Verónica (35) desvela desde Caracas la realidad de Venezuela: "La gente busca hacer su vida normal para poder comer"
Una residente de la capital venezolana narra en 'Herrera en COPE Cataluña' el miedo y la incertidumbre que se vive en las calles tras los últimos acontecimientos

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Barcelona - Publicado el
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La situación en Venezuela sigue siendo un foco de incertidumbre y tensión. Tras los recientes acontecimientos que han apartado a Nicolás Maduro del poder y han situado a Delcy Rodríguez como presidenta, la vida en la capital, Caracas, transcurre en una aparente normalidad que esconde un profundo desasosiego. Para comprender lo que realmente se vive en las calles, el programa Herrera en COPE Cataluña, conducido por José Miguel Cruz, ha contactado con Verónica, una residente de Caracas. Su testimonio en primera persona dibuja un panorama de miedo, resiliencia y una calma que podría romperse en cualquier momento.
Una noche de pánico y bombardeos
Verónica relata cómo la tensión estalló de la forma más abrupta. "Nos despertamos como a las 2 de la mañana", cuenta, por el ensordecedor ruido de aparatos sobrevolando su vivienda. Eran helicópteros y aviones que pasaban con "mucho estruendo", y a los pocos segundos, el pánico se multiplicó al escuchar bombardeos en la distancia. Por la cercanía de su residencia a Fuerte Tiuna, uno de los complejos militares más importantes del país, la sensación de peligro fue inmediata y sobrecogedora. La familia vivió momentos de auténtico terror.
Fue muy, muy tensa, de mucho susto"
A pesar de la gravedad de la situación, no hubo un comunicado oficial que decretara un estado de excepción o confinamiento. La reacción de la ciudadanía fue diversa: mientras algunos "se alegraban en sus casas", otros "se mantuvieron muy callados, observando por las ventanas a ver qué pasaba". El sábado y el domingo siguientes, las calles quedaron desiertas. "No se veía ni un alma", afirma Verónica. A la tensión se sumaron los problemas cotidianos, con cortes de luz e Internet en su zona, lo que dificultó el acceso a información y el abastecimiento. Los pocos locales que abrieron presentaban largas colas, con una fuerte presencia de guardias y los temidos "colectivos" chavistas.

A la tensión se sumaron los problemas cotidianos, con cortes de luz e Internet en su zona, lo que dificultó el acceso a información y el abastecimiento.
Incertidumbre y supervivencia en el día a día
Con la llegada del lunes, la ciudad recuperó parte de su pulso, aunque bajo una "tensa calma". El transporte público volvió a funcionar y los trabajadores se reincorporaron a sus puestos de manera paulatina. Para Verónica, esta vuelta a la rutina no es una señal de normalización, sino de pura necesidad. "La gente busca hacer su vida normal, trabajar, porque es lo que nos da el día a día para poder comer", explica. La supervivencia obliga a abrir los comercios y a salir a la calle, a pesar de la palpable incertidumbre que domina el ambiente.
Buscamos hacer el día a día para para poder subsistir"
Esta capacidad de seguir adelante en medio del caos es una seña de identidad forjada a la fuerza. "Aquí la gente tiene que, somos muy resilientes en ese aspecto, gracias a dios", reflexiona Verónica. La estrategia de muchos caraqueños es no enfocarse demasiado en la situación política para no "parar a loco". El día a día consume todas las energías, y la prioridad absoluta es subsistir en un entorno donde cualquier cosa puede pasar, una realidad que se ha vuelto tristemente cotidiana para millones de venezolanos.

El gobierno ha reforzado su control sobre la población con la publicación de una gaceta oficial que establece un "estado de conmoción".
Control y nulas esperanzas de cambio
Desde la perspectiva de la calle, el relevo en la presidencia no ha traído consigo ninguna ilusión de cambio real. La llegada de Delcy Rodríguez al poder es vista como una continuación del chavismo. "No, no se ve cambio como tal", sentencia Verónica con resignación. La percepción generalizada es que, aunque la cabeza visible haya cambiado, la estructura se mantiene intacta: "Se llevaron al señor, pero no vemos cambios". Esta falta de esperanza es un sentimiento compartido por muchos que anhelan una transformación profunda en el país.
El gobierno ha reforzado su control sobre la población con la publicación de una gaceta oficial que establece un "estado de conmoción". Según explica Verónica, esta medida da pie a las autoridades para "revisar equipos" y detener a ciudadanos si consideran que están "publicando cosas que inciten al odio". Este aumento de la vigilancia y la represión ahonda la sensación de miedo e impide cualquier atisbo de disidencia, consolidando un férreo control social.
La presencia de las fuerzas de seguridad y "colectivos" con "armas muy grandes" se ha intensificado en algunas zonas, "siempre monitoreando". A esta presión interna se suma la externa, con la amenaza del expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, de una nueva intervención si las políticas del país no cambian. Ante este cúmulo de tensiones, Verónica admite con tristeza que los venezolanos se han acostumbrado a vivir en el alambre. Cuando José Miguel Cruz le pregunta si están habituados a esta situación, su respuesta es tan breve como desoladora: "Lamentablemente, sí".
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.



