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CURIOSIDADES

¿De dónde surge la expresión ‘Ponerse hecho una furia’?

El adjetivo a ese estado de violencia e ira se lo dieron tres personajes de la Mitología Romana conocidas como las ‘Furias’.

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La Linterna CatalunyaBarcelona

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 17:57

Alfred López es divulgador científico y autor de la saga de libros de curiosidades "ya está el listo que todo lo sabe". Cada lunes nos explica, en La Linterna Catalunya, unas cuantas de ellas

¿De dónde surge la expresión ‘Ponerse hecho una furia’?

Cuando una persona tiene un gran enfado y éste viene acompañado de exaltación e incluso violencia suele decirse que ‘se ha puesto hecho una furia’.

Aunque se sabe que el término ‘furia’ proviene de un vocablo homónimo en latín y etimológicamente éste de ‘furor’ (de ahí palabras como ‘enfurecerse’, ‘enfurecido’…) el adjetivo a ese estado de violencia e ira se lo dieron tres personajes de la Mitología Romana conocidas como las ‘Furias’ (Furiae) y que a su vez provenían de la Mitología Griega (las ‘Erinias’).

Las Erinias (Furias para los romanos) eran tres jóvenes diosas menores surgidas de las gotas de sangre derramadas por el dios Urano tras ser castrado por su propio hijo Cronos. Estas divinidades venían para representar la violencia, discordia y venganza.

¿Cuál es el origen etimológico del término ‘divulgación’?

Se conoce como ‘divulgación’ al acto de poner al alcance de todo el mundo cualquier conocimiento.

Su etimología nos lleva hacia el término ‘divulgar’ y al origen latino de este: ‘divulgāre’, el cual significaba literalmente ‘decir, enseñar al vulgo’; teniendo en cuenta que el vocablo ‘vulgo’ era utilizado en la antigüedad para designar al pueblo llano.

De hecho, cuando el papa Damaso I encargó en el año 382 d.C. a Jerónimo de Estridón que realizase una traducción de las Sagradas Escrituras del hebreo a un latín que pudiese ser entendido por el vulgo, esta recibió el nombre de Biblia Vulgata.

Cabe destacar que en su origen (y hasta no hace demasiado tiempo) era más común encontrar la referencia al término divulgación en la forma ‘vulgarización’ (por ejemplo, la ‘divulgación científica’ era nombrada como ‘vulgarización científica’).

Así pues, el hecho de hacer llegar a las personas vulgares (conjunto de la gente popular, habitantes del pueblo) un conocimiento dio lugar a denominar de ese modo a la enseñanza.

Con el paso del tiempo, tras tomar un carácter negativo el término ‘vulgar’ (relacionando el vocablo con personas incultas o de clases más bajas) éste acabó convirtiéndose en sinónimo de algo ordinario, simple, chabacano, corriente… por lo que la palabra con la que se referían a la enseñanza de conocimiento pasó de ‘vulgarizar’ a ‘divulgación’ tal y como la conocemos y utilizamos actualmente.

¿Sabías que es incorrecto utilizar el término ‘fascineroso’?

Es común escuchar a ciertas personas llamar ‘fascineroso’ a alguien, con el sentido de indicar que se trata de un ser malicioso e incluso para señalar que ideológicamente es ‘fascista’.

Pero hay que señalar que, en realidad, usar el término fascineroso es incorrecto. La forma correcta para indicar la maldad de alguien es ‘facineroso’, sin la consonante ‘ese’ que algunas personas añaden entre la a y la ce.

Y es que la similitud con el término fascista (que sí lleva correctamente la ese) derivó a que algunas sean las personas que dicen fascineroso en lugar de facineroso.

Según indican los diccionarios oficiales, un facineroso es un delincuente habitual y persona malvada y de condición perversa (sin tener nada que ver el término con el fascismo). Su etimología proviene del latín ‘facinerōsus’ formado por ‘facinus’ (hacer, realizar, cometer…) y el sufijo ‘osus’ (para indicar una gran cantidad, abundancia).

Por tanto, en la antigüedad un ‘facineroso’ era aquel que realizaba/hacía/cometía muchos actos (normalmente delictivos).

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