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Xavier Aldekoa: “Han violado a chicas en Sudán del Sur a cien metros de la base de la ONU”

Hablamos sobre migraciones, terrorismo y esperanza en África con uno de los periodistas que mejor conoce el continente 

Xavier Aldekoa en Kampala (Uganda)
  | Alfons Rodríguez

Xavier Aldekoa lleva media vida recorriendo África como periodista, como corresponsal de La Vanguardia y colaborando para distintos medios a lo largo de los años, entre ellos la Cadena COPE. Ha cubierto conflictos como los de Somalia, República Democrática del Congo, Sudán del Sur o Mali. Además es autor de dos libros sobre el continente: Oceáno África (2014) e Hijos del Nilo (2017).

-Últimamente se habla mucho de África por el tema de los refugiados...Parece que siempre se habla de África es de forma negativa.

-Bueno, yo creo que más que negativa, que también, se habla de lo que nos toca, nos afecta. Se habla del ébola cuando se contagia un español, y se habla de migraciones africanas cuando se empiezan a ahogar en nuestras orillas. El centro siempre se pone en el ombligo europeo. Luego las noticias acostumbran siempre a ser más noticia cuando es algo negativo. Pero sí que es verdad que se da una visión negativa de África. Se habla más del hambre, de las guerras, de los dramas, y no tanto de esa otra África que crece, que mejora, y que tiene unos deseos de salir adelante muy fuertes y los está llevando a cabo.

-En el caso de lo que pasa en el Mediterráneo, hablamos de una situación en la que están muriendo personas, y sin embargo parece que los gobiernos actúan por intereses electorales.

-Es una cuestión de valores de la Unión Europea. Yo creo que está en los cimientos de la creación de la Unión Europea, se crea por una cuestión de valores, un intento de convivir en paz. Y ahora, por miedo a perder ciertos privilegios, se actúa con una ausencia tremenda de valores, ya sea haciendo más altas las fronteras o directamente no dejando pasar a los migrantes que buscan una vida mejor o huyen de una situación muy complicada. Y ya el súmmum es no dejar ni siquiera que los rescaten por una situación humanitaria en el mar. No ya ellos mismos, sino incluso no dejar a las oenegés que lo hagan.

“Por miedo a perder privilegios, se actúa con una ausencia tremenda de valores en el tema de los refugiados”

-Hay un concepto del que se habla mucho en Europa, que es el 'efecto llamada'. Si acoges, por ejemplo, a los inmigrantes del Open Arms, parece que eso va a hacer que haya más que quieran venir a España. ¿Existe de verdad ese 'efecto llamada'?

-No, no. Porque además, los inmigrantes salen con mucha antelación. Las rutas migratorias muchas veces duran dos años, y van trabajando por el camino. Es verdad que ellos buscan las rutas con más posibilidades de éxito. Si eso significa ir a Libia, es la que siguen. Si dicen que Marruecos y el Estrecho se ha abierto más, van hacia allí. Pero cosas tan concretas como el Open Arms no tienen repercusión directan. Ellos buscan un futuro, algunos tienen más o menos claro, pero no demasiado, que quieren ir a Francia o a Alemania, pero no es un efecto llamada directo.

-La mayoría de estas personas están partiendo desde Libia, que es un país que tenía un gobierno y se descabezó. Y ahora está sumido en el caos. 

-Libia es un agujero por el que se filtran un montón de migrantes y refugiados de todo el mundo. Estuve en la zona siguiendo las migraciones africanas en los últimos meses, desde Gambia, Senegal, Mali, Níger... Y la verdad es que lo que te describe la gente que ha conseguido regresar desde Libia es un pozo inhumano. Esclavitud, secuestran a la gente y llaman a sus familias para pedir rescates mientras les torturan. Piden hasta 500, 700 euros...El desgobierno es tremendo. Lo que habría que hacer es arreglar Libia, pero lo veo también muy complicado. Las consecuencias de sacar a un dictador como Gadafi, que era también despiadado, pero tenía un control en la zona, han llevado el caos a la región. No solo en Libia, sino también en países como Mali, que tiene una guerra desatada. Todo el aumento del yihadismo en la zona del Sahel está relacionado con la caída de Gadafi.

