El otoño se consume y deja una estampa idílica en el Campo Grande de Valladolid

Este espacio, tradicionalmente verde, de mayor significación histórica y jardinística invita a perderse por sus sendas. 

Laura Ríos

Tiempo de lectura: 2' Actualizado 15:34

El otoño va llegando a su fin, pero va dejando a su paso una imagen poética en algunos de los rincones más imponentes de la naturaleza urbana. Es el Campo Grande de Valladolid, también conocido como el pulmón de la ciudad. Su paseo por glorietas, parterres y surtidores mantiene un imborrable encanto con la huella que ha dejado esta estación. Alfombra amarilla y ocre en los caminos desdibujan al paseante el camino de las sendas.

Una llamada a despedir el otoño en pleno centro de la ciudad donde emerge un espacio de gran significación histórica y jardinística. Limitado por la calle Acera de Recoletos, el Paseo de los Filipinos y el Paseo de Zorrilla, una verja con puertas en todos sus frente custodia casi 90 especies diferentes de árboles, arbustos y más de 30 especies de aves, ahora teñidos por los tonos otoñales.

Destacan los pavos reales y las simpáticas ardillas que trepan y recorren el crujir del otoño. Sobresalen en el entorno las pajareras: la Faisanera de 1914, el Palomar de 1932 perteneciente al Club Colombófilo de Castilla y la pajarera de los años 30. A lo largo de los paseos del Parque se han instalado esculturas conmemorativas de personajes ilustres como Miguel Íscar, Rosa Chacel, Leopoldo Cano, así como fuentes monumentales, como de la Fama y del Cisne. El agua también es protagonista en el entrañable estanque con cascada donde en los meses más bonancibles los más pequeños pueden recorrer sus aguas en una barcaza, bautizada como La Paloma, en busca de la Bruja o el pato más famoso del estanque apodado como “Culopepinillo”.

El origen de este rincón tradicionalmente, pero ahora teñido del color del otoño, pervive desde 1787, llamado primero Campo de la Verdad, luego Campo de Marte y Campo de la Feria. Fue un antiguo descansadero de ganados anexo a la entrada de la ciudad. Con una extensión de más de 115.000 metros cuadrados, integra de forma única elementos vegetales, artísticos, acuáticos, recreativos y ecológicos.

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