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“Esto os pasa por no quedaros calladitas, que es como tenéis que estar”

La directora del Instituto Canario de Igualdad denuncia una agresión machista y racista en el aeropuerto de Gran Canaria

Aeropuerto de Gran Canaria

Redacción Canarias

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 11:12

Kika Fumero, la directora del Instituto Canario de Igualdad, ha denunciado la agresión machista que sufre una mujer migrante en la parada de Guaguas en el aeropuerto de Gran Canaria. Un hombre la increpó con gritos, la insultó, diciéndole que se fuera a su país, llegando incluso a empujarla. Fumero se enfrentó con él, recriminándole su actitud. La directora también critica la inacción de las personas que estaban presenciando la escena y que no hicieron nada.  Este es el relato que la directora de los acontecimientos:

"Estoy esperando la guagua en el aeropuerto de Las Palmas para que me lleve al centro. Llega la guagua y enseguida se hace la cola para subir. Comienzan a bajar quienes venían dentro. Entre esas personas, había una señora de color, migrante, con ropaje de colores vivos y alegres, que fue a buscar un carro para depositar todo su equipaje. Un machirulo [de mierda] entorpecía el acceso al portaequipaje de la guagua porque estaba haciendo la cola para subir, sin dejar que primero se gestionara el “desembarque” de quienes llegaban en la misma guagua. Impuso su presencia y no se inmutó. Muy por encontrario, la increpó con gritos, la insultó, le dijo que se fuera a su país, la empujó...

La señora se defendió quitando sus manos de encima y conjugando como podía sus cuatro palabras en español. Nadie hizo nada. Cuando nos percatamos mi compa y yo de lo que sucedía, comenzamos a hacernos hueco entra la gente y a ir hacia el tipo gritándole que parara, que la dejara en paz, que qué coño estaba haciendo, que quién se creía que era. Nos hicimos hueco mientras alzábamos nuestras voces hasta llegar a él y situarnos cerca de la señora. Conseguimos que se olvidara de ella y se centró en nosotras.

“Siempre tiene que estar la típica que salte en defensa de esta gente”, nos dijo. Y empezó a tratarnos de manera paternalista, déspota, condescendiente y a decirnos “esto os pasa por no quedaros calladitas, que es como tenéis que estar”. Al momento, se giró hacia nosotras y lanzó un escupitajo al suelo a centímetros de mí, con rabia, como diciendo “aquí estoy yo”, poniendo su poder de macho cabrío por delante. A continuación se gira y me mira la camiseta que llevo puesta con la imagen de dos chicas y pega una carcajada a voces en mis narices buscando la complicidad de la chica que iba con él.

¿Y el resto de gente que presenciaba la escena? Silencio absoluto. Silencio cómplice. Silencio sepulcral.

Entre tanto dolor, me quedo con una frase de la mujer migrante cuando el sinvergüenza este le dijo que se fuera a su país: “este mi país, tú no tienes país”. La hubiera abrazado si no fuera porque ya estaba pelando con el susodicho y no me di cuenta de cuándo se fue. El discurso de la ultraderecha legitima estas situaciones. Nos encontrarán de frente. Que nadie lo dude".

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