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Restaurantes de pueblos pequeños piden que se levante el confinamiento municipal de fin de semana

Aseguran que las medidas aprobadas no les benefician para volver a levantar la persiana: "Nos están dejando morir"

El responsable del restaurante Cal Trumfo, Isaac Monzó, en su establecimiento. | ACN

Tiempo de lectura: 3'Actualizado 10:37

Las medidas aprobadas por el Gobierno de la Generalitat para la reapertura de la restauración no han sido bien recibidas por todos. Restaurantes de pueblos pequeños de Asturias las consideran "insuficientes", ya que, mientras que se mantenga el confinamiento municipal los fines de semana -inicialmente en vigor, al menos 15 días más-, no les sale a cuenta subir la persiana . "No podemos vivir sólo de la gente que vive en el pueblo", dice a la ACN Isaac Monzó, responsable de Cal Trumfo en La Torre de Oristà (Osona). "Yo no puedo levantar un ERTE a 15 trabajadores en un lugar donde viven ciento y pocas personas", lamenta la Remedio Escolies, del restaurante los Robles de Castellar del Riu (Barcelona).

A Oristà (Osona) viven menos de 600 personas. Isaac Monzó, responsable de Cal Trumfo, en el núcleo de la Torre de Oristà, dice que el lunes no abrirá el negocio. Su establecimiento vivo los fines de semana y, en estos momentos, aunque no se permite a la gente salir de su municipio. "¿Qué tengo que esperar, que todo el pueblo venga a hacer cada comida?", Se pregunta, asegurando que "nos están dejando morir". Monzó pues, optará por esperar, como mínimo hasta el 8 de diciembre, cuando si las cifras son buenas el confinamiento del fin de semana pasaría a ser comarcal. "Muchos de nuestros clientes son de Osona, por lo que sí que saldría más a cuenta", dice.

A Mura (Barcelona), el responsable del restaurante Cal Carter, Jordi Perich, también afirma que la está perjudicando que se mantenga el cierre municipal. En un pueblo donde viven 250 habitantes, reconoce que "si no puede venir la gente del Vallès y del Bages, no tenemos ninguna posibilidad de hacer nada".

En la misma situación se encuentra la Remedio Escolies, del restaurante los Robles de Castellar del Riu (Barcelona). Tampoco abrirá ni levantará el ERTE a los trabajadores este lunes. "Si dejaran subir a la gente de Manresa y cercanías sería otra cosa", dice, reconociendo que de momento "esperará".

Desde la Asociación de Hostelería y Turismo del Berguedà, Jordi Badia reconoce que hay malestar entre los restauradores de los pueblos más pequeños y también cree que debería abrirse ya "un poco la movilidad, aunque fuera en la Cataluña central ". "Es obvio que los pueblos donde vive tan poca gente no les sale rentable abrir", dice. Él, responsable de la Cabaña de Berga, sí abrirá el lunes, pero básicamente "para hacer hervir la olla y que las máquinas no se estropeen".

A Toses, en el Ripollès, Can Casanova, un restaurante situado en el vecindario de Fornells -donde viven 22 habitantes durante el año- sí abrirán. Lo harán miércoles "pensando sobre todo en los trabajadores que viajan por el collado", explica su responsable. A pesar de que el confinamiento continuará siendo municipal y también reivindican que se abran más las fronteras, pondrán en marcha de nuevo el negocio "para hacer algo" después de más de un mes cerrado.

Situación al límite

Los restauradores reconocen estar "al límite" y critican la gestión que está llevando a cabo el Gobierno. En Can Casanova descartaron en su momento la comida para llevar para que no les salía a cuenta y la plantilla vuelve a estar de ERTE para poder asumir los gastos fijos de cada mes. En Cal Trumfo, sin infraestructura para llevar al domicilio, también lo detuvieron en el momento que se implantó el toque de queda.

El cierre de la restauración se ha producido en época de setas, por tanto temporada alta para el sector en la Cataluña Central. "Llegaremos en invierno ya muertos", asegura el responsable de Cal Trumfo. Lo comparte Escolies, que recuerdan que el acumulado de meses cerrados pronto llegará en medio año. "Estamos pagando justos por pecadores y comienzo a pensar que lo que quieren es hundir el país", lamenta, recordando que la restauración "no es un sector esencial, pero detrás nuestro hay muchos productores locales que se han quedado sin el que era su cliente principal ".

Las nuevas medidas

Aparte de las restricciones en la movilidad, los restaurantes critican que las medidas aprobadas se quedan cortas. "Cualquier persona que calcule qué es un 30% de aforo en el interior vería que no es nada rentable levantar un ERTE", dice Monzó.

La otra medida que ha generado polémica es que la alternativa para combatir la reducción en el aforo a los interiores sean las terrazas. Sin entrar en la limitación a cuatro personas, comparten que es una decisión "absurda" en aquellas zonas que se sitúan a mayor altitud y donde, por tanto, hace más frío. "Hay que ser suicida para querer comer en la calle", recalca el responsable de Cal Carter. "A ver quién se atreve a sentarse fuera a 1.200 metros de altitud", añade la responsable de Los Robles.

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