“Libia es un pozo inhumano de esclavitud y secuestros”

-Somalia lleva casi 30 años en una situación similar a Libia y no parece que avance demasiado...

-Somalia es producto y herencia de la Guerra Fría, en la que ambos bandos, la URSS y Estados Unidos armaban a Etiopía y al dictador Barre (de Somalia) porque les interesaba. Y cuando cayó el Muro de Berlín y aquello dejó de interesarles, aquello fue un polvorín. Porque estaba lleno de armas, lleno de clanes que habían sufrido la mano dura de Barre. A finales de los 90 hubo un intento de crear un gobierno, unos tribunales islámicos. Pero a Estados Unidos no le interesaba que hubiera un gobierno islámico radical, pero no yihadista, así que ayudó a Etiopía a que se lo quitara de en medio. La situación es muy complicada, cada dos o tres semanas hay atentados. Hay muchas partes del país en poder de Al-Shabab y la gente sufre las consecuencias.

-Parece que a veces la OTAN, u Occidente interviene en Estados y luego los abandona a su suerte.

-Bueno, también es la capacidad limitada que tiene la OTAN para cambiar las cosas. También ocurre con los Cascos Azules en varias partes de África. En la República Democrática del Congo, donde tiene la misión más grande, no solucionan mucho, incluso se les acusa de mirar a otro lado cuando hay matanzas a poca distancia de donde están. Eso mismo yo lo he visto en Sudán del Sur, donde violaban a chicas a cien metros de la base de la ONU donde estaban refugiadas y no hicieron nada. La limitación de estas misiones extranjeras tiene mucho que ver con la voluntad. Se necesita una intervención decidida y sobre todo tener un plan. 

“No existe un ‘efecto llamada’. Las rutas migratorias duran años”

-Hay un discurso que se oye mucho, que es que más vale un dictador "blando" que controle la situación que dejar a los pueblos africanos que se gobiernen solos. Pero hay países como Túnez que parece que están teniendo una transición democrática real. ¿Se puede aspirar a que la democracia se extienda mayoritariamente por África?

-Yo creo que sí. La mala democracia es muy peligrosa, pero la buena democracia va de la mano de la educación. Cuanto más educada sea la sociedad, y los jóvenes africanos están cada vez más educados, más fácil es que funcione. El discurso de que un dictador es mejor, porque no se saben organizar...Me parece terrible. Porque lo mismo podrían haber dicho de España hace años desde el extranjero. "Bueno, es que los españoles si no tienen un dictador no pueden salir adelante". Pues imagina qué barbaridad. Lo que hay que evitar es tantas injerencias extranjeras. A veces las compañías extranjeras prefieren a un dictador, que sea corrupto, pero con el que pueden hacer negocios. La historia está llena de eso. Sankara en Burkina Faso, Lumumba en Congo o incluso Mandela en Sudáfrica son tipos que intentaron cambiar el statu quo, las relaciones injustas, y los pagaron. Los dos primeros con la muerte y Mandela con 27 años de prisión.

-Zimbabue está ahora mismo en esa encrucijada. ¿Crees que puede avanzar hacia la democracia de verdad?

-Estamos en un momento muy interesante, porque Mugabe ha salido del poder. Es verdad que salió porque los militares lo echaron porque su mujer estaba intentando tomar las riendas. Pero vamos a ver. El 31 de julio hay elecciones y por primera vez la oposición tiene posibilidades de decir algo. Vamos a ver cuán real es esa democracia. Las democracias huecas crean mucha frustración y son el inicio de conflictos. Si Zimbabue aprovecha este cambio para ir hacia mayor libertad, será positivo. Si no, me temo que puede ser una nueva fuente de conflicto.

“He visto cómo violaban chicas en Sudán del Sur a cien metros de la base de la ONU”

-¿Botsuana puede servir como modelo de desarrollo a otros países de la zona?

-Botsuana tiene sus particularidades. Es un país con el doble de tamaño que Francia y con solo dos millones de habitantes, tiene diamantes...Tiene problemas con los san, a los que quieren echar. Pero sí, es un ejemplo de buena gobernanza, tiene unos índices de corrupción muy bajos. Pero no es el único. Namibia, Seychelles, Cabo Verde, Senegal...Son buenas noticias en el continente, son países que avanzan también. Ruanda también, con el enorme pero que supone la ausencia de libertad. Pero sí, esos países son la otra cara del continente.

