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CRISIS CATALUÑA

Simulacro en la Audiencia Nacional, realidad en el Supremo

Nieves Albarracín,Madrid, 26 mar (EFE).- La mañana del ya histórico viernes 23 de marzo jueces y fiscales de la Audiencia Nacional desalojaban su sede por un simulacro de incendio. Quedaban agrupados unos minutos antes de volver a sus puestos en la explanada del parque de Villa de París, frente al Supremo, donde, a esa misma hora, nada era simulado.,Una nueva huida, la de Marta Rovira, prendía la mecha de un día incendiario para el "procés", convertido en auto de procesamiento de los miembros de

  • Agencia EFE

Nieves Albarracín

La mañana del ya histórico viernes 23 de marzo jueces y fiscales de la Audiencia Nacional desalojaban su sede por un simulacro de incendio. Quedaban agrupados unos minutos antes de volver a sus puestos en la explanada del parque de Villa de París, frente al Supremo, donde, a esa misma hora, nada era simulado.

Una nueva huida, la de Marta Rovira, prendía la mecha de un día incendiario para el "procés", convertido en auto de procesamiento de los miembros del Govern cesado con los mismos argumentos por los que les imputó y envió a prisión por primera vez la juez Carmen Lamela, de la Audiencia Nacional.

Visto hoy, lo de Lamela parece un simulacro de la contundente decisión de Llarena de procesar por rebelión a 13 implicados en el "golpe" catalán y tener a nueve en prisión hasta el juicio.

Ella, que mantiene en sus manos los designios judiciales del más famoso mayor de los Mossos, Josep Lluís Trapero, fue quien por primera vez les llamó a declarar el 2 de noviembre. También a Carles Puigdemont, que había huido días antes, cuando se daba a conocer la querella por rebelión del fallecido fiscal general José Manuel Maza.

Ese 2 de noviembre mandaba a prisión a Oriol Junqueras y a 7 exconsellers más -Joaquim Forn, Jordi Turull, Josep Rull, Meritxell Borràs, Raül Romeva, Dolors Bassa y Carles Mundó-. Decisión que se tildó de valiente y desproporcionada a partes iguales.

Empezaba a prender la llama del incendio judicial del "procés", hasta que pareció querer apagarla Llarena cuando se quedó la causa el Supremo.

Comenzó excarcelando a todos, menos a Junqueras, Forn y los "Jordis" -a los que Lamela mandó a prisión el 16 de octubre-, lo que se llegó a interpretar como una desautorización a su compañera de la Audiencia Nacional.

Instauró incluso la "doctrina Forcadell", una vía de penitencia que aplicó por primera vez a la entonces todavía presidenta del Parlament, que en su primera declaración ante un juez por el 1-0 acabó renegando de la vía unilateral de independencia para eludir la cárcel. Quedaba comprobar, eso sí, el grado de arrepentimiento, pero se abría a otros la puerta de la redención para la excarcelación.

Anuló también la euroorden cursada por Lamela a Bélgica para la entrega de Puigdemont, enmendando de nuevo, aparentemente, una iniciativa de la magistrada.

Con el procesamiento, todas esas decisiones de la juez de la Audiencia Nacional se han visto refrendadas. Con prisiones preventivas y ordenes de detención, Llarena ha convertido en realidad el simulacro de Lamela.

Una realidad que se imponía el domingo con la detención del expresident catalán en Alemania y que culminará con el juicio al Govern cesado.

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