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¿De dónde proviene la expresión ‘Estar a dos velas’?

El origen del modismo está más que discutido, no poniéndose de acuerdo los expertos en etimología sobre cuál es la verdadera procedencia de la locución.

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La Linterna CatalunyaBarcelona

Tiempo de lectura: 3'Actualizado 18:06

Alfred López es divulgador científico y autor de la saga de libros de curiosidades "ya está el listo que todo lo sabe". Cada lunes nos explica, en La Linterna Catalunya, unas cuantas de ellas.

¿De dónde proviene la expresión ‘Estar a dos velas’?

Cuando alguien está falto o justo de recursos económicos (o sea, que no tiene ni un céntimo) suele decirse que está ‘a dos velas’ y de unos cuantos años a esta parte se le ha dado una nueva acepción para referirse a aquella persona que lleva tiempo sin tener una relación sentimental/sexual.

El origen del modismo está más que discutido, no poniéndose de acuerdo los expertos en etimología sobre cuál es la verdadera procedencia de la locución.

Por una parte encontramos a quienes defienden el origen de la expresión ofrecido por el filólogo gaditano José María Sbarbi (1834-1910) quien además también era sacerdote e indicó en su famoso diccionario de locuciones que ‘estar a dos velas’ provenía del acto de dejar la iglesia a oscuras tras finalizar la celebración de la misa, quedando únicamente iluminado el altar mayor por dos velas, lo que hacía que aquel templo quedara con un aspecto desangelado y de pobreza.

En la red se puede encontrar numerosas páginas que dan como origen a la expresión una hipótesis defendida por el lexicógrafo navarro José María Iribarren (1906-1971) que situaba la procedencia del modismo en las timbas de cartas. Según Iribarren, antiguamente quien tenía la banca en la partida solía iluminarse con una vela a cada lado. En el momento en que un jugador tenía una buena racha, comenzaba a ganar y, por tanto, las monedas de esa banca a disminuir, ésta se quedaba sin dinero entre las dos velas. Una explicación que parece algo pilada por los pelos y que un gran número de etimólogos no defienden.

También hay quien indica que, probablemente, provenga del mundo náutico, de aquellas embarcaciones pequeñas y modestas (de personas con pocos recursos económicos) que tan solo tenían un par de velas.

Por último, encontramos una de las posibles explicaciones que puedan estar más cerca del verdadero origen (y muy próximo al supuesto defendido por José María Sbarbi) y es el que lo sitúa en los velatorios. Dependiendo del poder adquisitivo del fallecido la capilla ardiente tiene más pomposidad y el cadáver es rodeado por un mayor número de velas. El hecho de que un fallecido tan solo tuviera una vela a cada lado del féretro era un claro síntoma de la pobreza o ruina de éste.

¿Por qué llamamos ‘vestíbulo’ a la entrada de una casa?

El hecho de llamar vestíbulo a la entrada de una casa, hotel o cualquier otro tipo de edificación se lo debemos a Vesta, la diosa romana encargada de proteger el hogar.

De ahí que sugiera el término en latín vestibulum cuyo significado era ‘el lugar de Vesta’, el sitio que, en tiempos de la Antigua Roma, se le asignaba a la entrada de todas las casas y edificaciones para colocar una estatua o imagen de la diosa Vesta con el propósito de que ésta protegiese la vivienda y quienes habitaban en ella.

Cabe destacar que, erróneamente, hay quien cree que ese recibidor o hall de algunos hogares recibe el nombre de ‘vestíbulo’ debido a que es donde, normalmente, quienes llegan o se marchan se quitan o ponen el abrigo, sombrero… (o sea, una prenda de vestir), pero esta interpretación nada tiene que ver con la verdadera etimología del término.

¿Sabías que la palmera recibe su nombre porque recuerda a la palma de la mano abierta?

Las ‘palmeras’ deben su nombre a la palma de la mano, debido a que en la antigüedad se dieron cuenta que observando esos árboles desde cierta distancia recordaba totalmente a una mano totalmente abierta y con los dedos bien separados. De hecho las ramas se conocen como ‘palmas’.

Cabe destacar que el término latino para designar el reverso de la mano se escribía exactamente igual que como llegó al castellano (palma) y para referirse al árbol se le añadió el sufijo –era (como ocurre con otros vegetales: higuera, esparraguera…).

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