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El Archivo Diocesano: un espacio abierto

Los archivos guardan la memoria de las instituciones y de la sociedad

Los archivos guardan la memoria de las instituciones y de la sociedad

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Tiempo de lectura: 2'Actualizado 10:49

A mediados de junio se celebra el día internacional de los archivos. Poco frecuentados por el gran público, para muchos lugares por descubrir, son los encargados de custodiar la memoria de las instituciones y de la sociedad. En Segovia, desde hace unos años, los diversos archivos de la provincia organizan una serie de actividades para su difusión que incluye una exposición en La Alhóndiga, sede del archivo municipal de la ciudad.

Para hablar de todo ello, El Espejo ha invitado a María del Mar Peñas, la técnico responsable del Archivo Diocesano que se encuentra en las dependencias del obispado. Este archivo, que dispone de unos fondos sólo parcialmente catalogados de 6.000 cajas de documentos, cuenta con unas instalaciones prácticas y modernas con módulos de armarios compactos y condiciones controladas de humedad y temperatura. Los documentos más antiguos se remontan a la Edad Media, estando datado el primero de ellos en 1122, dos años después de la restauración medieval de la diócesis de Segovia.

Los servicios que ofrece el archivo son variados, estando su acceso abierto a quien lo solicite, particulares e historiadores. Uno de los más interesantes, que está cobrando fuerza en los últimos años, es el de la custodia y conservación de los archivos parroquiales. Son muchas las parroquias que ya han cedido en depósito sus documentos al Archivo Diocesano para preservarlos en condiciones adecuadas y facilitar su consulta. Esta es una opción que siempre está abierta y que contribuye a la buena gestión del patrimonio de todos.

El segundo invitado de la tarde es Juan Aragoneses, sacerdote de Cantalejo, con el que repasamos la realidad de la economía de las pequeñas parroquias rurales de nuestra diócesis. Y la realidad es difícil en las pequeñas comunidades parroquiales, con un número muy limitado de fieles. Los gastos fijos (luz, seguros, alarmas, calefacción si la hay…) siempre están ahí. Juan los estima en unos 1.000 euros anuales a los que se suman todos los consumos, pequeños arreglos e imprevistos. El verdadero problema surge cuando es necesario acometer trabajos de conservación y restauración que requieren cantidades más elevadas. Aquí, la intervención del obispado se hace imprescindible. Aun así, siempre se hace poco para todo lo que se debería hacer en este campo.

Son los fieles habituales los que en la realidad diaria se encargan de sacar adelante, con su esfuerzo, la economía parroquial. Otro tipo de gente, que sólo usa las iglesias para ocasiones concretas, está menos comprometida y, aunque suele exigir, es tarea ardua el concienciarles de que también están llamados a colaborar con el sostenimiento de las parroquias y sus templos.

Pero también existen otras realidades eclesiales cuya economía está en apuros. Una de ellas son los conventos de clausura, que se han visto muy seriamente afectados por la COVID. La sección de El Laico ate el Espejo trata brevemente de ello, recordando que, si en programas anteriores hemos hablado de economía ética, ¿por qué no la ponemos en práctica empezando por lo que tenemos más cerca? ¿Por qué no tener en cuenta en nuestras pequeñas compras y encargos los conventos de clausura de nuestros pueblos y de la ciudad? La actividad económica que se desarrolla es modesta pero necesaria. Decimos que estamos muy concienciados con la economía ética, el comercio justo, el comercio de proximidad… ¿Qué más próximo, más justo y más solidario que ayudarles con nuestras compras?

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