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Artículo de Julio Martínez

Via libre al Olimpo

Dos carreras casi a la par. Dos afluentes que se han retroalimentado y que han nutrido el río de la Tauromaquia. Dos temporadas especiales. 20 años de carrera uno; curso de luto para otro

EUROPA PRESS Jornada de Toros en Feria de sevilla
8ª DE ABONO EN SEVILLA. ENRIQUE PONCE, EL JULI Y ALEJANDRO TALAVANTE | Europa Press
  • Julio Martínez Romero / Foto Cordon Press

Un ganadero se fue al cielo. Un señor ganadero. Y un toro se quedó en la tierra. Un señor toro seguirá pisando la dehesa. Otra vez Orgullito. Una ganadería no es un capricho. Indultar en Sevilla no es baladí. Garcigrande no es García, tampoco es el toro canónico –digamos grande- para los puristas. Es el toro superlativo para los profesionales. Es el toro que le gusta al López. A Julián López "El Juli". Es el mejor burel de la piel de toro rojigualda.

En una de sus temporadas más especiales, vigésimo aniversario de alternativa, El Juli había recibido el ninguneo de varias empresas. En Sevilla se quitaría los pesares. O más bien se los cedería a aquel que optó, con dudosa pericia, por dejarlo fuera de según qué sitios.

Qué faena. Qué toro. No hace mucho escribí de un ganadero de perfil, de lo que es la ortodoxia de un ganadero. Ya hablé de un Orgullito. Con orgullo y pasión, y cierta devoción, hablo de un hermano y tocayo suyo. Otro señor toro. Aquel fue en una fecha señalada. El centenario del coso de Albacete. Este familiar suyo se presentó en Sevilla calmado; en otra tarde, a priori, de esperado triunfo. Si algo tiene la Tauromaquia es poca paciencia. No es una arte de espera. No va con los deberes hechos. Su longanimidad es lo que la hace diferente.

Los 12.000 que se sentaron en La Maestranza estarán de acuerdo. Y el grueso de la afición coincide. Mejor o peor. Más o menos bravo. La suerte de los toreros será nuestra suerte se suele decir en la previa. Con extra de ginebra y exenta de bengalas. Sin tifos y con puros de gallarda envergadura. Esa suerte fue global. Ese toro fue ejemplar. Y ese Juli... No sé puede torear mejor -quizá en sueños-, pero de esta faena no consiguen alterar el recuerdo eterno ni los haters. Muchos que lo vieron gotearon. De los ojos digo. Algunos quizá más.

Dichosos aquellos que vieron torear a Julián y vieron a Orgullito embestir. Ese es el toreo. Eso es lo que buscan todos los que algún día se enfrentan a sus padres con la idea de ser toreros. No para torear así ni para enfrentarse a ese toro. Lo que anhelan es la grandeza que desprende cada instante. Julián es espejo. Es torero de toreros. Garcigrande es luz. Es ganadería de ganaderos. El toreo es gloria y muerte. Triunfó la vida. El nombre de Orgullito se ha terminado de encumbrar. El Juli le ha hecho hueco en la cumbre del toreo, donde reside cómodamente. Aquella que surcan los de verdad. Los que llevan toda la vida. Las figuras. Eso es El Juli. 20 años de figura del toreo. Un héroe de carne y hueso que tiene vía libre al Olimpo.

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