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Momentos con Luis Rodríguez

Beatriz: “Estoy enamorada de mi profesor”

“Tengo veinte años y me he enamorado de un hombre que me lleva treinta. Y lo peor de todo es que es mi profesor, que me sedujo en sus clases de literatura”

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Momentos con Luis Rodríguez

Momentos con Luis Rodríguez

Tiempo de lectura: 7'Actualizado 05:06

Buenas noches, Luis. Este último año me ha ocurrido algo extraño...

¿Qué te ha pasado, Beatriz?

Tengo veinte años y me he enamorado de un hombre que me lleva treinta. Y lo peor de todo es que es mi profesor. Es un hombre agradable, buena persona, que me sedujo en sus clases de literatura. Quiero decir que me motivó con su palabra fácil, con el ambiente romántico que tienen ciertos profesores de literatura. Es muy fácil encandilarse ante alguien así, que aprecia la sensibilidad.

Al principio, todo quedaba en bromas entre las compañeras. Él siempre me mostró un aprecio especial, por encima de los otros alumnos. Su predilección por mí era clara. Además, marcaba muy bien las distancias entre profesor y alumno. Se llevaba muy bien con todos, pero acabada la clase no quería relación especial con nadie. Pero en cambio conmigo sí, se preocupaba mucho de mi vida. Al principio yo no le daba demasiada importancia, pero coincidió que fue mi tutor y mi profesor de lengua. O sea, que lo veía a menudo.

Las clases, era como si me las diera solamente a mí. Tenía que mirar al resto de la gente, pero sus miradas iban directamente hacia mí. Había una química especial entre los dos. Nunca había sentido algo así. Pensaba que eran figuraciones mías, y mis compañeros al principio me decían: “¡Bah! Bea, te ve como a una hija”, porque la diferencia de edad era evidente.

A medida que avanzaba el curso, me traía libros de su casa, dedicados especialmente a mí. Del resto de alumnos pasaba olímpicamente, y se dedicaba especialmente a buscarme aquello que yo necesitaba. Y me lo ponía con notas: “Muy importante para Beatriz”.

Es una persona muy misteriosa. Del resto de los profesores siempre conocemos algo, si están casados, si tienen hijos... De él nunca. Ese misterio era algo que me atraía. Me envolvía totalmente, era subyugante, tenía un poder sobre mí impresionante, como nadie lo ha tenido nunca. Mis amigas ya se empezaban a asustar, y con motivo, porque la cosa avanzó.

Siempre me quedaba con el a solas en el seminario, hablando. Él siempre se mantuvo políticamente correcto, porque es mi profesor y no podía hacer nada aunque quisiera.

Se rumoreaba por el instituto que había quedado viudo por un accidente. Hay mucha mitología en torno a los profesores y se hacen leyendas que a veces no corresponden con la realidad. Todo esto fue propicio para que yo me interesara más y me preguntara sobre la vida de ese hombre. Él me contaba cosas de su vida y de su juventud que nunca había contado a nadie. Me las contaba siempre a solas, en privado. Con mis amigas evidentemente se mostraba muy amable también.

¿Lo del accidente fue verdad?

Nunca lo he llegado a saber exactamente. Me pareció un poco fuerte preguntárselo directamente.

Hace poco hemos tenido la selectividad y está preocupadísimo por mí, por mis nervios. Y me invitó a un apartamento que tiene en la playa.

¿Aceptaste?

Acepté, pero él dijo que no quería retirarme de mis horas de estudio, porque se sentiría culpable si yo suspendía o fracasaba. No quería distraerme, pero lo dejó pendiente para otra vez. Me invitaba al bar, a mí y a mis amigas, a tomar copas, a tomar cafés... Y esto me ha comportado un montón de problemas, porque mi madre escuchó una conversación telefónica entre una amiga y yo, y era una broma en plan “me gusta este profesor”. Y mi madre, cuando supo quién era y qué edad tenía, evidentemente se asustó.

Es lógico.

Es muy lógico. A mí también me pasaría si yo fuera madre. Se asustó y me amenazó con ir a hablar con él y aclarar a ver qué pasaba. Yo le hice entrar en razón de que era una broma, de que no tenía razón de ser, de que eran tonterías del colegio. Pero yo sabía que no, que yo estaba totalmente enamorada de este hombre como no lo he estado nunca. Es más, en clase era como una electricidad que me subía por las piernas, como si estuviera bajando de una montaña rusa constantemente. Era mi motivo diario para levantarme.

Esto por el lado positivo, porque me esforzaba más en estudiar. Pero ya no me importaba aprobar por mí, por sacar la selectividad, por estudiar una carrera. Yo estudiaba para que él se sintiera orgulloso de mí, y mis esfuerzos eran para que él se sintiera recompensado.

Para saber cosas de su vida he llegado a hacer locuras, como adivinar por métodos increíbles su número de teléfono y su dirección.

¿Y sabes dónde vive?

Sí, sé dónde vive. Y mis amigas accedieron a acompañarme, pero no a visitarle, sino a ver su casa. Yo lo que quería era saber cosas de su vida. Al principio pensé en enviarle una carta anónima diciéndole todo lo que sentía, pero luego recapacité, porque pensé: ¿Y si este hombre está casado y yo lo meto en un lío?

