Por Julio Martínez

Rookie rey

Diego Carretero sale a hombros en su presentación como matador de toros en Albacete

Diego Carretero

Diego Carretero, dos orejas en Albacete. Foto María Vázquez

Texto Julio Martínez. Foto María Vázquez

Tiempo de lectura: 2' Actualizado 12:17

La historia está llena de principiantes que no necesitaron más que una oportunidad para entrar en la historia. En los 90, Clint Eastwood vistió a Charlie Sheen de policía novato encumbrado muy temprano. Un ejemplo, este, en la ficción y no tanto en la realidad. La cultura occidental siempre nos mostró a David y a Goliat. El ejemplo de la perseverancia y la lucha desde el minuto cero también ha ilustrado a una gran cantidad de toreros.

Todos tenemos en mente a Roca Rey, un peruano que con 21 años ha derribado todas las puertas habidas y por haber. Con una receta básica compuesta de humildad, ambición e infinita afición. En Albacete, el toreo añora los tiempos dorados de la cantera. Salvo Rubén Pinar, ningún valor destaca en el escalafón mayor desde hace ya más de un lustro. Ayer, un hellinero de, también, 21 años recogió los primeros frutos de una ilusionante carrera, Diego Carretero.

El rookie reinó en su plaza y superó a dos colosos. Se sobrepuso a un inicio desolador, a una plaza llena y a una feria que, en pleno epílogo, ha dejado muchas sombras y pocas luces. No de manera rotunda, pero si apasionada, Carretero aprovechó la casta del único Garcigrande de la tarde y, a la postre, el único del encierro que mostró opciones en la muleta. Desde el saludo con el capote hasta la soberbia estocada, el torero justificó su presencia en tamaño cartel.

Movió el percal con habilidad y cierto gusto, se mostró fresco y suelto en la lidia y dejó claras sus maneras de matador de toros. Su baja estatura y la impresionante alzada del toro le dieron al inicio de faena tintes épicos. Con toreros ayudados por alto prologó la obra para después torear a placer con la diestra. La casta del toro le desbordó por momentos, algo lógico y casi diría yo necesario por su escaso bagaje y corta edad. Pero su amor propio acabó por imponerse. Muy firme, asentado en los medios y corriendo la mano con profundidad y con mucho temple.

Quizá fue el temple lo más destacado del hellinero. Se tiene o no se tiene, y a él le sobra. Para reinar, hay que parar, mandar y templar. En su temporada de novato, Diego Carretero ha cumplido el expediente y ha mostrado esas tres características con desigual pero suficiente nota. El año que viene, en su año sophomore, debe ahondar en su concepto y seguir evolucionando. Tiene condiciones y un tándem de apoderados que es un tesoro. Albacete tiene un torero. De momento, uno más. En el futuro, esperemos cercano, Diego Carretero puede pasar de rookie a rey.

Lo más