La gran ciudad nos convierte en extraños: así se rompen los vínculos sociales en el entorno urbano
Casi cuatro de cada diez habitantes de las grandes urbes afirman tener relaciones familiares nulas o poco frecuentes, según revela un nuevo informe

Esta desconexión, que se extiende también a los lazos familiares, ha sido analizada por Salud Porras, directora del Departamento de Psicología de la Universitat CEU Abat Oliba
Barcelona - Publicado el
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Las grandes ciudades, epicentros de actividad y oportunidades, están generando un efecto secundario preocupante: el aislamiento social. Un reciente estudio sobre las relaciones sociales y familiares en diferentes entornos confirma una brecha cada vez mayor entre la vida urbana y la rural. Según los datos analizados en el programa “Herrera en COPE Cataluña”, el 23% de la población en las grandes urbes no mantiene ninguna relación con sus vecinos, un marcado contraste con el 4% registrado en el medio rural. Esta desconexión, que se extiende también a los lazos familiares, ha sido analizada por Salud Porras, directora del Departamento de Psicología de la Universitat CEU Abat Oliba, quien desvela las claves de este fenómeno.

“Las ciudades están enfocadas a una prioridad, que es el rendimiento laboral”
La vida en la ciudad, un motor de estrés
Según ha explicado la experta, la raíz del problema se encuentra en el propio diseño de la vida moderna en las ciudades, que arrastramos desde la Revolución Industrial. “Las ciudades están enfocadas a una prioridad, que es el rendimiento laboral”, afirma Porras. Este entorno urbano “predispone mucho más a priorizar todo lo que es el rendimiento y aprovechar el día”, lo que genera una sobreestimulación constante que deriva en altos niveles de estrés. En contraposición, el entorno rural, aunque también es laborioso, “es un contexto no tan sobreestimulado” que ofrece un espacio “más natural para poderse relacionar”.
Esta sobreestimulación se ve agravada por el uso constante de la tecnología. “Llevamos unos horarios apretados y a toda prisa, y a esto también se le puede sumar el tema del teléfono móvil”, señala la psicóloga. La imagen de un vagón de metro o un autobús donde nadie habla y todo el mundo mira su pantalla se ha convertido en la norma. “Ves a todo el mundo con la cabeza gacha mirando el móvil. Este tipo de comportamiento generalizado en las ciudades no es tan masivo en un entorno fuera de ellas”, añade Porras, destacando que esta dinámica fomenta el individualismo y la desconexión del entorno inmediato.
La conversación cara a cara es lo que crea vínculo"
Frente a la superficialidad de las interacciones digitales, la psicóloga reivindica la importancia del contacto real. “Tener relaciones en persona y cara a cara es algo fundamental”, subraya. De hecho, define el apoyo social real como “el amortiguador más grande del estrés y el preventivo más importante de la salud mental”. Las relaciones presenciales son insustituibles, porque, tal y como sentencia, “la conversación cara a cara es lo que crea vínculo, y el vínculo es lo que sostiene el sistema emocional de las personas”. La dinámica urbana, sin embargo, potencia que cada uno “viva de manera individualista, más centrado en sus propias necesidades”.

casi cuatro de cada diez personas en Madrid y Barcelona afirman que sus relaciones familiares son nulas o poco frecuentes.
El aislamiento llega al propio hogar
El informe revela una realidad aún más alarmante que afecta directamente al núcleo familiar. Los datos son contundentes: casi cuatro de cada diez personas en Madrid y Barcelona afirman que sus relaciones familiares son nulas o poco frecuentes. Esta cifra desciende hasta el 26% en los municipios más pequeños, evidenciando de nuevo el impacto del entorno. La situación llega al extremo de que “el 17% de la población en Madrid y Barcelona afirma no comer nunca con los miembros de su propia casa”, un dato que Salud Porras califica de “alucinante” y que refleja un individualismo extremo dentro del hogar.
Están diseñados para atrapar las mentes"
La tecnología vuelve a aparecer como un factor clave en este aislamiento intrafamiliar. Porras explica que en las familias actuales hay “un funcionamiento mucho más individualista”. Los jóvenes, por ejemplo, “pueden tender a aislarse en su habitación, funcionando con su internet”. La experta advierte que los algoritmos y las aplicaciones no son herramientas neutrales, sino que “están diseñados para atrapar las mentes”. Esta capacidad de adicción que tienen las redes sociales como TikTok, con su “scroll infinito”, provoca que las personas pasen horas enganchadas, desconectando de quienes tienen a su lado.
Una "rebelión" para reconectar
A pesar de la inercia social, la solución pasa por una toma de conciencia y una acción deliberada. Porras llama a “ser una minoría rebelde contra la inercia social” y priorizar activamente las relaciones cara a cara. Actos tan sencillos como proponer “ir a hacer un café o una cerveza” se convierten en gestos “terapéuticos y beneficiosos”. Se trata de romper con la comodidad de la comunicación digital y recuperar el valor del encuentro personal. “Tenemos que mirarnos cara a cara, porque eso es lo que crea el vínculo emocional que nos sostiene”, insiste la psicóloga.
Para combatir los efectos negativos de la vida urbana, la experta recomienda una serie de pautas. La primera es tener una mejor “higiene digital”, siendo más conscientes y críticos con el tiempo que dedicamos a las pantallas. La segunda es buscar el contacto con la naturaleza en la medida de lo posible, ya sea en un jardín o en un parque, para “que nos toque el sol”. Según Porras, estas acciones, combinadas con la priorización de las relaciones reales, “son las que protegerían de la toxicidad de algunos elementos de la gran urbe”.
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.



