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SEMANA SANTA (Crónica)

Del silencio que se siente al estruendo, la "rompida" vuelve a estremecer

José Luis Sorolla

  • Agencia EFE

José Luis Sorolla

Un silencio que se deja sentir en los cientos de presentes con sus tambores y bombos, solo interrumpido por el llanto de algún bebé, se apodera de la plaza del Ayuntamiento momentos antes de que el alabardero, a toque de corneta, de la señal para "la rompida de la hora".

Un año más se ha cumplido la tradición en todas las poblaciones turolenses que conforman de la Ruta del Tambor y el Bombo, que cuenta desde 2014 con el reconocimiento de Fiesta de Interés Turístico Internacional.

Del silencio se pasa al poderoso estruendo de tambores y bombos, primero acompasados al particular toque de cada población, después cada pequeño grupo tratando de imponer sobre el resto la potencia o calidad de su toque, que seguirán sonando sin descanso por todos y cada uno de los rincones de las calles.

Tal es el silencio que hasta el sonido de la manecilla de los minutos se oye saltar a la hora en punto antes de que las doce campanadas señalen el definitivo cambio de día y el comienzo de la celebración.

Los corazones, que sin saber bien porqué, han ido incrementado sus latidos en los momentos previos, laten casi alocados para afrontar todas las emociones que van a venir por delante.

En muchos casos con el recuerdo presente de aquellos con los que se compartieron muchas horas de toques y ya no están, o bien porque en esta ocasión no han podido regresar de sus habituales lugares de residencia.

Son pueblos en los que muchos tuvieron que encauzar su vida lejos de sus orígenes y los tambores y bombos vividos en su niñez se convierten en la excusa perfecta para poder regresar a ellos al menos una vez al año.

Este 2018, además en localidades como Andorra, Calanda y Alcañiz, todavía está especialmente vivo el recuerdo del asesinato a balazos en diciembre pasado de tres de sus vecinos, dos de ellos naturales de la zona, a manos del serbio Norbert Feher, que durante varios meses campó a sus anchas por la mayoría de estas poblaciones. Unos disparos que muchos de los amigos de unos y otros trataran de apagar, aunque no olvidar, definitivamente imprimiendo la mayor potencia posible a sus toques.

Durante más de 65 horas continuadas, el sonido será continuo, bien a lo lejos bien en las proximidades, pero al ritmo monótono todos acaban acostumbrándose y ninguno echa de menos el necesario descanso nocturno.

La espera de trescientos y pico días, siempre dependiendo de la fecha en la que llega la primera luna llena de primavera, permite mantener viva una tradición que se ha ido traspasando de generación en generación. De padres a hijos y de estos a los suyos, así es fácil ver hasta tres generaciones, e incluso en alguna ocasión más, tocando el tambor o el bombo.

La elección de uno u otro instrumento, aunque en algún caso se trata de mantener la tradición, en la mayoría de los casos es por elección personal.

Los algo más de dos días de toque continuado, no obstante, han empezado algunos meses antes, con los ensayos de fin de semana. Se trata de conseguir el toque más refinado posible o que los más jóvenes puedan iniciarse.

No menos intensas son las horas previas, en las que se trata de dejar en perfecto estado las membranas de bombos y tambores con la tensión adecuada, donde impactarán los mazos y los palillos. También hay que preparar y dejar perfectamente planchadas las túnicas, negras, azules, moradas, en cada localidad de un color, y los terceroles o capirotes, que durante un año han estado a resguardo en los armarios.

Hasta las "manolas" que completamente enlutadas con sus tradicionales mantillas y peinetas acompañarán todas y cada una de las diferentes procesiones con las imágenes que relatan los sufrimientos bíblicos de Jesucristo, su crucifixión, su muertes y su posterior resurrección.

De las nueve localidades que conforman la Ruta del Tambor y el Bombo, siete de ellas, Albalate, Alcorisa, Andorra, Híjar, La Puebla de Híjar, Samper de Calanda y Urrea de Gaén, cumplen el ritual de la "rompida" la medianoche del jueves santo, solo Alcañiz no la realiza, mientras que Calanda, donde Luis Buñuel vio su primera luz e hizo mundialmente famosos sus tambores y bombos, espera al mediodía del viernes para hacerlo.

En esta ocasión, el consejero de Presidencia, Vicente Guillén, ha asistido a la "rompida" en Samper de Calanda, y su homóloga de Cultura, Educación y Deporte, Mayte Pérez, lo ha hecho en Alcorisa.

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