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ANDRÉS NEUMAN (Entrevista)

Neuman: memoria colectiva no debe elegir entre seguir adelante y mirar atrás

Madrid, 7 feb (EFE).- El escritor Andrés Neuman aborda en su última novela, protagonizada por un superviviente de la bomba atómica que huye de su pasado, las complejidades de la memoria histórica colectiva: "Nos quieren vender la falsa dicotomía de que hay que elegir entre mirar hacia atrás o seguir adelante".,"Fractura", editado por Alfaguara, arranca con el terremoto previo al accidente de Fukushima, el 11 de marzo de 2011, que removerá la memoria del señor Watanabe, un superviviente por parti

  • Agencia EFE

El escritor Andrés Neuman aborda en su última novela, protagonizada por un superviviente de la bomba atómica que huye de su pasado, las complejidades de la memoria histórica colectiva: "Nos quieren vender la falsa dicotomía de que hay que elegir entre mirar hacia atrás o seguir adelante".

"Fractura", editado por Alfaguara, arranca con el terremoto previo al accidente de Fukushima, el 11 de marzo de 2011, que removerá la memoria del señor Watanabe, un superviviente por partida doble de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki.

Un personaje que huye de su memoria y de lo que experimentó cuando era un niño pero que se irá topando a lo largo de su vida con "la basura nuclear que los países esconden debajo de sus alfombras", como explica el autor argentino residente en España Andrés Neuman (Buenos Aires, 1977) en una entrevista con Efe.

Neuman realiza con este libro un recorrido sentimental y político por la historia del siglo XX en ciudades como Tokio, París, Nueva York, Buenos Aires o Madrid a partir de los relatos de cuatro mujeres que han mantenido en esos años una relación sentimental con el señor Watanabe.

"Escapar del pasado es metafísicamente imposible. La cuestión es qué se hace con él: si uno opta por la negación del pasado, sin ninguna duda volverá como un fantasma y nos apuñalará por la espalda. No hace falta hablar de política para saber que esto ocurre, basta con trasladarlo a territorios íntimos e incluso amorosos", señala el escritor.

En la novela se refleja también la creciente afinidad que siente Watanabe por el ancestral arte del kintsugi, consistente en reparar la cerámica rota realzando con oro o metales preciosos sus grietas, una metáfora de cómo el protagonista puede hacer emerger la belleza de las cosas rotas.

Con esta metáfora el autor combate la lógica de usar y tirar y resume las complejidades de la memoria histórica: "nos quieren vender la falsa dicotomía de que hay que elegir entre mirar hacia atrás o seguir adelante. El kintsugi enseña que ambas cosas forman parte de lo mismo" y cómo la memoria colectiva no tiene que elegir entre seguir adelante y mirar atrás".

Otro de los temas centrales de la novela es la energía, "un fluido al que no se le pueden poner fronteras" y la capacidad de contagio de los grandes acontecimientos que ocurren en el mundo, indica Neuman, un autor traducido a 20 idiomas, ganador del premio de la Crítica y del Alfaguara de novela, y finalista del Independent Foreign Fiction Prize y del Herralde.

"Es absurdo y autodestructivo para nuestra especie dividir las tragedias que se parecen por nacionalidades y por eso hice viajar al personaje para ir encontrando los hilos en común entre determinados acontecimientos que parecen lejanos unos de otros", indica.

Así, recuerda, el accidente de Fukushima ocurrió 25 años después del de Chernobyl y, después, ha promovido el debate sobre la central nuclear española de Garoña, en Burgos; sobre el proyecto de una central nuclear en la Patagonia argentina o sobre el cementerio nuclear en Villar de Cañas, en Cuenca.

La novela, más que dar un discurso sobre ecología, pone en escena "conflictos humanos en un marco donde hay tensiones energéticas y se habla de la energía como metáfora de otras cuestiones que tienen que ver con la familia, el amor o la memoria", destaca el autor.

"Jamás daría un sermón sobre nada, porque de ningún modo pretendo adoctrinar a nadie, pero sí recordar que ciertas cuestiones que están interesadamente omitidas porque hay otros temas de actualidad que resultan más cómodos", señala Neuman.

Y es que, dice, "tendemos a confundir la actualidad con el presente pero mientras la primera dura 48 horas, el presente se conecta con el pasado y tiene consecuencias en el futuro".

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