La historia de Dolores Rojas: cuatro Juegos Olímpicos como jueza de marcha atlética

Nacida en Avilés, pero coruñesa de adopción, peleó en Atenas para que las mujeres no tuvieran que hacer su labor con falda. "Si tú me pones una falda, me estás imposibilitando hacer el mismo trabajo que mis compañeros masculinos", dijo 

Dolores Rojas
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Escucha la HISTORIA DE... Dolores Rojas (En la imagen, en Taicang, China, en 2025.

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Coruña - Publicado el

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La jueza de marcha atlética Dolores Rojas, de 61 años, sumó en París 2024 su cuarta participación en unos Juegos Olímpicos. Nacida en Avilés pero coruñesa de adopción, fue en su día la primera mujer española en convertirse en jueza internacional de esta disciplina, aunque su vínculo con el deporte comenzó mucho antes, como atleta.

De atleta a jueza

Su padre, que había sido atleta, inculcó la pasión por este deporte a Dolores y a su hermana, apuntándolas como actividad extraescolar. “Mi hermana y yo empezamos a entrenar, fuimos al pabellón, entonces, empezamos como atletas”, recuerda. Dolores Rojas llegó a ser campeona gallega de 100 y 200 metros, pero tuvo que dejarlo en torno a los 20 años por sus estudios de psicología y una lesión.

Poco después, su padre, que también colaboraba con la Federación Coruñesa de Atletismo, la animó a formarse como jueza ante la falta de personal. “Él empezó como juez y nosotros íbamos a colaborar”, explica. Así, en 1989, Dolores aprobó el examen y comenzó su carrera como jueza de atletismo.

El salto internacional

Su progresión fue constante, juzgando en pruebas como el Gran Premio Cantones de A Coruña. En 1999, la Federación Europea creó por primera vez un panel internacional de jueces de marcha a través de un examen. “La española, como yo ya estaba en el panel nacional, tenía que nombrar a dos personas y me nombró a mí para ir a Rusia, a Moscú”, rememora sobre aquella aventura.

En Moscú, aprobó quedando entre las tres primeras y se convirtió en jueza internacional. Posteriormente, gracias a ese resultado, pudo presentarse al examen del panel internacional en París, donde obtuvo el segundo puesto entre 30 aspirantes, de los que solo cuatro eran mujeres. 

La lucha por la igualdad en los JUEGOS OLÍMPICOS

Su debut olímpico llegó en Atenas 2004, una experiencia que afrontó con serenidad. Sin embargo, allí tuvo que librar una batalla inesperada por la equipación. “Llego a Atenas, vamos a recoger el uniforme y me pone una faldita”, cuenta. Dolores luchó para no tener que juzgar con una prenda que limitaba su trabajo.

Argumentó con firmeza ante un responsable: “Si tú me pones a mí una falda, me estás imposibilitando hacer el mismo trabajo que hacen mis compañeros masculinos”. Explicó que las juezas de atletismo corren y se mueven constantemente, a diferencia de otras disciplinas. Su queja fue escuchada y fue la última vez que la falda fue obligatoria. “Los hombres no son conscientes. No lo hacen con maldad, pero no son conscientes”, reflexiona sobre situaciones como esa.

A pesar de su impresionante trayectoria, reconocida recientemente con uno de los premios Terra de Hércules, Dolores mantiene una gran humildad. Sobre su futuro, de cara a los Juegos de Los Ángeles, se muestra indecisa. “Tenemos que renovar el examen ahora en diciembre y no sé si me voy a presentar”, admite, aunque la pasión parece pesar más que el sacrificio. “A veces digo, ‘¿qué hago yo aquí, mojándome?’, pero después no sé qué es lo que voy a hacer”.

Una humildad que resume en sus propias palabras al valorar su carrera: “Yo no soy consciente, no me veo como que he hecho muchas cosas. De verdad, no soy consciente”.

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.

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