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«CUIDÉMONOS MUTUAMENTE», HOY MÁS QUE NUNCA

Este año, el lema «Cuidémonos mutuamente» es especialmente aplicable a la situación de pandemia que estamos sufriendo, como ejercicio de responsabilidad y fraternidad.

Este año, el lema «Cuidémonos mutuamente» es especialmente aplicable a la situación de pandemia que estamos sufriendo, como ejercicio de responsabilidad y fraternidad.

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El día 11 de febrero, coincidiendo con la festividad de Nuestra Señora de Lourdes, se celebra la Jornada Mundial del Enfermo. Este año, el lema «Cuidémonos mutuamente» es especialmente aplicable a la situación de pandemia que estamos sufriendo, como ejercicio de responsabilidad y fraternidad. En el Espejo, hoy nos cuentan sus experiencias dos mujeres implicadas a pie de obra en el mundo de la salud en nuestra diócesis.

Sor Paulina, Hija de la Caridad, presta servicios religiosos en el Hospital General de Segovia. Nos relata su vocación, su trabajo con los enfermos y su experiencia con la COVID, que ha alterado la relación entre sanitarios y enfermos haciendo aflorar la necesidad de cuidado y acompañamiento de unos con otros. El sufrimiento ha sido grande, lo sigue siendo, y muchos pacientes necesitan y agradecen la presencia religiosa en estos momentos. Ella ha realizado, en muchas ocasiones, la labor de enlace entre enfermos y familiares, privados todos del contacto directo por las restricciones ante el riesgo de contagios. Concluye diciéndonos que en estas situaciones es cuando nos damos cuenta de nuestra fragilidad y de cuánto necesitamos a Dios.

María José es la responsable de Pastoral de la Salud de la diócesis. También nos cuenta su experiencia en la residencia de FRATER, cuyos habitantes están viviendo la pandemia con tranquilidad y esperanza, dentro de la incertidumbre. Puestos en las manos de Dios, tienen el privilegio de disfrutar de ratos de oración y entretenimiento en mutua compañía. Peor ha sido, nos dice, la situación de otros enfermos en residencias afectadas por la enfermedad y en los domicilios particulares, adonde este año el equipo de Pastoral de la Salud no ha podido realizar su labor de acompañamiento debido a las restricciones impuestas.

La sección de El Laico ante el Espejo intenta hoy ser un contrapunto a estas tristes experiencias replicando los consejos del Papa Francisco de vivir practicando la paciencia y el sentido del humor. Dice el Santo Padre que la paciencia no es una mera tolerancia de las dificultades, no es un signo de debilidad: la paciencia es la fortaleza de espíritu que nos hace capaces de llevar el peso de los problemas personales y comunitarios, nos hace perseverar en el bien incluso cuando todo parece inútil. Dios es paciente y realiza su obra en la monotonía de lo cotidiano.

Y esta paciencia la podemos ejercitar en tres ámbitos: en la vida personal, no cediendo al desencanto cuanto no conseguimos los resultados esperados, en la vida comunitaria, sobrellevando con amor las relaciones a veces difíciles con los demás, y frente al mundo, dejando que Dios trabaje la historia sin juzgar impacientemente la realidad. Dejemos pues que las cosas vayan saliendo, las que tengan que salir, al ritmo que quiere Dios. Y pongámonos en el lugar que nos corresponde porque, al fin y al cabo, no somos más que instrumentos de sus planes.

Para cerrar el programa, Manos Unidas nos presenta uno de los cuentos con los que, a falta de actividades presenciales, está sensibilizando este año a la sociedad en su constante combate contra el hambre en el mundo. El turno ha sido esta vez para «El niño de la luz de plata», un cuento lleno de sensibilidad escrito por niños refugiados hace ya diez años.

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