La increíble suerte de una asistente a la Fiesta de la Ostra de Arcade (Pontevedra): encuentra una perla y ya es la segunda vez
El hallazgo, producido en plena degustación, se convirtió en la anécdota más destacada de una cita que reunió a miles de personas en Soutomaior

Pontevedra - Publicado el - Actualizado
2 min lectura2:53 min escucha
La 38ª edición de la Festa da Ostra de Arcade, celebrada en el concello de Soutomaior, será recordada no solo por su multitudinaria afluencia, sino también por un hallazgo inesperado. Mari Carral, vecina de la localidad, encontró una perla natural en el interior de una de las ostras que degustaba durante el evento.
El descubrimiento se produjo mientras compartía la jornada con su marido y un grupo de amigos. Al masticar uno de los bivalvos, notó una textura dura, similar a una pequeña piedra. Se trataba de una perla blanca y nacarada, de un tamaño ligeramente superior a un grano de arroz.
No es la primera vez que le ocurre
Mari Carral explicó que no es la primera vez que vive una situación similar. Hace entre 15 y 20 años ya había encontrado otra perla, aunque en aquella ocasión era más pequeña y de tono grisáceo.
En esta edición de 2026 se sirvieron aproximadamente 100.000 ostras, lo que convierte este tipo de hallazgos en algo muy poco habitual. Según relató la propia protagonista, el hecho de masticar la ostra fue clave para detectar la perla, ya que de haberla tragado entera habría pasado desapercibida.
Reacción y valor sentimental
La reacción de sus acompañantes fue de sorpresa e incredulidad inicial, hasta comprobar la pieza de cerca. Lejos de buscar un beneficio económico, Mari decidió darle un valor sentimental y regalársela a su amiga Sara, que acude desde Ribeira a la fiesta desde hace 26 años.
La intención de su amiga es montar la perla en un anillo como recuerdo de esta edición.
Una anécdota para el recuerdo de un evento multitudinario
Este episodio añade un elemento singular a una celebración declarada de Interés Turístico de Galicia, que cada año reúne a miles de asistentes en torno al producto estrella de la ría. En esta ocasión, la tradición gastronómica dejó también una imagen poco habitual: la de una pequeña perla convertida en símbolo de amistad y de una jornada para el recuerdo.



