También en directo
Ahora en vídeo
  • megabanner_1:No existe configuración de publicidad para el slot solicitado
BATALLA DEL EBRO (Entrevista)

Martínez Reverte: La Batalla del Ebro fue la más española de toda la guerra

Concha Barrigós.

  • Agencia EFE

Concha Barrigós.

El 25 de julio de 1938 comenzó en la provincia de Zaragoza la Batalla del Ebro, la mayor de la Guerra Civil, "la decisiva", con un costo de "más de 600.000 muertes" y, según explica en una entrevista con EFE el escritor Jorge Martínez Reverte, "la más española" porque participó "gente de todo el país".

Hace 80 años, a las 02:30 horas del 15 de julio, el asistente de Juan Yagüe (1891-1952) despierta al general falangista. "Los rojos han pasado el Ebro". "Gracias a Dios. Todos a sus puestos", exclama el militar, dispuesto a que aquella sea la lucha que de la victoria definitiva a las fuerzas de Franco.

Con esas palabras se desata "la madre de todas las batallas" de la Guerra Civil, la más larga -de julio a noviembre-, en la que más combatientes participaron, la más sangrienta, ocurrida en un tramo entre la Tierra Alta de Tarragona y el oriente de Zaragoza, y que supuso la internacionalización del conflicto, con la presencia de las Brigadas Internacionales.

Martínez Reverte (Madrid, 1948), hijo de un cabo del Ejército Republicano, es el autor de un texto imprescindible sobre los hechos, "La Batalla del Ebro" (2006), en el que, apoyado en relatos de primera mano y cerca de 400 imágenes, radiografía ese momento trascendental de la historia de España.

Con todo el tiempo transcurrido y consciente de que esta será la última conmemoración de década en la que habrá supervivientes, le habría gustado tener aún más testimonios personales, "porque al final lo que importa es la gente y cómo vivió esos hechos tan dramáticos", argumenta en una entrevista con EFE.

Los testimonios de los combatientes, asegura, le hicieron "cambiar todo" lo que había pensado hasta entonces sobre lo ocurrido, "desde el planteamiento de la batalla hasta la forma de sobreponerse a ella".

Tras estudiar "del derecho y del revés" la Guerra Civil, lo que más le sorprende de esa batalla es "que se hiciera" porque, sostiene, "ya no había ninguna posibilidad de que los republicanos ganaran la guerra".

Después de 28 meses de guerra, recuerda en su libro, los "alzados" ocupaban una parte considerable de España y sus fuerzas amenazaban Valencia tras cortar en marzo la zona republicana.

El presidente de la República, Manuel Azaña, que solo siete días había pronunciado su discurso "Paz, piedad y perdón", creía que la República no podía ganar la guerra pero el socialista Juan Negrín, presidente del consejo de ministros y ministro de la Guerra, junto con los comunistas, sus más fieles aliados, opinaba lo contrario.

Querían convencer a los gobiernos democráticos de que no habían perdido la guerra y que había que prolongarla hasta que se desatara el conflicto europeo que parecía inevitable de forma que su lucha quedaría enmarcada en un contexto de lucha contra el fascismo, recuerda Martínez Reverte.

El general Vicente Rojo, jefe del Estado Mayor de las fuerzas republicanas, en sintonía con Negrín, diseñó un plan consistente en volver a pasar el río Ebro y atraer hacia esa zona a las tropas que acosaban Levante.

En el plan del general Rojo toda la responsabilidad recaía sobre el teniente coronel de milicias Juan Modesto, al frente de dos cuerpos de ejército compuestos de 100.000 hombres mandados por dos militares de milicias comunistas como él: Enrique Líster y Manuel Tagüeña. Otro comunista, Edelvino Vega, actuaría en el norte del río con un tercer ejército.

De aquél ejército formaba parte la llamada Quinta del Biberón, una leva de 27.000 jóvenes nacidos en 1920.

La consigna del mando republicano era "ríos de sudor para evitar ríos de sangre" y a la maniobra del paso del Ebro dedicaron cientos de horas de instrucción. Enfrente tenían a 40.000 hombres del ejército marroquí mandados por Yague.

La noche del 24 al 25 de julio de hace 80 años no había luna, hacía un calor sofocante y el río bajaba sereno. En su orilla izquierda, miles de hombres, emboscados, con un fusil, cinco granadas de mano y las cartucheras con 50 proyectiles, aguardaban órdenes, que llegaron a las 00:15 horas.

Tras cruzar el río, los republicanos conquistaron 800 kilómetros cuadrados en 24 horas. Llenos de moral inquebrantable por su audacia, rapidez y sorpresa soñaban con ir más allá de Vilalba y Gandesa, pero el frente se estabilizó y se hizo rutina el castigo de la artillería, los asaltos, los cadáveres destrozados y quemados por el sol sin recoger... Solo en aquella primera semana se perdieron 12.000 vidas.

Nada "obliga" a las nuevas generaciones a conocer lo que fue aquella batalla pero deberían saber, dice Martínez Reverte, que no sirvió para nada, aparte de provocar más de 600.000 muertes: "La guerra es absurda", recalca.

Lo más visto

  • Letf1:No existe configuración de publicidad para el slot solicitado