-Sudáfrica, que tu conoces bien, está también en transición, con la salida de Zuma del poder entre acusaciones de corrupción. ¿Crees que se puede limpiar un país que ha tenido muchos problemas de corrupción en los últimos años?

-Hay que ser justos con Sudáfrica. Es un país que está muchísimo mejor que hace 30 años, cuando tenía el peor régimen racista del mundo. Los negros no podían ir a algunos barrios, no podían sentarse en algunos bancos, no podían ir a algunas playas...Y ahora es un país que tiene libertades. Es verdad que ha tenido una generación de políticos, encabezados por Zuma, que no luchaban por el país, sino por sus intereses. Y la corrupción se ha empantanado en el país y en sus dirigentes. El propio Congreso Nacional Africano lo ha intentado solucionar de manera democrática. Hay que ver qué pasa con Ramaphosa. Es todo lo contrario a Zuma. Es verdad que viene del sindicalismo, pero es uno de los hombres de negocios más importantes del país. Eso da mucha tranquilidad a los mercados, porque la economía de Sudáfrica estaba fatal. Y tiene ese perfil de ser un tipo honesto, porque tiene mucho dinero y no necesita ser corrupto. No tiene un perfil tan populista como los anteriores, pero a lo mejor es lo que necesita Sudáfrica.

“El discurso de que necesitan un dictador porque no se saben gobernar es terrible. Imagina que hubieran dicho eso de España hace 80 años”

-Antes has hablado del ébola. ¿Estamos preparados para frenar un nuevo brote?

-Depende de dónde se produzca. La cuestión del ébola fue tan fuerte en Guinea, en Liberia y en Sierra Leona porque son países pequeños, con una red sanitaria devastada por la guerra, y con las fronteras muy porosas. Hay muchas familias que viven a ambos lados de la frontera, que a veces es un río o un trozo de tierra simplemente. Pero cuando ocurre en países como la República Democrática del Congo, en una aldea aislada, la reacción es rápida. Se ha aprendido a reaccionar, pero no a construir una red sanitaria para que eso no suceda.

-Otro gran problema es el terrorismo. ¿Cómo está la situación con Boko Haram?

-La situación sigue siendo dramática para los que la sufren. Es verdad que ha habido cambios, ahora estamos en una guerra de guerrillas. En 2009, empezó a desmadrarse la situación, hasta 2014, cuando llegó a su apogeo y Boko Haram llegó a controlar un territorio del tamaño de Bélgica. El gobierno de Nigeria no se atrevía ni siquiera a entrar y Boko Haram se expandió a los países vecinos. A Níger, Chad y Camerún. Ahora, poco a poco, se está controlando la situación por los países implicados y están echando a los yihadistas de las ciudades. Pero siguen controlando grandes territorios. Hay muchas carreteras que son muy peligrosas y hay trayectos de 70 kilómetros que hay que hacer en helicóptero. Imáginate el terror de la gente que vive allí. Además los gobiernos de Camerún y Nigeria tienen una forma brutal de afrontar el problema. Se hacen ejecuciones sumarias y la población está en una situación en la que no sabe a quién acudir. Todo esto es terreno abonado para que la situación no se solucione pronto.

-Hubo un momento en que este conflicto tuvo mucha presencia mediática, con las niñas de Chibok, pero después parece que se ha olvidado.

