Sabor con alma, donde la tradición se reinventa con vanguardia en Cartagena

Confitería Emilio Marín, negocio familiar iniciado en 1945 es visita ineludible para tomar los dulces o salados típicos de la ciudad y centenares de productos con la calidad como máxima innegociable

Emilio y Eva Marín, junto al pequeño Emilio, en los estudios de COPE
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Maite Fernández

Confitería Emilio Marín: sabor con alma, donde la tradición se reinventa con vanguardia

Maite Fernández

Murcia - Publicado el

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Si se cierran los ojos y se piensa en esos grandes momentos vitales seguramente van asociados a un olor, a un sabor y especialmente ocurre con aquellos  recuerdos que nos acompañan desde la niñez y han dejado huella.

Seguramente recuerden una procesión que disfrutaban con un bocado salado o un lunes de Pascua cumpliendo con la tradición de comerse en el campo o en la playa una mona de pascua de bollo o de rollo. 

La comida al final es un aliciente para todo, para los momentos buenos y para cuando toca uno malo un dulce nos suele quitar el disgusto. Si hablamos de tradiciones, todos los caminos llevan a Confitería Emilio Marín. Desde 1945 han hecho felices a generaciones y generaciones de cartageneros y a cuantos turistas han traspasado sus puertas en la Calle Ángel Bruna.

Eva y Emilio Marín visitan COPE, pero realmente todo el mundo visita su establecimiento y hacen bueno aquella frase de "A nadie le amarga un dulce". "Pues sí, la verdad que sí, un dulce hace un buen momento siempre. Ahora en Semana Santa me imagino que la gente cuando tiene un tiempo libre es cuando más disfruta, cuando busca ese sitio escondido y típico de la ciudad para tomarse ese dulcecito con su café o esas cosas ricas y buenas típicas de la ciudad que a lo mejor no encuentran en su zona habitual". 

un oficio amado desde la niñez

Se criaron prácticamente en el negocio y lo aman tanto que transmiten en sus productos artesanos, el cariño que ya vieron en sus abuelos. "Bueno, hemos tenido la gran suerte de poder participar desde que éramos niños de una tradición, de una artesanía y de un saber hacer, de una filosofía de trabajo más bien. Como yo siempre he dicho, las pastelerías artesanas transmitimos tradiciones realmente, porque como siempre hemos defendido la pastelería se empezó haciendo en las cocinas de las casas de los vecinos".

"Poco a poco,  con el devenir de la calidad de vida y todo esto, pues se fueron haciendo esas elaboraciones que antes eran eminentemente caseras, se fueron haciendo en obradores, profesionales y cada vez pues intervinimos más en elaboraciones en fechas señaladas. Primero fueron las Navidades luego la Semana Santa y pues fuimos interviniendo en todas esas facetas".  

Se recurre a ellos en cada momento vital.  Al final, una pastelería, hoy en día por supuesto que tiene las cosas modernas, las cosas que hoy en día salen en la televisión tan bonitas, pero las pastelerías no se originaron así, se originaron con las costumbres de las familias y de las personas que viven en las zonas de donde son origen. Las pastelerías son transmisores de costumbres y de tradiciones". 

Su máxima es la calidad y por eso no escatiman al invertir en materias primas para que el sabor sea el de siempre, el que despierta multitud de sensaciones agradables tanto en el dulce como en el salado y por supuesto en las comidas para llevar que de tantos apuros sacan.

decenas de clásicos

La gente vuelve siempre a por sus clásicos y completa su cesta de la compra con sus innovaciones. "Pues mira ahora mismo por ejemplo la gente que viene a Cartagena a visitar Cartagena sobre todo gente que ha vivido aquí en su juventud vienen a la confitería a comprar lo tradicional y lo que le recuerda a su juventud como es el sabor de las empanadillas, los murcianos, las monas de pascua, las torrijas y también lo típico de Cartagena como son los exploradores, el pastel de cierva, o las pastas floras de cabello", explica Eva.

La tarta cartagenera de crema con merengue es otro clásico. "Muchas familias se unen en casas y vienen a Marín y llenan sus frigoríficos para poder agasajar a sus amistades y como allí lo tienen todo tanto pastelería, como comida pues se llevan pues de todo; salado, dulce, pasteles, tortillas de patatas, comida casera, vamos que allí entras y no pasas hambre". 

Lo que es difícil es escoger. "Hay que tener en cuenta que nuestra forma de trabajar es una forma de trabajar totalmente artesana. Nosotros preparamos las cosas en el día, vamos al mercado por las mañanas, compramos la verdura fresca, compramos las cosas y se elaboran al in situ con el cariño de todo el equipo".

mantener la tradición

Cuidan y pelean porque no se pierda la artesanía gastronómica. "Esto es un valor de la artesanía que desgraciadamente se está perdiendo, no solamente en Cartagena, es una tendencia, pero en Emilio Marín podemos decir que tenemos clientes y amigos que siguen buscando las recetas clásicas".

Todavía valoran el trato personal. "Esa confianza que te da entrar en un establecimiento donde sabes que van a respetar tus exigencias, que van a tenerte en cuenta y que la atención va a ser personalizada. Nosotros atendemos a personas, no atendemos números. Miramos al cliente a los ojos y le atendemos como una persona que es lo que yo echo en falta por ejemplo cuando voy a cualquier sitio".  

Sin duda, Confitería Emilio Marín ha sido, es y será la casa de muchos cartageneros que seguirá escogiendo el sabor y la calidad que se unen en las tradiciones y en la vanguardia.

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