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Monseñor Carlos Escribano asume la archidiócesis de Zaragoza ilusionado por volver a casa

Regresa con esperanza a una tierra que conoce muy bien y se despide de La Rioja con un cariñoso agradecimiento. “Me voy con el corazón encogido", confiesa

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Rocío Ruiz

Tiempo de lectura: 3'Actualizado 17:50

Monseñor Carlos Escribano asumirá a mediados del mes próximo el puesto de arzobispo de Zaragoza con ilusión "por volver a casa" y con la vocación de "servir en lo que la iglesia me necesite allí, como he hecho en La Rioja".

Así lo ha explicado en una conferencia de prensa el que hasta este martes ha sido obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño, en la que permanecerá en calidad de administrador diocesano hasta el 21 de noviembre, cuando se incorporará a la archidiócesis tras el nombramiento que ha hecho el Papa Francisco para que sea su arzobispo.

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Escribano (1964. Carballo. A Coruña) vivió desde niño en Aragón, se ordenó sacerdote en 1996 en Zaragoza; antes había terminado los estudios de Teoría Moral por la Universidad Pontificia Gregoriana en Roma; fue párroco en la capital aragonesa, profesor de su seminario y en 2010 fue designado Obispo de Teruel, donde permaneció hasta 2016, cuando se trasladó a la diócesis riojana para sustituir al ahora presidente de la Conferencia Episcopal, Juan José Omella.

Es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar en la Conferencia Episcopal y Consiliario Nacional de Acción Católica y de Manos Unidas, y también preside la Comisión Episcopal de Laicos, Familia y Vida.

"Me voy, en parte, con pena, por los cuatro años que he pasado aquí y por lo que he conocido de la sociedad riojana, a la que estoy muy agradecido, pero también tengo la ilusión de quien vuelve a casa", ha subrayado Escribano.

Ha agradecido "a los hombres y mujeres de esta tierra la acogida que me han dado en este tiempo" y por eso "me voy un poco triste, porque en estos cuatro años intensos he descubierto La Rioja y a los riojanos" y pese a "las circunstancias tan complejas de estos últimos meses" ha logrado "disfrutar mucho de esta región y sus gentes, me voy agradecido".

En su paso por esta diócesis ha intentado promover "iniciativas para la iglesia y para la sociedad" y ha obtenido "respuestas muy favorables" de los sacerdotes, seglares y religiosos.

Escribano ha recordado cómo en su estancia en La Rioja ha colaborado "con diferentes gobiernos y ayuntamientos" y "siempre hemos tratado de trabajar desde la lealtad y con una relación fluida".

En Aragón, ha dicho, conoce personalmente a algunos responsables políticos "y muchas veces el factor humano facilita la relación" ha afirmado Escribano, para el que el trabajo de un obispo "debe ser buscar vías de diálogo, crear puentes en el entramado social y fraternidad".

"Ese ha sido mi empeño y va a seguir siéndolo, mediante un trabajo en el que no suelo ser especialmente mediático, prefiero una labor callada, constante y apostar por vías que puedan facilitar las cosas" y "ese es el espíritu con el que vuelvo a Aragón", región en la que ha vivido, en diferentes épocas de su vida, en Huesca, Monzón, Zaragoza y Teruel.

Ha explicado que, desde este momento, se abre un periodo en el que se convocará al "colegio de consultores" de la diócesis para elegir a quien le sustituirá en ese cargo a la espera de que el Papa designe a un nuevo obispo; a finales de 2015, ha recordado, Juan José Omella fue nombrado arzobispo de Barcelona y él mismo fue designado obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño en mayo de 2016.

"Ojalá que el nombramiento se pueda hacer cuanto antes para que esta no sea una sede vacante mucho tiempo", ha afirmado, al tiempo que ha detallado que la archidiócesis de Zaragoza lleva dos años desde que su titular, Vicente Jiménez, había presentado la renuncia al cumplir los 75 años.

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Escribano ha recalcado que no sabe el motivo de su nombramiento, "quizás porque soy de allí", ha considerado y ha recordado que dejó la capital aragonesa hace una década "y ahora el Santo Padre ha creído conveniente que regrese".

Ha incidido en que asume "esta responsabilidad nueva" con "gusto e ilusión" porque "volver a casa siempre es agradable" y no considera que sea un paso adelante para él "porque en las claves de mi vida no entra eso, se trata de un servicio más a la Iglesia, donde me necesitan voy y no me motiva eso de ascender".

Respecto a su paso por la diócesis riojana ha admitido que le hubiera gustado avanzar más en su proyecto de pastoral "pero la pandemia también ha afectado a esa realidad pastoral" y "los trabajos de la misión diocesana Euntes habían quedado un poco paralizados".

"Estábamos desarrollando una experiencia interesante, con seglares, abriendo un dialogo para la renovación del diálogo entre la iglesia y la sociedad, pero la COVID también paralizó ese proceso y estábamos buscando la forma de relanzarlo", ha incidido.

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