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Secuestrado, esclavizado y apaleado: el durísimo viaje de Idris de Camerún a España

Tiene 18 años y apenas lleva dos meses en España, pero pese a su corta edad ha vivido todo un infierno hasta llegar a Europa 

 
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El drama de la inmigración no frena. En lo que va de fin de semana, Salvamento Marítimo ha rescatado a 268 inmigrantes. Los últimos, 118 personas que viajaban a bordo de tres pateras localizadas en aguas del mar de Alborán. Son tan constantes las noticias de personas que llegan a España huyendo de su país que, al final, no nos damos cuenta de la historia personal de cada uno de ellos. En COPE te contamos la de Idris. Él es natural de Camerún, tiene 18 años y apenas lleva dos meses en España.

Idris se quedó huérfano desde muy pequeño y por una terrible circunstancia, le dejaron completamente de lado. "Vivía con mi madre y con mi padre, que murieron cuando yo era niño. Mi madre murió por sida y cuando esto sucede en mi país, todo el mundo te rechaza. Nadie te abre las puertas porque piensan que tú también estás enfermo", cuenta a COPE. 

Muchas de las personas que emigran a otros países lo hacen por miedo, por necesidad o por buscar un futuro mejor. Idris no. Él se va de su país porque no tenía a nadie. Se quedó completamente solo. "Nadie escucha tus explicaciones ni trata de comprenderte. Todos te rechazan, incluso mis tíos. Todos te dan la espalda y por eso tuve que irme al norte de Camerún", asegura. 

En el norte de Camerún no le esperaba un futuro mejor. La violencia y el terrorismo asolaban la zona. "Los bombardeos eran constantes. Un día, al regresar nuestro pueblo fue invadido y encontré a mi tía muerta. Y fue en ese momento cuando decidí ir hacia Nigeria". 

En ese momento decide emprender un viaje de varios meses. Ni él mismo sabe exactamente cuánto tardó. Idris necesitaba irse, necesitaba vivir mejor… Se merecía estar en un lugar en el que se respetasen los derechos humanos. Atravesó Níger, Nigeria, Argelia y Marruecos. Un viaje que no fue nada fácil. Un viaje en el que vio absolutamente de todo. "Violan a los niños, ves cuerpos y cadáveres por todas partes... El horror que has visto te empuja a no retroceder", dice. 

Durante esta durísima travesía, Idris fue secuestrado por grupos rebeldes, esclavizado, recibió brutales palizas y hasta tuvo que trabajar para poder pagar su libertad. Las mafias controlan toda la zona y es muy difícil escapar de ellas. "He pagado la tarifa normal. Te llevan por el desierto en moto. A veces, te agreden y te dejan en mitad de la nada solo", dice al borde de las lágrimas. 

Y de repente, cuando parecía que su travesía no tenía final, cuando creía que nunca iba a conseguir vivir en un país dónde se respetasen los derechos humanos, llegó a España y encontró a sus salvadores: los miembros de la Asociación Cardín. Ellos le volvieron a dar esperanza. "Si he llegado hasta aquí ha sido gracias a Dios. Espero que nunca nadie tenga que vivir lo que he vivido yo", cuenta. 

Allí está cómodo. Intenta llevar una vida normal. Todo lo normal que se puede. Tiene un horario que cumple rigurosamente: se despierta, ordena la casa, después desayuna y da clases de español. Más tarde, vuelve con el resto de inmigrantes, hacen deporte, juegan al fútbol, cenan y se van a la cama. Así día tras día. Él está bien, pero sabe que esa vida tiene fecha de caducidad y debe mirar hacia el futuro. "Aquí te dan tres meses y después tienes que organizarte si tienes algún contacto en Europa con el que puedes vivir. Obtener la residencia no es fácil. Yo tengo un hermano en París y es allí donde quiero ir", dice esperanzado. 

Idris, como todos, tiene sueños. Y quiere que, por fin, se cumplan. Quiere estudiar para hacer un mundo mejor y continuar su formación para ser marino. Él solo piensa en el futuro, en las oportunidades que están por venir. Quiere olvidar el pasado y nunca más volver a Camerún. Idris dice que no es fácil y que es muy triste decirlo pero, él, ya no tiene a nadie. Solo él puede construir su futuro.

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