-Sí, ahí hubo una explosión de interés y después cuando las liberaron. Aún quedan 113 desaparecidas, aunque dicen que algunas pueden haber muerto, y a las otras las tienen en un campus universitario de Yola. Las están enseñando a leer y escribir a las que no sabían, pero en una situación de reclusión. Porque son una herramienta política del Gobierno nigeriano y también de Boko Haram si consigue volver a secuestrarlas. Este es un ejemplo del desinterés en África. Se produce un boom, una cuestión se hace viral y luego se olvida. Pero muchas veces se olvidan las causas de estos secuestros. En este caso, la policía nigeriana, lo que hace para hacer salir de sus escondites a los de Boko Haram es secuestrar a sus esposas y niños y luego matarlos. Como venganza, Boko Haram secuestra a mujeres de una caserna militar policial. Y a partir de ahí, se dan cuenta de que necesitan esposas para regalarle a sus milicianos. Es una zona muy pobre, en la que para casarte necesitas pagar una dote que nadie puede pagar. Boko Haram secuestra, mujeres, niñas, y se las regala a los que se alisten con ellos. Además les regala una moto, dinero...Y la gente se alista. Esto es un horror. No puede ser que un país como Nigeria, el segundo país más rico de África, tenga personas en esta situación de desesperación. Porque esto abona el terreno para los grupos terroristas. 

“En República Centroafricana hay una lucha por el poder. La cuestión religiosa se utiliza para ganar adeptos”

-De primeras, este conflicto, como el de República Centroafricana, parece que tiene raíces religiosas. Pero también hay razones étnicas detrás, ¿no?

-Yo creo que tanto la religión como la etnia son secundarias en estos conflictos. Al final es una lucha por el poder. Mohammed Yusuf, el fundador de Boko Haram, estaba apoyado por tipos muy poderosos del norte que querían poner a alguien de su agrado en el poder. La cuestión religiosa, la cuestión identitaria es totalmente secundaria, solo se utiliza para captar adeptos a la causa. En República Centroafricana pasa lo mismo. Estamos hablando de un país que ha tenido unos gobiernos tremendamente frágiles por la mala descolonización francesa y se sucedían los golpes de Estado. Los presidentes lo que hacían era tener una guardia presidencial y el resto del Ejército era muy débil. Cuando llegan los mercenarios del norte, atraviesan el país muy fácilmente, porque nadie está dispuesto a defender al presidente. Y en esa lucha por el poder, se van creando facciones, los del norte son musulmanes y los del sur cristianos-animistas y cada uno escoge bando. Pero es una cuestión muy humana. Si nosotros nos sentimos atacados, lo que normalmente haces es juntarte con los tuyos, con los que te sientes más protegido. Con los que son tu comunidad. Y a eso le puedes llamar raza, religión, idioma...Creo que es una reacción bastante humana el intentar juntarte con los que te sientes más protegido.

-Una cosa que sorprende mucho cuando no conoces África es cómo los pagos a través del móvil se están imponiendo, por ejemplo en Kenia. ¿Existe también una África que innova, que está tecnológicamente avanzada?

-Totalmente. Es que además es la que más ves en la calle. M-Pesa, que es la empresa que permite estos pagos con el móvil, está totalmente extendida, no solo en Kenia, sino en países de alrededor, en los que todo el mundo paga con el móvil. Hay apps de tecnología e innovación en Somalia, Chad, Senegal...grupos de ciberactivismo en Congo, Burkina Faso...Hay un montón de innovación. Y también la cuestión cultural está en total ebullición. Lo ves en el cine nigeriano, en el teatro, las expresiones musicales... Es un continente tremendamente vivo. En expansión demográfica, cultural, económica y educativa. 

-Se dice mucho que África es el futuro...¿Qué futuro tiene África? 

-Pues depende de los países. Si me dices: "¿Qué futuro tiene Sudán del Sur o República Centroafricana?" Pues no les veo un futuro demasiado alentador. Pero si me preguntas qué futuro tiene Etiopía, que ahora está cambiando de rumbo, está abriendo el puño con los disidentes, que ha abierto relaciones con Eritrea, pues soy mucho más optimista. Países como Botsuana, Namibia, Senegal, Ghana, Sudáfrica...son buenas noticias. Otros lugares, menos. Nigeria es un país al que le cuesta mucho. Con Camerún, que tiene problemas de terrorismo e independentismo y un presidente, Biya, que está desde 1982 en el poder, pues soy poco optimista. Pero claro, hay países como Uganda, que hace nada estaba en guerra, que tenía un dictador como Idi Amin y ahora es un país que está en paz y avanza. Y también habrá países que me sorprenderán para bien, y habrá otros que ahora están bien y de repente cambiarán. Pero eso también ha pasado en Asia. No tiene nada que ver el crecimiento que han tenido China o Singapur con el que ha tenido Laos. 

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