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Sarah y Tarik, reencuentros a través de una valla en el limbo del muelle de Arguineguín

Tras 12 días, y gracias a la ayuda de una voluntaria de Cruz Roja, los migrantes que han llegado a Gran Canaria logran ver a sus familiares a cien metros de distancia

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Vídeo y foto: @EduRobayna y @TaniaSSTwitter

Ainhoa MartínArguineguín

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 12:37

Cerca de 300 migrantes han llegado hasta las costas de Canarias en diez pateras desde la pasada noche. A última hora del lunes, Salvamento Marítimo interceptaba tres embarcaciones al sur de Gran Canaria con 85 personas a bordo, que eran trasladadas al muelle de Arguineguín. Allí también están los 174 migrantes que iban a bordo de otras seis pateras localizadas en la madrugada.

Estas personas se suman a las ya alojadas en el campamento provisional, instalado desde el mes de agosto ante la falta de espacios para proceder a la acogida humanitaria, cuya cifra total actualmente asciende a casi 2.000 personas.

Miles de inmigrantes llegados de forma irregular han pasado por estas carpas en las que sobreviven en condiciones infrahumanas. Y sin asistencia jurídica hasta el pasado lunes, cuando finalmente se presentaban en el muelle asistentes jurídicos.

Entre esas personas, Sarah y Tarik esperaban localizar a sus familiares. Han viajado desde Francia y Sevilla a por su hermano y sobrino, respectivamente, que acababan en el muelle tras jugarse la vida en una patera que salía rumbo a Europa desde Marruecos. Llevan en este espacio “provisional” 12 días.

Tras mucha tensión, incertidumbre y desesperación, pudieron confirmar que sus familiares sí estaban en ese campamento. Y pudieron hablar con ellos, aunque a más de 100 metros de distancia y con una valla de por medio. A pesar de ello, se conforman con “saber que están”. Así lo contaba Eduardo Robaina, un periodista, en un hilo de Twitter.

Después de horas de estar en el muelle, un policía le pidió a Sarah su pasaporte y se lo entregó a una voluntaria de Cruz Roja, que hizo una foto a su hermano. Sarah le reconoció inmediatamente y se echó a llorar. Solo tiene palabras de agradecimiento para esta voluntaria, por su ayuda y también por su humanidad. Solo se necesita“escuchar, comprender, ayudar. Solo eso”, asegura el periodista que recoge en su hilo la historia.

Por su parte, Tarik, una vez supo que su sobrino estaba en el muelle, llamó a su familia para darle la noticia y que lo viesen, aunque fuese de lejos. Con un teléfono móvil se sintieron más cerca, más en familia y más acogidos que nunca en un muelle que no respeta los derechos humanos de las personas que llegan. El hermano y el sobrino de Sarah y Tarik se jugaron la vida como muchos otros buscando un futuro mejor.

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