda ver tales reacciones contra él. De hecho en la última victoria ante Sacramento también hubo otra jugada parecida en la que no recibió una falta flagrante porque como en el caso de Messi no le alcanzaron, y por contra la recibió el compañero que iba junto a Ricky. Una de sus virtudes es el robo y salida en transición en la que es único. Pero Ricky está jugando mejor el cinco para cinco, y sigue amenazando con su tiro, su parte más débil, a pesar de que los rivales le pedían que tirara. El español está seleccionando los tiros y se juega algún que otro triple y no es extraño verle probar el medio rango tanto en estático como en movimiento, tanto directo como contra tablero. 

Y en esas en una lucha encarnizada por los playoffs, resulta que en el destino poco glamouroso de Utah, Ricky está ante la oportunidad de al fin jugar por primera vez en su carrera NBA los playoffs. Basta ver la reacción de sus compañeros tras ser embestido para saber que ese grupo es una familia. El comodín Ingles da mucha versatilidad a los Jazz y ofrece muchas salidas a Ricky, como el gigante Gobert o el rookie maravilla, Donovan Mitchell, con el que se entiende maravillosamente. Junto a ellos un gran escudero como Crowder, uno de esos jugadores que aportan en los intangibles.

Utah puede darle a Ricky lo que no fue posible en las seis temporadas anteriores en Minnesota. Ahora mismo son quintos del Oeste por detrás de Oklahoma, en una lucha tremenda de cinco equipos e incluso seis, a falta de 12 partidos. San Antonio, Nueva Orleans, Minnesota, Denver, Clippers pelean en esa lucha de playoff que los Jazz tienen muy factibles. Han de enfrentarse dos veces a los Warriors, y a San Antonio, Boston , e incluso  Minnesota y Clippers.

Ricky merece ya de una vez los playoffs y hacer un buen papel, ése es su desafío. Puede ser un punto de inflexión en su carrera, brillante sin lugar a dudas, pero sin las cotas que merece en la mejor liga del mundo. Ricky parecería un veterano por el tiempo que llevamos hablando sobre él, pero ocurre como en el caso de Nadal en tenis que empezó tan pronto, que aunque parezca que llevamos toda la vida con Ricky, sólo tiene 27 años. Le quedan dos años de contrato en Utah, lo que vaya a ser su futuro quizá dependa de estos playoffs. Con un contrato alto, 14 millones de dólares y otro año, los Jazz meditarán si apostar por él o tratar de sacar algo por el catalán la próxima temporada. Sean cuales fueren los caminos futuros de Ricky, Utah le ha sentado bien.  Como dice una oración ute: "tierra, enséñame el sufrimiento que las viejas rocas guardan en la memoria, así puedo saber lo que es el dolor, y elegir perdonar y ser libre". Ricky ha transformado el dolor en ardor para jugar y ser libre.

EL SUFRIMIENTO DEL ENTRENADOR

La noticia es de este lunes, el técnico de los Cleveland Cavaliers  Tyronn Lue da un paso al costado y deja el sufrido banquillo del equipo de Lebron James por motivos de salud. El deporte de alta competición soluciona una vida pero también puede acortarla o empeorarla. No es un tópico, es así.

Si hace unas semanas era un jugador, Kevin Love, el que compartía su ataque de pánico en un partido y hacía público cuánto le está ayudando ir a terapia y que recomienda a otros deportistas pedir ayuda si así lo creen, ahora es el técnico quien reconoce sus problemas de salud y deja por ahora el banquillo.

Sean de mayor o menor gravedad, lo que está claro es que el desgaste del entrenador en el deporte de élite es una realidad. Puede ser lo más apasionante del mundo, y algunos lo viven como privilegiados que aprovechan su oportunidad, la cogen con las manos y la aprietan fuerte, es una profesión que crea adicción. Pero no es menos cierto que es un mundo de sufrimiento que cada persona canaliza de una forma distinta, y con desiguales efectos en su salud. 

La llamada soledad del entrenador que llamaba Luis Aragonés puede ser tan adictiva como nociva. Sufrimiento callado, sufrimiento que no puede ser debilidad ante un grupo de jóvenes deportistas a los que hay que liderar, dirigir, escuchar, gestionar, ordenar, motivar, más la exigencia del club, de los dueños, de la afición, el desgaste de la imagen pública en los medios de comunicación. Nos da para otro capítulo. Sólo cabe esperar una feliz recuperación para Lue.

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