Cristina Salinas, la coruñesa que se quedó ciega a los 32 años y encontró en el deporte un nuevo mundo de sensaciones
Sufrió un aplastamiento de los nervios ópticos y se puso en contacto con la ONCE para ganar autonomía. Rápidamente comenzó a probar actividades como el senderismo, la escalada, el pilates o el paddle surf

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Coruña - Publicado el
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La vida de Cristina Salinas, una coruñesa de 39 años, dio un giro radical a los 32. Fue entonces cuando, a causa de un aplastamiento de los nervios ópticos, perdió la vista por completo. Tras notar que veía borroso y pasar por una operación, su visión se fue oscureciendo hasta desaparecer.
Lejos de rendirse, su primera meta fue clara: recuperar su autonomía. "Tenía ganas de volver a conseguir un poco esa independencia", relata Cristina, quien se afilió a la ONCE nada más salir del hospital. Gracias a la organización y a su red de voluntarios, pudo retomar tareas cotidianas como ir a la compra o acudir a citas médicas.
Nuevas sensaciones a flor de piel
Poco a poco, se fue adaptando a su nueva situación, aprendiendo a usar el bastón y un teléfono adaptado. Fue entonces cuando el deporte apareció en su vida. La primera actividad que probó fue el senderismo. "La primera vez que fui al senderismo sin ver fue un poco así como, jolín, de no estar haciendo ejercicio, y de repente voy y hago 18 kilómetros", recuerda. A pesar de la lluvia, el barro y "caer como unas cinco veces de culo", la experiencia fue reveladora.
La ceguera le ha permitido descubrir el entorno de una manera completamente nueva. "Ya solo con el olor de los árboles, el aire fresco, la madera...", explica. Las sensaciones auditivas y táctiles han cobrado un nuevo protagonismo: "Oyes el río, notas el frío del agua... son sensaciones diferentes, y da mucho gusto pasear por el medio del monte con esas sensaciones a flor de piel".
De espectadora a protagonista
Hace dos años, un nuevo reto llamó a su puerta: la escalada. La inspiración le llegó a través de su profesora de braille, Corina, quien escaló un rocódromo en un programa de la televisión gallega. "Si ella puede, yo también quiero", se dijo a sí misma. Dicho y hecho, al volver de una ruta de senderismo, le propuso la idea a un grupo de compañeros y voluntarios.
Antes de perder la vista, trabajaba como camarera y el estrés diario le dejaba poco tiempo para la actividad física. Ahora, además de la escalada y el senderismo, también ha probado el pilates y el paddle surf. El pilates, según cuenta, ha sido clave para mejorar su equilibrio. "Llego al surf y el chico del surf me dice, 'qué buen equilibrio tienes', y digo yo, 'sí, eso es por el pilates'".
El pilar del voluntariado
En esta aventura, la figura de los voluntarios de la ONCE es fundamental. Uno de ellos es Pablo, un joven de 22 años que la acompaña en su visita a Deportes Cope Coruña. Pablo empezó como voluntario animado por su madre, afiliada a la organización, y asegura que es "una sensación muy chula".
Cristina ha subrayado el valor incalculable de esta ayuda desinteresada. "Siempre lo agradecemos, la verdad. Es que sin los voluntarios que tenemos, no podríamos hacer algunas actividades. Siempre hemos agradecido mucho el voluntariado que hace la gente, y y la verdad es que sí, es muy importante para nosotros", afirma.
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