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CURIOSIDADES

¿Por qué decimos ‘tocar madera’ para desear tener buena suerte?

Tocar la madera de la cruz era antaño un símbolo de protección frente a todo tipo de males.

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La Linterna CatalunyaBarcelona

Tiempo de lectura: 4'Actualizado 21:33

Alfred López és divulgador científic y autor de la saga de libros de curiosidades "ya está el listo que todo lo sabe". Cada lunes nos explica, en La Linterna Catalunya, unas cuantas curiosidades.

¿Por qué decimos ‘tocar madera’ para desear tener buena suerte?

La mayoría de historiadores apuntan a dos posibles orígenes y motivos, a los que se les atribuye el porqué y la razón de esta costumbre, relacionándola por un lado con la madera de la cruz en la que fue crucificado Jesucristo, ya que le atribuían un poder mágico. Tocar la madera de la cruz era antaño un símbolo de protección frente a todo tipo de males y por otra parte a las cualidades del roble y la mitología que hay en torno a él, que se remonta a más de 2.000 años antes del nacimiento de Cristo.

El roble era considerado un árbol de culto y muchas eran las ofrendas y rituales que se hacían en torno a él.

En la antigüedad estaban en el convencimiento de que las vetas de esa madera eran las moradas en las que se ocultaba el genio del Fuego y de la Vitalidad, divinidad a la que se invocaba para pedir el éxito.

Al observar que el roble era alcanzado frecuentemente por el rayo, supusieron que era la morada algún Dios.

La unión de ambas creencias (cruz de Jesús y el roble como morada de los dioses) ha hecho con el tiempo que, para un gran número de personas, el hecho/gesto de tocar o decir “toco madera” sea un símbolo para ahuyentar malos presagios y encomendarse a la buena suerte.

El curioso origen de las ‘tarjetas de visita’

Conocemos como tarjeta de visita a unos cartoncitos del tamaño aproximado de un DNI o tarjeta de crédito y que es utilizada, normalmente, para entregar en el momento en el que alguien se quiere dar a conocer o entablar un contacto (sobre todo con fines comerciales).

Pero tal y como su nombre indica, ese cartoncito originalmente se utilizaba para ser entregado a la llegada de una casa cuando se iba de visita.

Esas tarjetas solían ser usadas por personajes de clase alta que al presentarse en una fiesta o recepción la entregaban al ujier que se encontraba en la puerta y éste la utilizaba para saber de quién se trataba y así anunciarlo a los anfitriones y demás presentes.

También eran usadas por aquellas personas que acudían a ver a alguien y que, ante la ausencia de esa persona, dejaban la tarjeta indicativa al personal de servicio para hacer saber a los señores de la casa que habían acudió a visitarles.

Donde surgen ciertas dudas es sobre el momento exacto en el que se originaron. Por una parte hay historiadores que apuntan a que fue durante el siglo XV en China. Parece ser que era usada por aquellas personas que querían reunirse con alguna persona en concreto y acudían a visitarla, entregando la tarjeta al criado o secretario y éste hacia saber a su amo que en la puerta aguardaba alguien a la espera de ser recibido. Dependiendo del nombre que pusiera y, sobre todo, la calidad de la tarjeta, los adornos que llevase y lo cuidadosamente elaborada que estuviera hecha, el anfitrión admitía dicha visita o, por el contrario, mandaba despacharlo bajo alguna excusa.

Sin embargo otros expertos aseguran que dichas tarjetas no empezaron a usarse hasta dos siglos después y que fue originariamente en Europa y no en el país asiático. Las razones de su uso eran exactamente las mismas que las explicadas en el párrafo anterior.

Durante el siglo XVIII se llegaron a hacer unas tarjetas de visita que eran pequeñas obras de arte. Muchos fueron los artistas de renombre a los que se les encargaba diseñar e ilustrar algunas de esas cartulinas, con el fin de que la persona que figuraba como titular pudiera presumir ante sus anfitriones durante las visitas.

Fue ya entrados en el siglo XX cuando se empezó a usar mayormente como tarjeta comercial por los profesionales (aunque anteriormente ya se hubiese hecho, pero en menor medida).

Hoy en día sigue usándose las tarjetas de visita, pero sobre todo suelen ser intercambiadas en convenciones o reuniones de networking.

¿Sabías que el jugador que hace un siglo popularizó el remate de ‘chilena’ era vasco?

En fútbol, una chilena consiste en un remate que se efectúa en los partidos de fútbol en el que un jugador (con intención de marcar un gol y de espaldas a la portería) da un salto hacia atrás en el aire con los pies hacia arriba (como si de una voltereta hecha para atrás se tratara) chutando el balón que viene a cierta altura del suelo.

El hecho de que se le denomine ‘remate de chilena’ te dará alguna pista sobre su procedencia: Chile. Fue en este país sudamericano donde la mayoría de expertos apuntan a que se popularizó a principios del siglo XX (la mayoría de fuentes indican que en 1914 y otras señalan 1918), siendo realizada la jugada por Ramón Unzaga un joven jugador nacido en 1894 en Deusto (Bilbao) y que llevaba residiendo en Chile desde 1906, donde había llegado junto a su familia que había emigrado hasta allí.

Ramón Unzaga era un completísimo deportista, debido a que dominaba otras disciplinas atléticas y mantenía una impresionante forma física, motivo por el que realizó el mencionado remate con asiduidad, pero lo hacía con intención de despejar el balón del área debido a que su posición en el campo era la de ‘medio zaguero’ y su función principal el defender la zona próxima a la portería. Era tal su forma física que en un mismo encuentro podía realizar la jugada varias veces.

El hecho de que se popularizase dicho remate en Chile es lo que propició que la prensa comenzara a denominarla como ‘chilena’, aunque podemos encontrar que, dependiendo del país, se le llama de otros modos: trizaga (por que valía por tres jugadas) o chalaca.

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