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Un piloto del 43 Grupo en Llutxent: “Intentamos atacar los puntos más activos del incendio”

El capitán Miguel Maroto dice que “la zona es muy escarpada con muy difícil acceso para medios terrestres” 

 

Dos aviones del 43 Grupo del Ejército del Aire están colaborando en la extinción del incendio en la localidad valenciana de Llutxent. El capitán Miguel Maroto, uno de los pilotos que está participando en estas labores, ha dicho -en declaraciones a COPE- que “en un incendio como éste, en el que la zona es muy escarpada con muy difícil acceso para medios terrestres, la labor de los medios aéreos es fundamental” porque si no sería muy complicado actuar sobre las llamas. Ha explicado que intentan “atacar los puntos más activos del incendio, pero son los que más humo generan y sobre lo que es más difícil actuar”:

El piloto del 43 Grupo cuenta que no hay focos muy distantes, pero sí “dos zonas diferenciadas en el incendio activas, una más en el noreste y nosotros tenemos asignada la zona suroeste”. Los hidroaviones del Ejército del Aire están cumpliendo su misión “con relativa normalidad” porque, a pesar de “la mala visibilidad por el humo, no supone una mayor complicación”.

Las aeronaves del Ejército del Aire que están ayudando a apagar el fuego en Llutxent están recogiendo agua en el pantano de Beniarrés, a 20 kilómetros de la zona del incendio. Pueden cargar hasta 6.000 litros. Suelen volar a unos 1.000 pies sobre el terreno -alrededor de 300 metros-, y están descargando el agua desde una altura de sólo 20 metros.

El 43 Grupo dispone de aviones Canadair 215 y Bombardier 415 de fabricación canadiense, modelos con los que operan desde 1971. La tripulación básica cuenta con un piloto, un copiloto y un mecánico de vuelo. Los pilotos tienen una limitación diaria de vuelo de nueve horas, y suelen dividirse en dos períodos de cuatro horas y media.

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El capitán Miguel Maroto asegura que en esta tarea de extinción desde el aire “se corren los riesgos inherentes a nuestra operativa al volar bajo, en zonas muy congestionadas de tráfico aéreo -al haber varios medios actuando en un incendio-, la propia orografía que hay que salvar, y la poca visibilidad que genera el humo, pero son condiciones a las que estamos acostumbrados y para las que hemos practicado”. Según el piloto, “a veces se generan turbulencias por el calor, que resultan incómodas”. Inmediatamente añade que “los aviones están acondicionados y no entraña mayor riesgo volar con temperaturas elevadas”.

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