Opinión

Entre la tempestad, Dámaso

Juan Manuel Munera sacó partido de una de las estrellas de su cuadra y cortó una oreja ante un encastado toro de Sánchez y Sánchez

Juan Manuel Munera

Juan Manuel Munera paseó una oreja bajo la lluvia de Albacete FOTO MARÍA VÁZQUEZ

Julio Martínez

Tiempo de lectura: 2' Actualizado 08:27

Alguno habrá pensado que esto que lee es de hace ya muchos años. No, ni siquiera me refiero al toreo a pie, que hubiese sido más oportuno visto el chaparrón que nos expelió a los vomitorios. Las tripas de la plaza parecían más bien una de las tantas carpas que envuelven el recinto ferial. Antes del diluvio, se vio toreo a caballo y altas dosis de espectáculo.

Albacete, y más concretamente Villarrobledo, puede presumir de tener un torero a caballo en su censo. Joven, humilde y con mucha afición. Con desparpajo en la cara del toro y con una frescura fuera de lo normal en el callejón. Torero valiente y personaje de estar por casa. Vamos, que da gusto verlo como profesional y como vecino.

Su cuadra es variada. Un poco de aquí, otro poco de allá. Joven es todavía para andar criando. Entre los equinos, destaca un luso-árabe del prestigioso hierro de Silveiras. Bayo de capa y camino de los siete años sobre la grupa. Un valor fuera de lo normal. Antes de irse, el maestro Dámaso González ya sabía que un caballo llevaría su nombre. Lo que no sabría, imagino, era el valor del animal. Munera fue avispado. Ya se sabe que en esto de la cría de caballos, un simple galope dice casi todo del jaco.

Dámaso –equino- “volvió” a pisar esos terrenos que lo llevaron a figura. Cerca del toro, dejándoselo llegar. Con temple. Munera cabalgó con mucho poso. Hubo emoción, elemento clave en la fórmula del rejoneo puro. Nombre idóneo para un caballo que, me atrevo a escribir, dará que hablar.

Además, el torero manchego destacó con Arrebato, un castaño lusitano que tampoco conoce el miedo. La casta y el peligro del toro no fueron problema para la cuadra ni para el jinete. Los vientos procelosos que traían ataviada una tormenta de órdago no fueron sino el preludio de una faena que, sin ser rotunda, fue sentida.

Categóricos trincherazos y superior el galope a dos pistas. Enfrontilado con el codicioso negro Africano –cuatreño que hizo tercero-, Munera demostró que está para otros compromisos. Sus temporadas han dependido y dependen de Albacete. El rejoneo actual, plagado de vetos y de domadores más que toreros, supone una barrera tanto o más rancia que aquellas que denunciaba Karl Marx en su capital.

Valor emergente y, digamos, realidad. Juan Manuel Munera ha demostrado, a pesar de la lluvia, que quiere ser alguien en esto. Por cuadra, por doma y por ambición no hay duda. La temporada del año que viene debe ser la del despegue. Madrid, en el horizonte. Ahí se forjan toreros. Él, está preparado. Albacete tiene un torero. Torero a caballo.

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