Minifundismo

Minifundismo

Ramudo

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 10:13

Lugo, 25 de enero.- Tengo la impresión de que las cosas ya no son lo que eran. Aún así, llega la Feria Internacional de Turismo -Fitur-, que se celebra en Madrid, y vemos como un montón de representantes políticos lucenses, de todos los niveles de la Administración pública, preparan sus maletitas para darse una vuelta por la capital. La disculpa es conocida. Todos aseguran que van a trabajar, porque se trata de una cita de referencia para el sector y es casi una obligación estar ahí, para ver y para dejarse ver.

En tiempos pretéritos, en la época de vacas gordas, se producía a estas alturas del año una auténtica peregrinación de alcaldes, concejales, diputados provinciales y parlamentarios, muchas veces acompañados por la correspondiente pléyade de asistentes y palmeros. Algunos sólo viajaban, por supuesto a gastos pagados, para pasear un poco por allí, saludar a unos cuantos conocidos, comer bien y tomarse unas cañas en un sitio diferente, para luego volverse para casa con la satisfacción del deber cumplido. Eso sí, después de haberse hecho la correspondiente fotografía en el lugar de autos, prueba fehaciente y fidedigna para acreditar lo imprescindible que resultaba su presencia en tan destacado evento. Parece que la recesión ha venido a poner cierto freno a tan saludable práctica. La concurrencia ya no es tan numerosa, pero no conviene bajar la guardia. A fin de cuentas, la cabra tira al monte.

Por otra parte, dando por hecho que ahora la mayoría del personal viaja a Madrid para trabajar -unos más y otros menos-, si algo pone en evidencia nuestra presencia en esa feria de referencia para el sector es el minifundismo con el que estamos acostumbrados a conducirnos en este lugar del mundo. Nuestra incapacidad para colaborar y para desarrollar proyectos conjuntos, ambiciosos y con altura de miras. La facilidad que tenemos para mirarnos el ombligo, dispersarnos y ser absolutamente ineficaces a la hora de fijar y de conseguir unos objetivos concretos y tangibles.

Cada uno de los presentes viaja con la intención de vender lo suyo. Quiere, a toda costa, hablar de su libro, pero no se para a pensar que en un mundo globalizado y con una oferta tan grande y tan diversa, un pequeño municipio de la provincia de Lugo no es más que una gota de agua en un inmenso océano. Seguramente, muy poco podrá hacer para atraer la atención de las empresas del sector y, consecuentemente, de los potenciales turistas, si no es capaz de integrar su oferta en un paquete más grande.

Nuestro minifundismo secular, en versión 2.0, sigue lastrando nuestras posibilidades de futuro. Una pena. En serio.

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