Nos quedamos una vez a solas, charlando durante casi una hora y media en la calle, de temas que no tenían nada que ver con lo académico. Yo sentía que no me miraba como a una alumna, sino como a una mujer.

¿Y qué pasó después?

Le llamé por teléfono. Me atreví con un par de narices a llamar por teléfono a su casa.

¿Se sorprendió?

Se sorprendió, pero en el fondo es como si lo esperara. Más bien como si hablara con una amiga de toda la vida, no como una alumna.

¿Qué te dijo?

Me dijo: “¿Qué haces? ¿Cómo estás? ¿Te encuentras bien? ¿Estás feliz ahora que no tienes nada que hacer?” Y le dije: “Le llamaba porque queremos despedirnos de usted. Perdone si le importuno por la llamada.” Porque no es habitual que una alumna llame a su profesor por teléfono. Y me dijo: “Me hubiera molestado si no lo hubieses hecho.” Y accedió a quedar al día siguiente conmigo y con dos o tres amigas más. Y fuimos. Quedamos en una cafetería.

La conversación se fue alargando y no llegaba a nada. Yo lo que quería saber era si estaba casado, porque lo último que quiero es ser una de esas mujeres que se entrometen en un matrimonio. Como la conversación no derivaba en este tema, me dije: “Una de dos, o pregunto, o me quedo con esta duda hasta que me muera.” Se lo pregunté y se quedó un poco parado, porque es muy tímido, y me dijo: “No estoy casado, pero vivo con alguien.” En ese momento fue como si el suelo se hundiese bajo mis pies. En el fondo yo me esperaba que viviera con alguien.

¿Te dijo con qué persona vivía?

No, no me lo dijo.

Pero te dio a entender que vivía con una mujer, que tenía una compañera.

Sí, yo creo que sí. Tuve que fingir una sorpresa impresionante, con toda la hipocresía del mundo.

¿Y qué pasó después?

Mis amigas me dijeron: “Mantén la compostura hasta que salgas, no vayas a montar un número aquí.” Al principio me lo tomé bien, pero a medida que fueron pasando los días aquello se hacía insoportable. Soñaba con él, todas las noches lo veía en todos los sitios. Era algo tremendo, pero en el fondo yo me siento feliz. Yo sé que eso era imposible y que le iba a dar un sufrimiento increíble a mi madre y a mi padre.

¿Y si tu profesor no hubiera tenido una compañera?

Eso me pregunto yo. Antes de que lo supiera se me pasaron mil cosas por la cabeza.

Beatriz, ¿tú crees que estaba jugando contigo?

Yo creo que en el fondo él dominaba la situación perfectamente. Él conocía sus armas. Es muy fácil deslumbrar a una persona que está en inferioridad.

¿Crees que era totalmente consciente de lo que estaba haciendo?

Yo creo que no. Yo creo que la situación se le fue de las manos.

¿Habéis vuelto a hablar?

No lo he vuelto a ver, pero que por favor le visite.

¿Que le visites dónde? ¿En la escuela?

Sí, pero la escuela deriva a otros lugares.

¿Y lo vas a hacer?

No sé, lo he de pensar, porque me ha comportado mucha soledad desde que los compañeros se dieron cuenta de que yo era su preferida, de que en los exámenes me ayudaba totalmente.

¿Qué dicen tus compañeros, Beatriz?

Se me ha puesto mucha gente en contra.

¿Y tus padres?

Mis padres no han llegado a saber nada de esto, porque como he sacado buenas notas la sangre no ha llegado al río.

Beatriz, ¿es un amor platónico?

Me quedé con una frase que leí que decía que “lo peor de los sueños es que a veces se cumplen”, y empecé a tener miedo de que se me cumpliera este sueño. Si llego a liarme con este señor, creo que me hubiera equivocado.

¿Crees que sí? ¿Por qué?

Sí, porque lo bonito de un amor platónico es el encanto.

¿Por qué es un amor platónico para ti, Beatriz?

Porque las circunstancias no permiten que se realice.

En este momento no, porque sabes que tiene una compañera, pero antes no lo sabías.

Antes no lo sabía.

¿Estás más confundida ahora, Beatriz?

Mucho, estoy increíblemente confundida.

Los oyentes querrán saber de ti, así que llámanos otro día.

De acuerdo.

Un saludo, Beatriz.

Gracias, buenas noches.

MOMENTOS CON LUIS RODRÍGUEZ

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A través del teléfono gratuito 900 40 20 32 son muchas las llamadas, las historias, las vivencias que se comparten en antena, creando el ambiente preciso para que el oyente se sincere y profundice sobre cualquier tema que haya elegido libremente. En “Momentos con Luis Rodríguez” la audiencia es la auténtica protagonista.

Momentos con Luis Rodríguez” ha sido premiado en numerosas ocasiones por su labor social y cuenta con más de 1.800.000 seguidores en Facebook.com/momentosluisrodriguez, así como más de 23.000.000 descargas de podcasts de las llamadas en la plataforma Ivoox.com/momentosconluisrodriguez.

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