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ENTREVISTA

Una guerra no deseada

Nafi Brahim, saharaui residente en Mallorca, explica por qué el Polisario declara la guerra a Marruecos, el sometimiento de su pueblo y el espaldarazo de la comunidad internacional

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Presenta Cristina de Ahumada. Técnico Luis Forteza.

Tiempo de lectura: 3'Actualizado 20:20

El Frente Polisario se ha visto obligado a entrar en una guerra con Marruecos sin quererlo empujado por causas internas y por el carácter limitado de la estrategia judicial adoptada por el frente saharauí en los últimos años.

La tensión en el Sáhara estalló el pasado viernes cuando intervino el Ejército marroquí para desalojar a un grupo de manifestantes saharauís que llevaban tres semanas bloqueando el paso de Guerguerat, una franja de 5 kilómetros entre la aduana marroquí y la frontera mauritana, donde paralizaron el tráfico comercial.

La República Árabe Saharauí Democrática (RASD) respondió a esta acción militar con la ruptura del acuerdo de alto el fuego, firmado en noviembre de 1991, y declaró la guerra a Marruecos, que por su parte, minimiza esos combates calificándolos de hostigamientos sin ningún alcance ni "daños materiales o humanos".

El secretario general de la RASD, Brahim Ghali, justificó hoy la declaración de guerra contra Marruecos porque este último "violó los acuerdos militares" con su acción en Guerguerat, al mismo tiempo que pidió a la comunidad internacional intervenir para "evitar una escalada de guerra" en la zona.

Una guerra no deseada

"El Polisario ha entrado en la guerra sin querer entrar, ha sido una decisión tomada sin objetivos claros", dijo el analista saharaui Larbi Ennas, director del Centro de Estudios La Paz, ubicado en El Aaiún y que durante años fue un alto responsable militar del Polisario y creador de su Escuela de Oficiales.

Según Ennas, el Polisario sentía que "estaba perdiendo su legitimidad histórica" ante el descontento de la juventud saharaui, cargada de expectativas que no se han podido cumplir hasta ahora.

De hecho, el bloqueo de tráfico en la carretera de Guerguerat desde el pasado 21 octubre fue, según el analista saharaui, provocado en un primer momento por una acción espontánea de activistas de la sociedad civil, hartos del "statu quo" de un conflicto que ha durado 45 años.

"El Polisario en un primer momento trató de frenarlos, pero después terminó sumándose a ellos y subiéndose a la ola", explicó Ennas.

También incidió en la actuación del Polisario otro factor relacionado con el alcance limitado de la estrategia judicial adoptada en los últimos años. Por ejemplo, el frente no logró en 2018 desactivar el acuerdo de pesca firmado entre Marruecos y la Unión Europea, aplicable en las aguas saharauis, como tampoco los recursos judiciales saharauis han frenado la exportación de fosfatos extraídos del Sáhara hacia el mundo.

El Polisario hasta ahora ha emitido cuatro "partes militares" y dio órdenes a sus seis regiones militares para hostigar a Marruecos, algo que, en opinión de los analistas, ha servido sobre todo para reforzar la legitimidad del discurso nacionalista dentro de los campos saharauis, sin logros militares debido al desequilibrio total entre las fuerzas de ambas partes.

Un problema comercial

Marruecos ha conseguido reducir la tensión a un problema comercial y en los comunicados de Exteriores o de las Fuerzas Armadas Reales (FAR) se presenta la intervención militar marroquí como un modo de "establecer un cordón de seguridad" para restaurar el comercio, un argumento, según Ennas, que no puede sino encontrar un eco favorable ante la comunidad internacional.

Y es que el bloqueo de tráfico ha sido criticado por la ONU, por la UE y por Mauritania -donde por su causa estallaron los precios de verduras-, mientras que ningún actor internacional alababa esa estrategia.

Mientras, la acción militar marroquí ha tenido un creciente apoyo por parte de varios países, el último manifestado por el emir de Qatar, Tamim Ben Hamad al Thani, que en una conversación telefónica ayer con el rey Mohamed VI le manifestó el apoyo de su país a las medidas tomadas hasta ahora.

La tensión ahora creada supone "una llamada de atención" a Naciones Unidas para encarar conflictos aquejados de inmovilismo y que acaban cayendo en el olvido.

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